miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿La indecencia vale veinte millones?

La pasada semana, varios medios de comunicación se hacían eco de la renovación de Cristiano Ronaldo, jugador de fútbol del Real Madrid (supongo que la aclaración será innecesaria, pero creo que puede haber alguien que necesite alguna pista más). Periodistas y blogueros se echaban las manos a la cabeza debido a las cifras que se manejaban, apuntando a un sueldo anual de veinte millones de euros, limpios de polvo y paja; a algún juntaletras le llegué a leer que era, literalmente, una indecencia, esperando supongo que el muchacho renunciara alegremente a cobrar ese pastizal.

Quizá mi opinión no sea muy objetiva porque, en primer lugar, me gusta el fútbol, y eso ya debería ser una circunstancia atenuante. Y, además, si mi corazón de hincha es granota, alguna vena de mi cuerpo que no sea azul o roja, tiene un puntito merengue, herencia paterna. Intentaré ser lo más objetivo posible, aunque con estos precedentes va a ser complicado.


Imagen extraída de www.mundodiario.com

Cristiano Ronaldo me parece un buen profesional de lo suyo. Y, teniendo en cuenta que lo suyo es tanto marcar goles y dar pases, como vender camisetas y anunciar al Banco Espíritu Santo, pues supongo que el señor que le paga sabrá valorar ambas cuestiones, y llegar a la conclusión de que títulos y gorras de Nike le van a suponer más ingresos que ese gasto fijo de tres mil y pico millones de las añoradas pesetas. Quizá a mucha gente no le caiga demasiado simpático (esos arrebatos de querer ganar hasta al Teto, que es la forma posmoderna de decir mal perder, le restan puntos en los concursos de popularidad), pero su hambre de gol y el hecho de que se meta en el cuerpo 3000 abdominales diarias, me parece bastante meritorio (sobre todo por el hecho de que me veo incapaz de hacer esto último, aún sea a fuerza de voluntad)

A partir de este punto, cualquier cábala acerca de lo que cobra es, o bien un ejercicio de demagogia (sí, ya sabemos que su trabajo es menos necesario que el de un médico), o directamente, de pura envidia. Entiendo que es lo que se llama un trabajador especializado, que puede ganar aquello que otro esté dispuesto a pagarle, y que, si sirve de comparación, ya en la antigua Roma, gladiadores y aurigas eran particularmente cotizados. Además, el dinero que vaya a engrosar su cuenta saldrá de las arcas del Real Madrid (del que no soy socio), de los bolsillos del tito Flo (del que no soy heredero), o, en último término, de Bankia (que, salvo nuevos rescates bancarios, no soy cliente), por lo que no me afecta en absoluto.

Me afecta bastante más saber, eso sí, que mi dinero en forma de impuestos va, directamente, a la cuenta de paniaguados puestos a dedo, en cargos de asesor, de personal de confianza, de delegado sindical, de consejero delegado, de laboral del estilo te coloco porque no puedo abrir una oposición solo para ti, pero dame tiempo, dame... y otra sarta de hijos de la gran puta que dudo mucho que vendan camisetas, gorras, banderines y zapatillas, o marquen goles. Más que nada, porque Cristiano Ronaldo, o Messi, o Ivanschitz, el austríaco del guante en la bota, hay solo uno de cada... pero de las garrapatas arriba mentadas hay decenas de miles...

Y lo peor es que, si al luso le quedan cuatro o cinco años de vida en la élite, a los otros chacales los tenemos que aguantar hasta su jubilación o, en el peor de los casos, antes de eso, si cobran su retiro dorado convenientemente blindado por baja forzosa o similar. En el caso, claro está, que el muchacho del 7 a la espada no se lesione y su carrera quede truncada (cuando, cierto es, a los otros les da igual lesionarse o no, porque piensan chupar del bote el tiempo que haga falta)

Por eso, cuando abuchean al muchacho este del six pack y las piernas musculadas, y cuando lo apuntan con láseres para deslumbrarle, me pregunto cuántos láseres habría que apuntar al resto de mamones que nos están desangrado... y cuántas balas de fusil deberían ir detrás...

José Vilaseca


jueves, 25 de julio de 2013

THE PURGE: Lo que pudo ser y no fue

Vuelvo a mi blog para, como hace tiempo que no hacía, presentaros una de las películas que más ganas tenía de ver y con la que por fin me he hecho. Se trata de The Purge (traducida innecesariamente como La noche de las bestias), que contaba con un trailer magnífico, una publicidad viral prometedora, y que se queda, como reza el titular, en algo que pudo ser y no fue. A partir de aquí, les recuerdo que encontrarán spoilers, así que nadie se queje si destripo parte de la trama.

La idea es más que atractiva: Una sociedad distópica e ideal, donde el crimen y el desempleo prácticamente han desaparecido, gracias a una noche de catársis colectiva, en la que cualquier fechoría está permitida. Esa noche, llamada La Purga, es una oportunidad ideal para deshacerse de vagabundos, criminales y otras lacras sociales, así como para desatar a la bestia primigenia que todos llevamos dentro y dar rienda suelta, al menos una vez al año, a todos nuestros deseos más oscuros.

A partir de ese momento, la película nos ofrece más reflexión que cine: Mientras en la pantalla se repiten los clichés y estereotipos (ese grupo de adolescentes sádicos salidos de Funny Games, el grupo de ciudadanos honrados que deben resistir al invasor, como el propio Ethan Hawke hizo en el remake de Asalto a la comisaría del distrito 13...), en nuestra cabeza surge la pregunta ¿seríamos capaces?

Y si en algo acierta el film es en responder, y hacerlo afirmativamente. Si en algo la película "lo clava" es que las sorpresas no son tales porque es tan evidente lo que piensa hacer cada personaje con posibilidades de cargarse a otro, que solo esperamos el momento en el que ocurra: Desde el joven adulto que se está beneficiando a la hija del protagonista, al que mientras la sobetea imaginamos que va a esperar la oportunidad de su vida de cargarse al padre sobreprotector y tener vía libre para magrear a gusto a su gachí, a los vecinos celosos, esos que todos parecemos tener, y que parecen estar deseando bajarte de tu caballo blanco y arrastrarte a su miserable fango, donde todos compartimos el mismo valle de lágrimas.


Recuerdo cuando mi familia me hablaba de nuestra terrible Guerra Civil, donde apenas había comentario de los combates, y sí muchas referencias al a fulano lo llevaron al paseo porque tenía tierras y se las querían quitar o a mengano le pegaron un tiro en la puerta de su casa, porque el vecino se llevaba muy mal con él. Aquí, la excusa no es una guerra, sino una limpieza social consentida y alentada por el Gobierno, por lo que resulta más terrible lo que seríamos capaces de hacer en realidad, que la pequeña punta del iceberg que nos muestra la película.

Falla, quizá, la presentación primaria de los personajes (el padre de familia más preocupado en el statu quo que en la ética, la madre conformista, la adolescente idiota o el pre-adolescente friki...), y apenas se esboza a los secundarios (si la idea la coge por banda el autor de Serbian Film nos podíamos haber encontrado con una obra maestra del horror...). Porque, si bien se han conseguido buenos remakes de películas del estilo ahora que no me ve nadie... (como Perros de Paja, I spit on your grave, etc...), esta es un quiero y no puedo, con crímenes demasiado limpios (el momento ritual previo al último asesinato es casi de chiste, y hacer que el conjunto pierda la seriedad mantenida hasta entonces), que merecía un par de gotitas de mala leche para mejorar, y mucho, el cojunto final

José Vilaseca

martes, 4 de junio de 2013

Decálogo del buen escritor... que no se lo toma demasiado en serio

Hola a todos de nuevo:

Hace poco, en un foro muy popular que considero casi mi segunda casa (Forocoches), participando en un hilo de escritores, aportaba mi granito de arena con una suerte de decálogo pretendidamente gracioso acerca de nuestra "profesión y afición" de escribientes.

Hoy, lo comparto y amplío para vosotros. Como siempre, dedicado con amor a todos aquellos que viven la escritura como algo propio, bello y valioso, y también con todo el afecto del mundo a un par o tres de hijos de perrilla del más diverso pelaje, cuyo feo careto debería estar junto a la definición de juntaletras.

Tomároslo con humor.

1.- La inspiración debe pillarte trabajando (la frase no es mía, sino del gran Pablo Picasso): Del mismo modo que la mejor manera de activar el músculo es el ejercicio, la mejor manera de activar al literato que hay dentro de nosotros es escribiendo.
2.- Lee todo lo que puedas. Descubre a otros autores como tú, mírate en su espejo, piensa, opina. Tener un libro a distancia es fundamental: En la mesita de noche o en el trono del descomer.
3.- Lleva una libreta contigo siempre (sirve la tablet o el móvil). Una idea puede sorprenderte donde menos te lo esperas, apúntala y regresa a ella cuando tengas tiempo y ánimo.
4.- No trates de ser original, trata de ser tú mismo. Recuerda que no hay nada nuevo bajo el sol y que, por mucho que trates de rizar el rizo, alguien te dirá que tu obra maestra se parece un huevo y la yema del otro a Perseguida hasta el catre del insigne escritor Fulanito Mengano. Puedes permitirte el lujo de ser tan cutre como para novelizar las partidas de rol con tus amigotes, y llamarlo fantasía épica crepuscular. Aquí todo vale (hasta los mantas...)
5.- Aparte de tu estilo, cuida tu gramática y tu ortografía (en este momento, la mayoría de vosotros empezaréis a buscar faltas de ortografía en las líneas anteriores, i ha mi ke me hinporta...).
6.- El síndrome de la página en blanco no existe, son los padres. No dramatices tu falta de originalidad cuando llegues a ese capítulo que se te atraganta. Apunta simplemente lo que pasa, y salta al siguiente. O ponte a escribir otra cosa. No es obligatorio escribir de carrerilla, puedes tener claro el desenlace, y dudas con el inicio. No dejes un trabajo porque no pueda seguir por donde ibas, la escritura también tiene atajos y carreteras comarcales...
7.- Más vale un lápiz corto que una memoria larga. Toma notas de tus personajes, de sus nombres, de su perfil de personalidad, de sus relaciones. Hay autores que llenan páginas haciendo simplemente esto. Recuerda que no hay nada peor que un personaje mal definido.
8.- Visualiza lo que escribes. Del mismo modo que antes de existir una película hubo un guión, traza tu película en tu cabeza, desde todos los ángulos. Si te gusta ser descriptivo, es el momento de ver qué acompaña la acción. Además, te ayudará a comprobar si lo que dicen tus personajes, lo que ocurre en la trama y sus reacciones son coherentes (incluso en la ficción más retorcida).
9.- Escribe lo que te guste y piensa que no tiene por qué gustarle a todo el mundo. Cuando quieras ganar dinero y tener contentas a las masas, búscate un buen agente, dale un trozo generoso de tu pastel de beneficios y escribe sobre un niño rico sádico que ponga a cuatro patas a una universitaria para darle azotes en las nalgas, o toma prestada el 95% de la mitología clásica para contar las peripecias de un niño mago con una cicatriz en la frente. Hasta entonces, no tienes que rendir cuentas a nadie; habrá gente que le guste lo que escribas, y otros que lo odien. Es ley de vida.
10.- No hagas caso a decálogos, libros de estilo y cursos de escritura creativa. Hay algunos muy buenos (este probablementen no ), pero en esta vida, hay cuatro cosas que todos deberíamos hacer solos: Nacer, morir, cagar y escribir. Busca tu inspiración y pule tu estilo, pero para ser el negro de un tercero, vale el copia-pega (y si no, que se lo pregunten a Ana Rosa).


José Vilaseca

lunes, 20 de mayo de 2013

Glosando la amistad... perdida

Querido amigo, o compañero, o camarada, o primo lejano por parte de la madre que me parió. Ese que se ha olvidado de mí, que me ha tachado de su lista de preferencias, que ha pasado de usarme como paño de lágrimas, como consejero, como transportista o como mecenas, a tratarme como plato de consolación en el bufet libre que es la vida.

Entiendo que, en ocasiones, soy más raro que un perro verde, pero sabes perfectamente como funciona mi concepto de la amistad: Lo doy todo y pido poco a cambio. Pero, a pesar de que pido poco, el hecho de que me ignores, de que me desprecies, de que me difames o de que seas generoso con desconocidos y tacaño en afecto y detalles conmigo no deja de dolerme. Yo, que te he visto nacer y crecer, que te he visto llorar con razón o sin ella, que siempre he estado disponible para cualquier cosa a un golpe de teléfono o a un mensaje de móvil o Facebook, también espero que te acuerdes de mí no para pedirme favores, para que te busque trabajo, para que me pague una cena... sino, simplemente, para que me des un triste "toque" o una felicitación en Navidad.

Para mí, tus mierdas siempre han sido importantes, pero me he dado cuenta que lo que para mí era importante, tú lo considerabas mierda... y, así, mal vamos. Mientras tú vives tu vida, y esperas que yo la entienda, la respete, y me amolde a tus costumbres, valores y horarios, yo también he tenido la mía.

Tengo dos hijos, a los que, quizá, todavía no has venido a mi casa a conocer, a traerles un simple babero. Me he trasladado de domicilio, pero quizá estás esperando a "que te ofrezca mi casa", como si fuera el regalo a los pies de un tirano; he estado ahí cuando me has necesitado, así que si no sabes dónde vivo, pregunta. He escrito muchos libros, editado dos y uno de ellos con premio literario incluido; yo sí acudí a tus momentos importantes, a tus fiestas, a tus pasacalles, a tus celebraciones... pero no te vi en la presentación de Padre Muerte o en la de Sidi. No hacía falta que compraras ninguno de ellos, pero alcé la vista y no te encontré.

También estoy a punto de terminar una segunda carrera universitaria y, aunque tú has sido de estudiar "mucho" o "muchísimo" en lugares que nadie ubicaba con precisión, y te has dedicado a airear tus discutibles triunfos por el mundo, no veo que te interese que estoy agobiado por la proximidad de mis exámenes. Una visita tuya me vendría bien, me animaría; sacaría el mejor juego de café, compraría unos pasteles y hablaríamos de los viejos tiempos. Quizá tú los hayas olvidado, pero yo no tengo esa suerte. Memoria de tísico, ya sabes...

A lo largo de los últimos años, he estado embarcado en muchos proyectos: Mantuve junto a mi mujer una tienda lúdica seis años, y esperé verte cruzar alguna vez el umbral de la misma para visitarme, algo que nunca ocurrió. Traduje reglamentos de juegos, organicé Torneos de miniaturas y saqué adelante Asociaciones donde esperaba que te apuntaras, aunque solo fuera para disfrutar de nuestra mutua compañía; seguramente, yo estuve apuntado a lo tuyo, o te ofrecí mi ayuda desinteresada.

A veces te leo poner grandes frases en Facebook acerca del auténtico sentido de la amistad, del compañerismo o de la familia, y me entra la risa tonta al comprobar que, al menos conmigo, no has predicado con el ejemplo.

Quizá agoté mis energías contigo hace mucho tiempo y te dejé por imposible, o quizá lo he hecho recientemente. Quizá, sólo quizá, seas alguno a los que todavía considero amigo, compañero, conocido o primo lejano, y aún invierta algún minuto (o muchos, quién sabe), en dedicarte unas palabras de ánimo, enviarte un correo electrónico, un mensaje, una llamada de teléfono. Ya sabes que soy como ese cachorrillo asustado, después de haber recibido tantos palos, que con muy poco se conforma; pero mi paciencia no es eterna, y si ni siquiera piensas darme "ese poco", llegará un momento en que salga de tu vida... o te saque de la mía.

Después, la excusa será sencilla: Podrás convencerte de que mi agrio carácter, mis cambios de humor y mis exigencias hacían imposible la convivencia amistosa conmigo. Seguro que encuentras mucha gente que te apoya y asegura que soy el mal encarnado. Pero recuerda que, cuando me contabas tus penas, te bebías mi vino y me pedías favores, yo no te parecía tan malo. Que quizá, solo quizá, yo sea una persona terrible... pero no soy hipócrita, pusilánime, falso ni aprovechado. No soy una rémora, no soy una garrapata, ni me arrimo al sol que más calienta. Todas estas virtudes están disponibles, elige la que más te guste.

Para todos los demás, y para lo que me necesiten, aquí está su amigo, compañero, conocido y hermano de leche, José Vilaseca.

jueves, 25 de abril de 2013

Los nuevos lobos solitarios

No hace mucho escuché en la radio lobo solitario. Me dió un vuelco el corazón, pensando que se trataba de la añorada serie de libro juegos del mismo nombre, salida de la imaginación del escritor inglés Joe Dever, ilustrada magníficamente por Gary Chalk. Por desgracia, me equivocaba.

Tampoco se trataba del manga Lone Wolf and Cub, de gran éxito, ni la vieja película del inmortal Chuck Norris El lobo solitario. No había nada de fantasía, de imaginación ni de lírica detrás de esa definición.

Lobo solitario es, como se conoce actualmente, a los hijos de puta que, sin previo aviso, colocan dos bombas y revientan una maratón, sembrando la línea de meta de cadáveres y mutilados. Del mismo modo que he aborrecido el témino burro referido al ignorante y el de tiburón para nombrar a los depredadores inmobiliarios, me parece que voy a tardar bien poco en odiar que un animal tan nombre como el hermano lobo sirva para etiquetar a esta suerte de malnacidos.

Esta extraña situación que hemos vivido tan recientemente, me ha servido para llevar a varias conclusiones; en primer lugar, que siempre habrá gente capaz de morder la mano que le ha dado de comer, y que la integración social y cultural no tiene sentido salvo en mentes buenistas y almas de cántaro: Puedes educar, alimentar y cobijar a cualquier clase de persona pero, si sus cimientos están podridos por el burka, la ablación o el anatema, al final el escorpión de la fábula se retorcerá y te clavará el aguijón hasta el fondo.

En segundo lugar, hemos visto casi en directo las imágenes del horror, retransmitidas, fotografiadas y compartidas a través de las redes sociales; será difícil olvidar la instanténea de aquel corredor que, conducido a toda velocidad con una silla de ruedas, mostraba su pierna despedazada a la altura de la rodilla, con la tibia y el peroné sobresaliendo de un colgajo de carne. Quizá ha llegado el momento de preguntarse si necesitamos, no ya tanta información, sino el morbo que se encierra detrás de ellas.

Y, finalmente, ese neologismo, lobo solitario, es una de tantas invenciones periodísticas que juegan a rescatar palabras olvidadas y acuñar nuevos palabros que impacten en el lector, el oyente o el televidente: Un lobo solitario no es más que un pirado que no ha necesitado a nadie para liarla parda, un terrorista sin banda armada, un sociópata aislado. Puedo vivir sin que redefinan mi concepto de lobo solitario, sin saber lo que es un escrache, sin nadar en chapapote, sin conocer al camarlengo papal, sin preguntarme si mi joven vecino es un nini que hace botellón y, sobre todo, con la seguridad de que el Levante no juega con el maldito trivote, que con Iborra y Diop nos basta y nos sobra...

José Vilaseca

jueves, 11 de abril de 2013

No quiero pagar

No quiero pagar.

No quiero pagar la deuda avariciosa de bancos que han jugado con todos los ases en la manga, concediendo hipotecas a quienes no podían pagarla, aún sabiéndolo. Pero tampoco quiero pagar a idiotas que vivieron por encima de sus posibilidades, envidiosos que se empeñaron hasta las cejas por tener un coche mejor que el vecino.

No quiero pagar los caprichos de políticos corruptos, de condes y duques que no tienen de noble ni siquiera el título. No quiero pagar las comisiones de las cuentas en Suiza de gente que no conozco. Pero tampoco quiero pagar los múltiples sueldos de los opositores inútiles, o llenar el estómago agradecido de unos sindicatos que sólo saben poner el cazo.

No quiero pagar la sanidad de quien no ha cotizado nunca en su vida y aterriza de la patera. No quiero pagar ayudas a la dependencia, o a determinadas situaciones especiales; que cada palo aguante su vela. No quiero pagar los EREs de empresas que nunca repartieron beneficios cuando las vacas eran gordas, y ahora se reparten la misera. No quiero pagar los despidos ni las jubilaciones de empleados públicos puestos a dedo, las rentas mínimas de los que no saben hacer la “o” con un canuto ni tienen intención de aprender. No quiero pagar los cursos de reciclaje de aquellos que se llenaban las manos con dinero negro en la terraza del bar, la obra o cualquier otro trabajo donde ni siquiera hacía falta saber leer para plantar la mano y llevárselo muertecito.

No quiero pagar los excesos de unos pedófilos con sotana, de unos integristas lapidadores, de unos idólatras. No quiero pagar palios ni tronos, no quiero pagar la conversación de monumentos que no me representan.

No quiero pagar la deuda de los equipos de fútbol que se convirtieron en empresas privadas y luego pidieron rescates públicos. No quiero pagar el nuevo estadio de ningún pinchaúvas nacional o de un jeque extranjero. Ya que estamos, no quiero pagar nada para que un grupo de amiguetes cierren mi calle durante un mes al año y quemen trastos, o se pongan un hábito y procesionen, o se vistan con un tanga de cuero y saquen a pasear su bandera multicolor, gracias a las subvenciones públicas.

No quiero pagar obras faraónicas, aeropuertos sin aviones, embajadas de un cantón de mi país en tierra extranjera. No quiero pagar el mantenimiento de estatuas ecuestres de héroes de los que ya no me acuerdo, placas de personas que no me interesan, memoria histórica que tiene de memoria lo mismo que de histórica.

Al leer este texto, habrás estado de acuerdo en algunas partes, y radicalmente en contra de otras; quizás has comenzado con una sonrisa, en plan “qué razón tiene este fulano”, y has acabado torciendo el gesto, preguntándose qué clase de mamón es capaz de escribir algo tan retorcido.

Tus impuestos y los míos sirven para pagar cosas que te importan, y otras que no. Tu voto soluciona grandes problemas y genera otros tantos. Piensa que lo que tú consideras justo, es injusto para otros, y que la sociedad implica un gran acuerdo entre todos sus componentes.

Nos encaminamos hacia un punto sin retorno donde los gritos, las pancartas, los dedos alzados y las amenazas pueden acabar en el lenguaje de las armas. Que cada uno haga lo que crea conveniente.
José Vilaseca

lunes, 4 de marzo de 2013

Mudanza de sentimientos

Estoy de mudanza. Hurra

Coñas aparte, los traslados son esos momentos en la vida donde uno tira alegremente un sinnúmero de trastos inútiles que guardaba sin razón aparente, donde descubre objetos perdidos y olvidados, y se presenta una oportunidad única de hacer borrón y cuenta nueva para muchas cosas. Como bien dice mi santa esposa, una nueva etapa comienza.

Generalmente, para empezar algo hay que terminar primero otro algo. Lo que se torna difícil para alguien con memoria de tísico como yo. Sin embargo, esta vez estoy dispuesto a hacer una excepción y poner lápida y flores a toda clase de cadáveres: oportunidades perdidas, amistades marchas y,en general, muertos poco frescos.

Empezaré por liquidar y seguramente malvender el Warhammer Fantasy que, visto con perspectiva, me ha supuesto muchos más disgutos que alegrías. Surgen como por generación espontánea, de las estanterías que voy desmontando, cajas llenas de miniaturas de Dios sabe quién, que nadie reclamó cuando regentaba mi tienda, y que imagino podré pintar y vender por un módico precio. La verdad es que cada vez que las veo recuerdo las horas mal invertidas en tablas y normas que la geste denostaba en público y usaba en privado, como Aznar el catalán, y pienso cuántos libros podrían haber salido de allí. Mejor no pensar, ¿verdad?

Como ya llego a una edad, he optado por convertir esa pila de cómics adorables en tomos bien cosidos, que "lucen" hasta en el mueble del comedor. Y todos aquellos menos decorativos (Kiss Comix, por ejemplo, que fueron compañían en las largas y frías noches de mi despertar sexual), entrarán en el mismo saco que las miniaturas y serán vendidos.

Oxidadas sartenes se cambiarán por otras de fondo cerámico, y la vieja jabonera de rejilla será sustituida por un juego de baño con algún coloracho chillón...

Pero un cambio vital no sólo se basa en jubilar la porcelana y regalar algún juego de café, sino hacer examen de conciencia, y alejarse de relaciones tóxicas. Falsos amigos que te orbitaban por simple interés y que desaparecieron cuando venían mña dadas. Gente que, como esa camisa vieja y raída, no te atreves a tirar y sigues guardando por si acaso: Por si acaso adelgazas, por si acaso vuelve a ponerse de moda... pero que pasan los años y, aparte de no perder ni un gramo, sigue siendo tan hortera como cuando la colgaste en su percha la última vez. Sin molestar demasiado, pero ocupando un hueco en el armario, igual que el pretendido amigo mantiene un espacio en tu agenda, en tu tiempo y en tu vida, que podría ser de otro o, simplemente, ser un vacío que sirviera para airearte.

Así, mientras busco sitio para is espadas y le doy forma a mi sofá, al más puro estilo Homer Simpson, me dispongo a finiquitar relaciones y dejarlas en la puert de casa, y que se las lleve quien quiera: Personas que me han defraudado, relaciones que ya nunca serán lo mismo, amistades terminadas en definitiva.

En otro momento quizá podría sentirme mal por hablar en estos términos; pero, con mi edad, y mi vida donde están, pienso en lo mucho que les he dado (atención inmerecida, respeto a una palabra que no han respetado, tiempo y paciencia frente a sus actos, presentes y regalos de todos tipo...), y pienso que si no soy quién para exigirles que me devuelvan el rosario de mi madre, y se queden con todo lo demás como decía la canción...que, al menos, tengan la decencia de no cuestionar mis decisiones

José Vilaseca

lunes, 7 de enero de 2013

Cartel anunciador de SIDI: MI SEÑOR

Hola a todos:

Primera reseña de 2013 para dar lustre a la mejor noticia vivida por un servidor en 2012. Aunque sea por simple curiosidad, SIDI: MI SEÑOR ha recibido un pequeño empujón gracias a un cartel que colocaremos en todas las librerías que cuenten con ejemplares a la venta. El diseño, agradecido de corazón, de mi hermana Mari Carmen