martes, 18 de noviembre de 2008

"Emos", "canis", "malotes" y otra fauna urbana...

La ventaja que te da ser y haber sido un lobo solitario toda tu puñetera vida, es que te la trae al fresco la identidad social y la sensación de pertenencia; en una familia donde padre y madre han sido hijos únicos, y las celebraciones se completaban alrededor de una mesa pequeña con media docena de cubiertos, la idea de formar parte de un todo más grande no era precisamente necesaria.

Así, cuando todo el mundo, respondiendo a la llamada de sus hormonas, quería formar parte de las primeras tribus urbanas (que no eran tribus, porque no levantábamos un palmo del suelo, ni tampoco urbanas, pues no podíamos salir de las cuatro calles cabañaleras que frecuentábamos de chiquillos), yo me quedaba mirando con cara de pasmo, sin saber qué era yo exactamente... En aquel tiempo, cuando un rockabilly todavía era distinguible de un rocker, o cuando los heavys sentenciaban que Europe (muy de moda entonces), eran una panda mariquitas, las tribus urbanas se limitaban a llevar un look, una pose, y creer que tu música molaba más que la del vecino. No digo que no hubiera elementos radicales, pero eran los menos, y podías ir por la vida con tu pose, o con ninguna, y salvo que frecuentaras el territorio del enemigo más extremista, no te pasaba nada, salvo que alguien te mirara mal (y entonces, mirar mal no mataba a nadie...)

Ahora, los looks y las poses se han multiplicado. En algunos casos, como los góticos moderados, o las lolitas, no hacen daño a nadie (salvo a la vista de los puristas...), mientras que otros tienden al sufrimiento propio (emos, góticos radicales...), o ajeno (canis, skins, sharps...), bien sea por chulería o por simple aburrimiento. Si antes servidor no era lo suficientemente guay para estar en una tribu, ahora, con los vientos de soplan, no me apetece nada vestirme de lagarterana y evitar que un enemigo que me odia me parta la cara porque su mente cerril le impide ver más allá de su pelo cenicero o su gorra calada hasta las cejas.

Abro un paréntesis para recodar que, aunque friki, no me pone nada potroso vestirme de Naruto ni abrir debates encendidos acerca de si es más poderoso Hiro Nakamura con dolor de muelas o Magneto recién salido de una ferretería, así que tampoco creo formar parte de esa curiosa tribu urbana tendente al travestismo o a la discusión estéril. Al menos, no de su rama dura...

Últimamente, con algo de tiempo para navegar por internet de forma ociosa, y cercano a la realidad de muchos chavales conflictivos a causa del trabajo, tengo que admitir que buena parte de la carga agresiva de estas tribus urbanas (o, al menos, de las que se dedican a predicar con el bate de béisbol), está motivada por una ignorancia supina y una falta de afecto tan marcada que les obliga a hacer las mil estupideces para sentirse parte de algo, aunque ese "algo" sea tan dañino como una úlcera sangrante.

Respecto a la ignorancia, no hay más que leer algún foro donde se reúnan cachorros de la misma especie, o intercambien ladridos entre tribus. Llamarse La_gItAnIka o sHe_KaLoRrOn y no caérsele a uno los cojones al suelo es como para hacérselo mirar, por no hablar de esos fotologs infames con caras de malos muy malos y frases de un castellano tan depurado como aki la penya toa lokaaaaaaa kon shurmano i shuprimo.

Si tratar de torturar el castellano ya tiene su delito, el torturarse a uno mismo, dejarse los brazos hechos un cisco y pintar ojitos llorando sangre y tías sacadas de La Novia Cadáver con ribetes color rosa, para terminar haciéndose afotos en plano picado para destacar más ese pelaco lengüetazo de vaca termina por revolverme el estómago, y sobre todo pensando que unos y otros tendrán que hacer grande España cuando servidor vea cerca su jubilación.

Como se supone que soy un nazi facha del mal, no hablaré aquí de las tribus urbanas con calado político, skins y sharps, por dos razones: Primero, porque me conformo con que me odien gilipollas integrales como Pucheta, Toni Eltorrao, los Kikis y otras chicas del montón, antes que lo haga gente nueva y mucho más... decidida; y segundo, porque radicales políticos ha habido en este país desde que nos tocamos la cara hermano contra hermano y dejamos un millón de muertos de herencia, así que no hay nada nuevo bajo el sol ni las pieles que brillan, y en este caso queda poquito, poquito que inventar...

Realmente no es una cuestión de tolerancia o no hacia las tribus urbanas, sino de tolerancia cero hacia la estupidez; así, un tipo que cobra por jugar en un campo de baloncesto porque es su territorio, que acepta pruebas de valor para hacerse digno de la sect... digooo, de la tribu, que saluda como si fuera un tontodelhaba salido de una peli americana de coña, y que baila al ritmo de la gasolina con pinta de chuloputas, rodeado de nenas en bikini con pinta de putas del chulo, solo me merece lástima. Porque mear los árboles para marcar territorios, dejarse dar por culo para demostrar sumisión, cambiar el registro de los trinos en época de celo y exhibir cornamenta alrededor de las hembras, solo lo hacen los animales...

Y, como decía al principio, un lobo solitario rodeado de mandriles, de tiburones, de rémoras, de cobayas, de águilas bicéfalas y de perros gorileros, me parece el más razonable de los animales...

JOSÉ VILASECA

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Deme una limosnita, que soy un pobre banquero...

Estamos en crisis, duduá duduá, y eso no lo remedia ni el Tato, ni Peta Zeta ni Cristo que los fundó. Los tiempos de la ligera recesión, de la desaceleración económica y del lenguaje políticamente correcto han sido muertos y enterrados por los doscientos mil parados del mes de Octubre, por el Euribor encabritado y, sobre todo, porque cuando hasta hace poco pedías un crédito de 200.000 y te ofrecían alegremente el doble y sin aval, ahora pides lo mismo que cobras al mes... y les falta escupirte.

Como según algunos soy un facha pepero, cerdo capitalista comedor de mazapanes de marca y adorador de Katol, esto no me debería importar, porque, por desgracia, las crisis suelen afectar antes y más acusadamente a los que pasan justitos con 1000 euros al mes que a los que nadan en la abundancia... pero sí, me afecta, me jode y me cabrea, a partes iguales.

Y me afecta, me jode y me cabrea porque precisamente esa banda de pedigüeños vestidos de Armani y con Juntas Generales donde el champán corre sin mesura (léase banqueros), los mismos que durante los tres primeros trimestres del año han declarado a bombo y platillo ganancias multimillonarias, ahora resulta que se han quedado sin un clavo (o eso dicen ellos), y no te prestan un céntimo (salvo a través de sus sociedades B, es decir, las empresas de usura encubierta tipo CreditoExpressdeCojones, que te siguen dando dinero al 25% de interés, que es más o menos asaltarte por el camino con un arcabuz, pero sin arcabuz y sin disfraz...)

Y esto lo podemos llamar como nos salga del pijo, pero como soy un tío inculto y poco leído lo llamaré por su nombre: Perra avaricia. Ni más ni menos. El que quiera entender, de forma llana, el por qué de la crisis, le recomiendo el blog La crisis ninja, muy de moda actualmente (y merecidamente), por explicar de manera rasa conceptos que a veces se nos escapan... pero que se resumen sencillamente en que, durante casi una década de bonanza, los bancos te daban dinero a espuertas de forma casi incondicional en forma de hipotecas, viendo que la tendencia alzista del mercado inmobiliario hacía que, incluso en el peor de los casos, ganaban dinero por el sencillo método del te doy 10 para que compres una casa que vale 5, la amuebles y te agencies un cochecito familiar de paso; me pagarás mientras tengas y, si no tienes, te embargaré la casa, que entonces valdrá 20, 25 o más, y habré recuperado parte del dinero prestado y mi inversión en forma de inmueble.

Y esta teoría cojonuda se les fue al garete cuando todo hijo de vecino nos dimos cuenta que, por muy bonito que parezca, algo no solo vale lo que vale, sino que también depende de las ganas de comprarlo que tenga la gente. Así, nos encontramos con billones de pisos que valen 10 y la inmobiliaria de turno (generalmente animada y jaleada por los propios bancos), te lo quiere vender por 20, y resulta que a ti no te apetece gastarte ni 10 ni 20, porque no los tienes y porque no es tan sencillo plantearse un proyecto vital de 30 años con contratos basura renovables de 6 en 6 meses, o cuando la supervivencia media de un matrimonio está en 2 años más o menos...

Entonces, como el mercado inmobiliario se estanca en vez de crecer indefinidamente (uno de los fallos fundamentales de la teoría capitalista de crecimiento ilimitado...), nadie vende, y ese mercado pujante que era el inmobiliario se va a mamarla a Parla; llegan los impagos, las subastas y los lloros, pero entonces los propios bancos se dan cuenta que aquello que reciben a cambio de lo que reclaman vale mucho menos de lo que realmente se pensaban... pero como es el aval válido, te jodes y bailas, no haberlo tasado como lo tasaste, burro, que eres un burro...

Ante killones de pisos parados y sin poder vender, los bancos se ponen nerviosos, desconfían del vecino, del cliente fiel y cierran el grifo. Y, así, todos los que funcionan con líneas de créditos, pagarés, letras, etc... se quedan cruzados de brazos. Los que quieren hacer una reformita en casa no encuentran financiación, así que las casas de reformas se quedan cruzadas de brazos, y los que venden a crédito reciben el mazazo de que las condiciones que antes valían ahora no valen, y te toca esperar a la hora de cambiarte el ordenador, la nevera o la cocina, porque la tienda de electrodomésticos no te lo puede vender... porque nadie avala esa linea crediticia, y se quedan con los brazos cruzados y el ordenador nuevo, la nevera reluciente o la cocina de nueve fogones criando polvo en el almacén.

Y como en ningún país se genera riqueza y empleo estando de brazos cruzados, con el stock polvoriento aparcado en el almacén y con los bolsillos vacíos, empiezan los recortes, los despidos, las apreturas de cinturón y aquí mariquita el último; como a río revuelto, ganancia de pescadores, las empresas menos escrupulosas aprovechan el follón para largar a la gente de mil en mil con los expedientes de regulación de empleo en la mano, y los despedidos, en lugar de irse a casa como borregos (que es lo que el empresario esperaría), llorando como la zarzamora por los rincones, se dedican a cabrearse y a quemar neumáticos. A las barricadas, a los parapetos y no nos moverán...

Ante este panorama, jodido y nada contento, el Gobierno (este, aquel o cualquiera), se ve en la obligación de inyectar pasta gansa directamente en la vena del mismo banco que, repito, hace cuatro días celebraba su superávit con faisán y champán en la sala de congresos de un hotel de lujo. Y, así, el chantaje moral del banco (es que tengo miedito y no quiero prestar dinero a nadie...), se transforma en asunto de estado.

Y aquí es donde servidor se planta y pone el freno de mano. ¿Es necesario que el Gobierno, el Estado, la Nación... o sea, usted, y yo, y ese otro que va por allá, curritos y proletarios, valientes y leales funcionarios, tenderos de miniaturas, mamporreros y sexadores de pollos todos, que pagamos magros impuestos cada Mayo y Junio... nos dediquemos a financiar la última escapadita de Botín a Baqueira Beret, o el polvo mañanero del consejero delegado de turno con la modelo neumática del Hola?. Pues bueno, pues vale, pues muy bien, pero... escúchenme antes, a ver si la alternativa les gusta...

Servidor, como casi todo el mundo (excepción hecha del estudiante de psicología que vive a costa de sus padres, el doctor comunista del chalé en La Yesa y cuatro gatos mal contados más...), he tenido que pedir algún que otro crédito en mi vida (afortundamente, siempre uno personal; los hipotecarios me dan más miedo que una china de pelo largo saliendo del televisor...). También, como casi todo Dios, tengo mis escasos ahorros en el banco (en uno cualquier, el de toda la vida... el mismo que me ha negado tres mil euritos para mis cositas, cuando, por suerte, estoy ganando al mes una cifra parecida -y sin querer despertar envidias, solo a título informativo-). Esos detalles tan sencillos significan lo siguiente:

1º.- Que tengo que pagar una sempiterna comisión, cada 6 meses, solo por tener mi cuenta en el banco de toda la vida, que ronda los 40-50€. Cosa que, según el amiguete que tengo en el banco, me ahorraría si tuviera unos 1000 euros siempre disponibles en cuenta pero, como hay cosas que aparte de no poder ser, son imposibles, pues prefiero gastarme ese dinero en comprarme mazapanes para mantener la leyenda de Kike Cortizo y no pensar en comisiones chorras semestrales...

2º.- Si alguna vez, por desgracia, por un pago inesperado o por falta de previsión, la cuenta se queda en negativo (siquiera un euro), te toca pagar otra comisión, la de descubierto. Igual que si, por cualquier razón, el banco devuelve un recibo a su emisor (la broma está entre 3 y 6€).

3º.- Cuando aún se podía pedir dinerito, y sin necesidad de jugar con el euribor, un préstamo personal no bajaba del 6-7% de interés, mientras que las famosas tarjetas liberales (Golden, Free, etc...), rondaban el 10-12%. Que es UN LEÑAZO pero es lo que hay, lo tomas o lo dejas.

4ª- Para el que haya tenido que besar los ponzoñosos labios del euribor, y teniendo en cuenta que esto son "Las Grandes Ligas" (hipotecarios de 100.000 euros en adelante), uno siente un escalofrío al pensar que el comodísimo interés variable que empezó pagando al 2% en 2003, se ha convertido en un mareante 5,38% a fecha de hoy (o, en términos mundanos, para una casita reformada pedimos 200.000€ a 30 años en 2003, y pagábamos 775€ al mes... mientras que ahora, esa casita que igual no vale ni la mitad que lo que nos costó, la estamos pagando a unos 1150€, o sea, un 45-50% más en cinco añitos... -cuando los sueldos, en esos cinco años, contando que el IPC ha sido de un 3,2% medio anual, y que rara vez los convenios respetan dicho IPC, habrá subido en el mejor de los casos un 15-20%-. Las matemáticas no engañan, qué cabronas...

5º.- Pero esto no es todo, porque las comisiones siguen ahí, aunque seamos buenos y paguemos mucho. Las comisiones por cancelación parcial o total (del 1% al 3% por lo general), nos desaniman a dar dinero a cuenta, pero es que si nos despistamos llega la comisión por retraso en el pago, que ya pasa a la pura usura, sablándonos el 20% de media convenientemente fraccionado para que se note poco.

¿Y este quejido a qué viene?. Pues muy sencillo: Si el Gobierno va a inyectar dinero a los bancos, quiero que les cobren una comisión por apertura nada más les transfieran los fondos... y que le dejen una buena propina al notario que de fé, que ese siempre arrambla cuando hay créditos de por medio. Que, en forma material o contable, mi Gobierno cobre mensualmente el 5,38% anual de interés sobre el dinero prestado y, si hay algún retraso, apliquen LA MISMA comisión por descubierto que aplican los bancos. Evidentemente, si son listos y se adelantan al pago, que la tuna de Solbes (también llamados Solbes y sus tunantes), pasen el pocillo para recaudar del 1 al 3% de cancelación total o parcial...

...y, si no les gusta, que encuentren a alguien que tenga poder y cojones a partes iguales y les expropie el chiringuito, que ya está bien de tanta tocada de huevos. Que Boyer dejó en calzoncillos a Ruiz Mateos por mucho menos.

JOSÉ VILASECA

P.D: Ahora que lo pienso, aparte de poder y cojones le hará falta algo más. Porque RUMASA se expropió, se la quedaron entre cuatro... y resulta que entre todos hemos tenido que pagar la indemnización a la familia Ruiz Mateos. Así que poder, cojones... y razones...



lunes, 10 de noviembre de 2008

Cuando los enemigos aún eran enemigos...

Si alguien le echa un vistazo a la enciclopedia (o la wikipedia), comprobará que némesis, término que suele reservarse para el adversario más enconado, correspondía a la denominación de la diosa griega de la justicia retributiba y la venganza, siendo Envidia su equivalente en la cultura romana . En términos más terrenos, y a pesar de que no aparece en el diccionario de la Real Academia, némesis representa la fuerza contraria y compensadora a otra, o el enemigo feroz y de posición diametralmente opuesta a la propia.

En la Antigüedad, los héroes tenían némesis a su altura, que probaban su condición heróica siempre que tenían oportunidad: Belerofonte y Quimera, Perseo y Medusa, Teseo y el Minotauro. Incluso héroes enfrentados, como Aquiles y Héctor, se convertían en némesis uno del otro, mostrándonos que no siempre ser némesis significaba ser un villano clásico.

Más adelante, en la Literatura, en el teatro y en el cine, los tour de force entre dos protagonistas antagónicos han llenado estanterías y plateas, mientras que los duelos míticos entre rivales políticos, sobre todo en democracias bipolares como la nuestra, han perpetuado la idea del cara a cara entre opuestos irreconciliables.

Y, después de siglos de enfrentamientos, lo que caracteriza de manera prácticamente uniforme en todos estos duelos, es que acababan resolviéndose con la espada, la pluma o la palabra. Batiéndose en duelo singular o enzarzándose en una batalla de ingenio, de viva voz o negro sobre blanco; incluso enemistades tan encarnecidas como la de Góngora y Quevedo, que llegaron al insulto personal, se cubrieron de verso trabajado y culto, un auténtico pulso de cultura.

Ahora, cuando los escudos que reflejaban la mirada de la Gorgona se han transformado en pantallas de ordenador tras la cual el cobarde se parapeta; cuando la palabra culta se ha convertido en berrido, en ladrillo y en mugido torpe, y cuando la fina poesía y la trabajada prosa se han pervertido en un me la pela, kapullo o en hazme una tríada, man, nos ponemos a pensar si no tendrán razón quienes afirma que cualquier tiempo pasado fue mejor...

Porque, a pesar de que la universalización de la cultura y el conocimiento es una de las maravillas del mundo moderno, bien es cierto que no está hecha la miel para el hocico del cerdo, y poco necesita el inepto, el palurdo y el tonto del haba en pervertir a su antojo las nuevas tecnologías, convirtiendo el teléfono, la televisión e internet en una jungla, en la que contar con una o varias némesis no significa enfrentarse a un duelo honorable ni a un intercambio dialéctico cabal, sino enfangarse en el lodo de la más infame condición humana.

Podría poner muchos ejemplos de toscos debates televisivos, incluso entre respetables miembros de partidos políticos de arrastran millones de votantes, por no hablar de los duelos a bramidos entre hip-hoperos de poca monta (pues incluso ese tipo de música tiene su código, y sus seguidores saben lo que es permisible y lo que no...), pero como este es un blog bastante íntimo y personal, hablaremos de la propia experiencia, que es la que de verdad escuece, para demostrar hasta qué punto hemos involucionado, en lugar de evolucionar, desde que los enemigos aún eran enemigos...

Para los que todavía creemos en los Foros y los blogs como vía de comunicación en internet, como gran tablón de anuncios los primeros y como diario de vivencias y opinión los segundos, las irrupciones violentas de gentuza poco leída y peor educada, pretendiendo destrozar tus más o menos sesudos argumentos con un eres un puto facha pepero, o un eres un gordo de mierda, don Pimpón o, aún mejor, nadie te defiende, está más solo que la una, nos ayudan a entender los difíciles tiempos que corremos; así, cuando antaños las némesis tenían suficiente con su fortaleza, su ingenio y su destreza para enfrentarse a uno, pasan a armarse de intransigencia, de desprecio irracional o de falso populismo para el mismo fin.

En primer lugar, no hay peor demostración de sinrazón que el integrismo. Las persecuciones políticas y religiosas han diezmado el mundo basándose en que aquel que no piensa como uno está equivocado, y el que está equivocado debe abandonar sus razonamiento o ser destruido, sin medias tintas. Lo que antes era herejía, ahora se resume con eres un facha, generalmente en boca de quien confunde la velocidad con el tocino, el progresismo con el fundamentalismo y la verdad con su propio ombligo. Supongo que esos críos educados con el temible ¡Que viene Franco! consideran que el fascismo es la panacea universal en lo que a maldad se refiere, incapaces de admitir las realidades del nacional-socialismo, del stalinismo, del integrismo islámico o del simple despotismo bananero. Así, cualquier libre expresión que no abogue por el aborto libre e incondicional, por la despenalización de la marihuana, por el feminismo más castrante, por la alianza de civilizaciones y por el comunismo guay... pero-el-chalet-de-la-Yesa-es-mío-y-no-me-lo-toques, entonces debe ser un facha pepero porque lo digo yo, y punto... Porque por que lo digo yo, y punto es el paradigma del progre más liberal del condado, vamos...

En segundo lugar, el insulto. Del pueril sandía, que me dedicaban Mascerdo, Latorre y sus mariachis hace ya eones (basándose en un apodo de patio de guardería), llegamos al modernísimo Don Pimpón que ciertos abortos con patas tienen siempre en la boca para referirse a mí. Guau, debe ser tremendamente feliz la persona que piensa que la gordura es comparable a la enajenación mental y te limita a la hora de razonar, así que evitaré recordarle a nadie que siempre es preferible tener grasa en la barriga que mierda en el cerebro, y que puedo hacer una vida perfectamente normal (salvo correr una Volta a Peu, supongo).

Lo peor de esta categoría de argumentos, es que en este punto la némesis se convierte para uno en simplemente un hijoputa con capacidad de respirar, que no tiene nada nuevo que aportar al mundo (ni aportarte a ti), y cuya presencia preferirías evitar. Sobre todo porque, generalmente, pasan del insulto personal y bajuno, al insulto a tu familia (a tu mujer, a tu madre o a tu padre fallecido...), o a la amenaza física o de tus bienes (que si te voy a partir la cara cuando te vea, que si te voy a quemar la tienda, etc...). Estos odios tan encendidos son fuegos difíciles de sofocar porque, cuando se alcanzan estos extremos, la psicología más pedestre nos enseña que las personas así solo desean la destrucción completa del enemigo, y lo cierto es que morirme es lo último que pienso hacer en esta vida...

Por último, el recurso de la demagogia y el populismo también demuestra su inutilidad, teniendo en cuenta que debe haber unos 6.500 millones de personas sobre la faz de la Tierra y más de 10.000 millones de insectos POR KILÓMETRO CUADRADO... y que a nadie le importa una puñeta la opinión de los insectos, ¿verdad?. En otras palabras, que si el gran simio vocea desde su púlpito y decenas de chimpancés aplauden, solo significa que el simio puede hablar y los otros micos aplaudir, no que tengan razón.

A tal respecto, en mi caso particular, la gente cercana y amigos han sabido ser lo suficientemente discretos como para no entrar a saco en defensas a ultranza de mis argumentos (porque, como los culos, cada uno tenemos el nuestro, y tampoco necesito que nadie alabe o defienda mi culo en público frente al culo ajeno...), o contar con espíritu crítico y discutir conmigo de cualquier tema, sin necesidad de gritos, insultos, simios que vocean ni micos palmeros. A tal respecto, es un auténtico placer reunirse después de las asambleas de la Asociación afín a la tienda, y dialogar de forma distendida con rojillos y peperos, cara a cara, cada uno con sus virtudes y sus valores... y da cierta lástima atender Foros y blog comprobando que esa frescura se pierde desde el cobarde parapeto virtual.

A lo largo de toda una vida, y de muchos años en primera línea de fuego en el hobby, más que némesis he acumulado rémoras, y es un poco triste. Si mi valor como persona tiene que medirse por el valor de mis detractores, la verdad es que es para deprimirse: Los que te llaman sandía o Don Pimpón, los que sienten obsesión enfermiza por saber si te alimentas de mazapanes o de carne cruda, los que se burlan de tu mujer, llaman pobre mujer a tu madre y se descojonan por que dediques unas palabras de recuerdo a tu padre (quizá empujados por que ellos todavía no saben cual es el suyo), pasando por quienes, directamente, te desean la muerte más horrible, te amenazan con patearte las costillas o viven en una ensoñación perpetua en la que, al más puro estilo emperador Nerón, incendian tu tienda.

Si todo esto ya es, de partida, risible, alcanza cotas de carcajada histérica cuando compruebas que todos ellos hacen piña convenciéndose de tu maldad y su bondad compartida, en foros clandestinos donde tienes prohibido el acceso, borrando regularmente los mensajes más exaltados para que no quede huella de su felonía salvo en su memoria (siempre selectiva), y reclutando nuevos acólitos como si de la secta maradoniana se tratara.

Supongo que el último de estos neófitos, de nombre Aitor Rico, debe sentirse especialmente satisfecho de unir su nombre al de gente que considera un vertedero su reino y un cubo de basura su trono, y que pronto me dedicará otro ladrillo en forma de comentario impublicable, lanzando bravatas de niño consentido y malcriado defendiendo a otros tantos niños aún más consentidos y peor criados que él. Enfrentado a mí, tratando de representar valores contrarios a los míos (y según él, mejores), ha intentado recoger el testigo de némesis de otros que no supieron, o pudieron, estar a la altura.

Pero... ¿a la altura de qué?, me pregunto. No represento a nadie, salvo a mí, ¿por qué tanto odio?. Si mi condena es la soledad, y la turba numerosa está en posesión de la verdad y la razón, ¿qué les obliga a seguir visitando este blog, a rastrar mis mensajes en los Foros?.

Da que pensar, eso es evidente. Si realmente nadie me quiere y soy un paria, habría que ver este blog como el diario de un náufrago loco. Si por aquí pasan, de vez en cuando, amigos compartiendo opiniones, o desintiendo de ellas, quizá es que no estoy tan solo como algunos quisieran. Si, no haciendo publicidad alguna de este punto de encuentro virtual, los que son llamados aquí idiotas hacen correr el boca-oreja acerca de su existencia, lo leen con avidez y se atreven a contestar, ofendidísimos... quizá es que, quién sabe, el loco no soy yo...

JOSÉ VILASECA