miércoles 9 de diciembre de 2009

Aitor Rico, o la obstinación del hijo de puta (con cariño, para un "anónimo")

Me había prometido a mí mismo que no iba a hablar de este fulano. Por la gloria de mi maaama y de mi paaaapa, “oyes”, os lo juro por Snoopy y por las bragas de Mafalda. Sobre todo porque el hijo de siete leches este llevaba bastante tiempo amordazado y, supongo, lamiéndose el recto en algún rincón oscuro, como bien acostumbran los chacales, las hienas y los perros del desierto. Pero como a la oportunidad la pintan calva, y se ve que sigue habiendo mucho malparido que no puede hacerse sus pajuelas adolescentes sin pensar en mí, tendré que volver a caer en el caos y en la maldad, y ofrecer material masturbatorio a estos masoquistas del blog, de aquellos que votaron el famoso soy gilipollas y entro aquí exclusivamente a hacer mala sangre. Pues lo dicho, saludo al tendido, tiro la montera y va por ustedes, señores…


Dice llamarse Aitor Rico Méndez y estudiar Psicología, pero como estoy tan acostumbrado a la mentira y a la fabulación en este perro mundillo, perfectamente podría ser esta una identidad falsa, y prefiero no apuntar con mi dedo a nadie o cagarme en la madre equivocada. Su mayor mérito parece ser haber sido compañía de asiento de atrás en el coche de algún muchachuelo warhammero, que lo llevaba y lo traía, lo que tampoco es para ponerse ninguna medalla. Y luego, lo de siempre: Que me ha visto por aquí, que ha oído de mí por allá, y que le parezco aborrecible, odioso y poco menos que el mal encarnado. Como dirían en la SER, bacalá. Otro más (de muchos) que se apunta al carro de eh, tú, alguien me ha dicho que eres malísimo de la muerte y vengo a lapidarte. Deme tres planas, dos con punta y una bolsa de gravilla, que hoy apedreamos a un tal Deuteronomio de Gaza por haber dicho “Jehová”. Etcétera.


Aunque se califica como “habitual” de la fauna friki autóctona, miren que por más que he intentado localizarlo (listados de participantes en Torneos, o el siempre socorrido Google), nunca he dado con su pista, más que nada para confirmar si detrás de un nombre hay una persona o simplemente una invención (que no sería la primera vez). Se presentó hará más de un año en una retahíla de mensajes en nuestro blog que ni he publicado ni pienso hacerlo, ya que supongo que dedicarle un artículo supondrá una satisfacción orgásmica y suficiente para su ego, y puñetera falta hace que comparta con el resto sus tontunas y pajas mentales, caducadas antes de tiempo.


Se las daba de “warhammero desde niño” y acostumbrado a acudir a Torneos (insisto, es fácil encontrar algunos nombres en Internet y localizarlos en tal o cual clasificación torneíl… cosa que no ocurre en su caso…), y su sabiduría le permitía catalogar a los miembros del Drink Team como “grandes jugadores” o al grupo Boxx como “buenas gentes” (lo que demuestra que no tiene pajolera idea de lo que habla) y, después de su presentación, cargaba por el frente con la misma murga de siempre: Que eres un mal bicho, tu trayectoria es infame, “todo el mundo dice que…”, o dando lecciones de ética gratuitas e hipócritas (me suena a chiste aquello de claro, eres muy cobarde diciendo lo que dices desde tu ordenador… cuando resulta que todos sus mensajes son anónimos y ni siquiera hemos podido confirmar su auténtica identidad.


Entre mentira y mentira, el buen “presunto” soltaba perlas como está fuera de onda dirigirte a Tony Latorre, Raúl Pucheta, Enrique Cortizo y un tal Marcelo Soto [sic] pues pocos de ellos tuvieron la oportunidad o el tiempo de formarse; todos ellos se pusieron pronto a currar” lo que confirma mi teoría: Servidor no puede enviarlos a cagar al campo, pero aquí el amigo puede llamarlos incultos y bobos sin caérseles los huevos redondos al suelo. Y, hombre, uno tiene su corazoncito y piensa que, por ejemplo, Marcelo trabaja en una óptica, con una titulación superior, y se le supone una formación suficiente para que no tenga que venir un mamarracho, que aún sigue pensando si seguir viviendo de la teta de mamá para terminar Psicología, a defenderlo. Esto es como la mili, chiquillo, que el valor se le supone a uno… y todos tenemos nuestra forma de demostrarlo.


Para rematar el pastel, y una vez despojado de argumentos, acaba aludiendo a mi “pobre madre” o al “padre muerto que nunca descansará en paz”, como razón y motivo de mi maldad desmesurada, lo que suelen ser demostraciones claras de la retórica de aquel que no conoce a su padre, y cuya madre debe dedicarse a la profesión más antigua del mundo. Y, cuando estaba todo olvidado, muerto y enterrado, vuelven a llamar a tu puerta y no, no es “Avón”, es un CABRÓN, con las seis letras que se siente la mar de dichoso porque hayas dicho que pasas del mundillo, que preferirías haber invertido mejor tu tiempo, etcétera; el muchacho vuelve a la carga, te llama mal padre, peor marido y horrible persona, y supongo que se habrá quedado tan satisfecho como si hubiese conseguido cagar después de una semanita estreñido. Cosas de la diarrea mental, supongo.


Y todo esto, pásmense, viene de un parido de quien no conozco la cara. Con quien no recuerdo haber cruzado media docena de palabras. Y, si hubiera sido así, que tuvo la oportunidad de decirme todo esto en vivo y en directo hasta hace unos meses donde todavía estaba localizado en el tenderete del león (alguna de sus misivas las termina con ese falso y socorrido: espero poder decirte esto en persona delante de un café. Vomitivo).


Podría decir que me la pela en bicicleta la vida y miserias del presunto Aitor este, y lo mejor es que de verdad, me la pela. He evitado publicar algunos de sus “anónimos” incendiarios en el pasado, simplemente porque no me gusta dialogar con un sietemesino a quien no conozco, a quien no veo la cara, y que tiene la desfachatez de hablar con toda ligereza de mí, máxime si se encuentra instalado en una carrera universitaria donde se supone que uno debe demostrar criterio, equidad y un par de neuronas sanas. Da miedito que un tío que va a ejercer de psicólogo se muestre tan extremista y se parapete, se enroque, en solo una parte de la realidad.


Lo cierto es que tengo demasiadas cosas en mente como para preocuparme más de lo necesario por un mindundi con un capazo de tiempo libre (la envidia me corroe, pensando en un adolescente colgadito de las faldas de mamá y enganchado a una licenciatura sin vocación, con poco oficio y menos beneficio… Nótese la sutil ironía), sin cargas familiares, sin auténticas responsabilidades, neófito en el mundo del hobby (y, por tanto, ignorante del “mar de fondo” que hay por estas aguas, que es movidito, por cierto), mal informado y peor asesorado.


Imagino que llamarle de todo, menos bonito, servirá para poco y hará más mal que bien a la imagen que tenga de mí. Pero, como su puñetera vida me la trae al fresco, y ni vivo ni pienso vivir de mi imagen, sirva esta colleja virtual para recordarle que una cosa es “su” verdad y otra cosa es “la” verdad, y que por muy prepotente, por muy cargante, o por muy grosero que pueda parecerle, es muy posible que Aitor esté cagándola desde el principio y que, pecadillos de juventud, no esté dándose cuenta.


Pero, como dudo mucho que recapacite, y aún menos que rectifique, he de admitir que si me he permitido el lujo de publicar su última vomitona dialéctica en la sección de comentarios de Padre Muerte, es para que el resto del mundo mundial tenga un claro ejemplo de la estulticia supina de uno de estos que, el día de mañana, nos tendrán que pagar las pensiones y levantar el país.


JOSÉ VILASECA

sábado 5 de diciembre de 2009

Doble rasero

Dicen que el pecado capital de España es la envidia. Sin embargo, si hubiera un pecado capital propio para la hipocresía y la doble moral, seguramente le andaría a la zaga.

No sé si esta rara habilidad es propia y exclusiva de los españolitos de a pie, supongo que porque he viajado poco y no estoy en disposición de comparar, pero me arriesgaría a apostar el huevo izquierdo a que somos magna cum laude en aplicar el doble rasero a todos los aspectos de nuestra vida.

Desde las formas más humildes del día a día ciudadano, a las grandes decisiones políticas, este juego de la ley pasa, pero no por mi casa nos demuestra la miseria del ser humano y lo poco que hemos evolucionado en integridad moral a lo largo de los siglos.

Así, después de un verano donde nos hartamos de trajes, de Camps y de un tal Gürtel, nos llega un otoño cargadito de Palau de la Música catalana, chanchullos inmobiliarios baleares, financiación ilegal de partidos políticos y pelotazos en forma de mociones de censura pero-solo-la-puntita en la soleada Benidorm. De tal forma que los mismos que pedían la cabeza del President de los valencianos en bandeja de plata, ahora tienen que hacerse los suecos y mirar para otro lado cuando alguien tira de la manta y nos recuerda que cuando algo huele a podrido en Dinamarca no es porque un funalo haya pisado una cagada... sino porque todos han nadado en mierda y solo esperan que nadie les acerque demasiado la nariz y compruebe a qué apestan.

Por no hablar de la santa madre del oscarizado Bardem, que gritó, alzó el puño y promovió la tarjetita solapera de No a la guerra, cuando la guerra era en Iraq y nos gobernaba un señor con bigote; ande andará la fulana (con todos los respetos... a las fulanas), ahora que no solo estamos pegando tiros en Afganistán, sino que el afroamericano que gobierna el país más poderoso del mundo (que no es Dubai), nos reclama participar en la chupipandi talibán y nuestro jefe de la ceja dice que sí, que vale, que bueno, que cojonudo... Supongo que la diferencia es que en Iraq perdimos a 9 hombres... y en Afganistan a 90 (y subiendo, por desgracia)

Bajando a la tierra, incluso en nuestros hobbys pulula la doble moral, y no voy a profundizar en ello, pues llevamos añitos de blog hablando del tema, y llueve sobre mojado: Tiendas arruinadas y abandonadas, juegos que son llevados al éxito y, de ahí, al ostracismo por el capricho de tal foro o de tal grupo de borregos. Gente que hoy se besa en la boca y mañana se odia, sin solución de continuidadd ni pre-aviso.

Quizá el secreto de todo este espinoso asunto esté en que, en definitiva, la moneda de cambio en la actualidad no es el honor, ni la palabra ni mucho menos la integridad; no tienen precio ni valor, ni se les da la importancia que merecen; antes, un apretón de manos valía más que un contrato, mientras que hoy uno se caga y se mea en el contrato que sea y, con un buen abogado, puede defender que aquello que entonces firmó libremente ahora es "cláusula abusiva" y aquí paz, y después gloria.

La solución, evidentemente, está en cambiar lo que vale y lo que deja de valer, para nosotros, y para los que tengamos que criar a nuestro lado; pero, ojito, no caigamos en la falacia de acusar a la juventud de estar asilvestrada y descontrolada, y luego seamos tan pusilánimes como para excusar a nuestros hijos de sus gamberradas, disculparlos con aquello de que la culpa es de otros, y acabar asegurando aquello de la que está liando ZP. Porque una cosa es ser el peor presidente de la democracia, y otra querer hacerlo responsable de nuestros propios errores

JOSÉ VILASECA

lunes 23 de noviembre de 2009

"Padre Muerte" llega al final del camino

Pues sí, después de muchos meses de esfuerzo (por no hablar de los años invertidos para "llegar donde estamos"), nuestro querido Padre Muerte ha llegado, finalmente, a las librerías. Lo ha hecho con una venta previa de ejemplares (por correo y en mano), lo suficientemente solvente como para haber pagado completamente la edición y empezar, si no a generar beneficios, sí al menos expectativas.

El hecho de ver tu creación en un escaparate, compartiendo espacio vital con Saramago o subiéndosele a la chepa de Risto Mejide, es un placer difícilmente comparable con nada, y más si uno echa la vista atrás y se plantea cuantas collejas y cuantos escupitajos se ha llevado en el mundillo pre-editorial, cuantas horas de escritura ha perdido por hacer otras cosas que eran más urgentes, pero mucho menos importantes (empezando por unas Tablas de Organización de ejércitos de Warhammer que todo Cristo criticaba, a pesar de que acabaron plagiándolas, tomándolas prestadas o usando fórmulas muchísimo peores... para acabar contrastando que ese puñetero juego solo se organiza dependiendo del dinero que los frikilones somos capaces de gastarnos en una miniatura que es un hamster maniatado con patas de cigala saliendo de su torso...)

Algún buenista pensará que soy un poco idiota al preocuparme de según qué gentuza en lugar de estar disfrutando del éxito alcanzado; lo cierto es que, no padezcan, estoy disfrutando del éxito alcanzado, y detalles como saber que tu obrita está en Soriano o en París Valencia, donde has comprado libros de otros durante décadas, es lo más parecido a un orgasmo artístico a pequeña escala. Pero sería hipócrita si no admitiera que, en ocasiones, piensas en este o en aquel y bien te gustaría echártelo a la cara, cruzarte de brazos, sonreír y preguntar: Bueno, y ahora... ¿qué?

Me podía echar a la cara, por ejemplo, a aquellos entrañables valencianos con los que compartí instituto, que se ponían palotes por escribir en la Urza, la Serra o la Maná (muestra de literatura magiquera bastante cutre, por cierto), donde eran capaces de poner maremeueta en lugar de maredeueta sin caérseles los cataplines redondos al suelo y que, con el tiempo se convirtieron a la doctrina del Blood Bowl, siendo sin duda lo peor de ese gran juego, y confirmando la teoría de que el friki de la tierra de las flores, de la luz y del amor, es aborrecido a lo largo y ancho de la piel de toro. Será por el agua, como decía aquel.

Me podría echar a la cara a esa tradicional tienda de modelismo, maquetismo y frikismo, donde los clientes son tan hijos de puta como suelen demostrar serlo en cualquier tienda, y tan pronto visten camiseta y banderola con unos colores como se venden al vecino más cercano como un Figo cualquiera; podría acordarme de ellos, más que nada, por ser capaces de organizar un concurso literario donde proponían escribir sobre el Warhammer, todo el mundo escribió sobre el Warhammer... y acabaron ganando un par de nenas de la casa, faltaría más... y que resulta que no habían escrito sobre el Warhammer. Un amaño difícilmente catalogable, de la misma gente que se queja que si tal o cual certamen es casero. Válgame el paaaaaapa con los malacatones...

Podría acordarme de ese asociacionista impenetrable, de foro tan vacío como su corte moral, que se plantea reinventar la fantasía épica sin conocimiento, habilidad o ideas. Es de suponer que ese mismo tipo que cobraba un leru por un comic poco menos que calcado de Dragon Fall (que tampoco era la coña en verso en cuanto a originalidad, pero te echabas unas risas...), se habrá dado cuenta que, por mucho que llueva cuando toque, que haga sol cuando debe y que cuides de la puñetera plantita, si la semilla es una castaña pilonga, poco o mal fruto puede dar por mucho que te empeñes, que vendas la cabra o que tengas un hilo forero con veinte páginas y otros tantos cibervoluntarios haciendo cola para sacarte brillo al sable... o a la pluma, que es lo mismo.

Podría recordar la siempre añorada Ephira, sus novios, sus tetes y esa caterva de adolescentes que la rodean como amigos y vecinos, capaces de convertir en moda el suicidio o los vampiros ñoños, onanistas compulsivos y compradores habituales de la Super POP. Podría hablar de sus muchos complejos, de sus pajas mentales y de sus intentos estériles de convertirse en la polla con cebolla con un boli BIC en la mano o un procesador de textos delante, pero me conformaré con recordar que, hasta cierta edad, ciertas niñas tienden a repetir clichés de actuación y escritura y, bien a base de blogs, de emborronar libretas o de abrirse impíos metroflogs, torturan a todo bicho viviente a base de lágrimas negras, cristales en el corazón, niñatas con un oscuro secreto, y toda esa imaginería propia de la cría que se piensa el ombligo del mundo y que considera que sus chuminadas son problemas, y que los problemas son pozos sin fondo...

Incluso podría acordarme de mí mismo, aparcando proyectos de novelas y cuentos en beneficio de aficiones y amistades mucho menos agradecidas que la sencilla hoja en blanco. Me arrepiento todos los días de tanta reunión idiota donde transcurrían horas y votaciones para acabar haciendo lo que diga el gran Kiki ("pobrecito, es que lo expulsamos del Torneo", "no, si es que ya he hablado con el escultor", "no, si es que la delegación de Juventud me dice ahora esto, ahora aquello..."), de tanta noche perdida ajustando líneas en bases y tablas que eran aborrecidas y envididadas por igual (y que siguen usándose en el Torneo de marras, a pesar de que mi nombre ha sido olvidado, mi recuerdo borrado y mis testículos han quedado secos y estériles de tanta tocada de cataplines), y de tanta quedada con malos clientes y peores colegas a los que te tocaba llevar a casa cuando, quizá, lo que querías era quedarte en tu despachito escribiendo del asesino de Padre Muerte, del vampiro taciturno de Llamadme monstruo o del fin del mundo en Ángela.

Así que, ahora, cuando veo esa portada que vale un reino junto con otras mucho más conocidas, a la venta en librerías del Reyno de Valencia, una parte de mí hincha el pecho lleno de orgullo... y otra pequeña parte se deja arrastrar por el caos y el mal, y le sale la mar de natural un corte de mangas al tendido de sombra, donde un buen montón de hijos de perra siguen ladrando como bien les enseñó su madre, o se han callado porque ya no queda un puñetero argumento al cual agarrarse a la hora de criticar un proyecto que fue, ha sido y será.

Mal que les pese

JOSE VILASECA


jueves 22 de octubre de 2009

La semana de las tijeras largas (¡Vuelve la censura!)

Hace unos días lo leí, y pensé que era una coña, a lo sumo un bulo. Un hoax como dicen ahora los entendidos en engaños cibernéticos. Una idea de pinza del redactor del Ministerio de Cultura, o un feroz ataque hacker. Cosas de un becario rencoroso y mal pagado, vamos.

Pero no. Resulta que es cierto, y sujétense los cataplines que la avalancha viene fuerte: Aplicando la nueva ley de medios audiovisuales, nuestro chupi-Gobierno ha calificado SAW VI como película pornográfica y, por tanto, solo podrá verse en cines si uno acude a ciertos antros de pajilleros (completamente en desuso desde la llegada del porno en red), donde podrá compartir cartel con joyas del celuloide como Por detrás me mola más o Culonas reunidas buscan a Rocco, en una doble sesión que ríete tú del Midnight Extreme del Festival de Sitges.

Y todo, gracias a nuestra nunca bien ponderada ministra de in-Cultura, artífice de guiones gloriosos como los de Mentiras y Gordas o de algunos capítulos de Manolito Gafotas o a las once en casa, y que demuestra, una vez más, que buena parte del sector artístico de este país es una panda de estómagos agradecidos y rojeras de pandereta, que solo saben poner el cazo y chillar consignas bien acordadas cuando otros gobiernan (no he visto a la señora Bardem reclamando el regreso de las tropas de Afganistan o reventando galas donde entreguen premios a su muchachuelo pidiendo el rescate inmediato del Alakrana).

Ahora, en este país, una niña de dieciséis años podrá abrirse de piernas, preñarse y abortar sin que mamá o papá lo sepa, pero no podrá ver Saw VI de ninguna forma legal. Y, si tiene trece años, podrá abrirle la cabeza a una compañera de clase sin ser legalmente imputable, pero no podrá ver las horrorosas andanzas de Jigsaw y sus puzzles mortales. Tócate los huevos...

El problema no es la calidad del producto, ni su violencia. El problema es que un gobierno progresista, defensor de las libertades, se corona como emperador de las tijeras y vuelve a tirar la raya "X" allá donde le ha apetecido cuando todos teníamos más o menos claro que tetas y culos no siempre es porno, y que sangre y casquerío están bien, pero en su justa medida. Y si ese Gobierno, en seis años absolutamente NEFASTOS para el país, no solamente se ha considerado con potestad para decirte qué comer, qué vestir y qué creer, sino que ahora también te dice qué ver o qué no ver, el dibujo de la rosa y el puño cada vez se transforma más en la cruz gamada, y mal camino es ese...

Por desgracia, cosas como estas recuerdan a un pasado reciente y no siempre entrañable, donde la censura te obligaba a ir a los Cine Estudios a ver El Manantial de la Doncella o similares acompañado de un adulto, o cruzar la frontera con Francia a visionar El Último Tango en París, mientras socialistas y comunistas reclamaban libertad de expresión y prensa, tetas al aire, felpudos de la Cantudo y folleteo flower power. Ahora, los del puño en alto son los que censuran, recordándonos que el rojerío no es siempre simpatía, talante y buen rollito, y apuntando a las peores acciones de lugares tan agradables como Corea del Norte, Cuba o la Rumanía de Ceaucescu.

Le dirían que disfrutasen de lo votado, pero la putada es que yo no los voté... pero por su puñetera gracia voy a tener que ponerme el parche pirata y montarme en la mula para ver la película de marras... aunque luego sea una puñetera mierda

JOSE VILASECA

miércoles 14 de octubre de 2009

Premio Planeta... o algo huele a podrido en Barcelona

Resumen para vagos:
El Planeta 2009 parece que tiene ya nombres y apellidos, y servidor, que es un puto envidioso, sufre en silencio las hemorroides.

Y ahora, al tema...

Como algunos de ustedes sabrán, mozuelas y mozuelos, el abajo firmante es padre natural de esa novela titulada Padre Muerte, que "coloco" tan pronto puedo y cuyo tema forocochero trato de rescatar siempre que me es posible (con relativo éxito). Y toda esta mierda para decirnos que sabes escribir, dirán algunos, con más razón que un santo. Pues sí, qué le vamos a hacer.

Para el que le importe, Padre Muerte fue una de las cuatrocientas y pico que hizo bulto durante la edición del Planeta en 2008, la que ganó Savater escribiendo de caballos y, antes de ella, hizo lo propio Llamadme monstruo, en 2007, en el glorioso año en que ganó PRISA (uy, Millás y Boris, quería decir...); y este año, como a la tercera va la vencida, y servidor todavía cree en milagros, en los Reyes, en la bondad humana y los concursos justos y meritorios, mandé para Barcelona los dos ejemplares de turno de Los últimos días, doscientas y tantas páginas donde el mundo se va al carajo por una epidemia y unos cuantos muertos vivientes (originalidad al poder, supongo...).

Y, otro año más, no solo me quedaré en mi casa chirriando dientes al ver que el planeta con el laurel y el cheque de los cien millones de pelas se los lleva otro (u otra), envidia cochina, sino que el ganador se sabe semanas antes de la cena de etiqueta, y el finalista se consensúa según sopla el viento, poco antes del evento.

Igual me equivoco, y mañana me llevo el "fail", el "owned" o la colleja virtual, pero el nombre de Elvira Lindo no suena en todas las quinielas de la tarde, sino que viene sonando desde antes de verano, lo que dice bastante poco a favor de la limpieza del concurso. Esta semana, en una esclavitud de la moda bastante chocante, aparece como posible finalista (dudo mucho que ganador), Risto Mejide, supongo que para repetir la glamurosa (o rosi-amarilla), maniobra que hace dos años encumbró al venezolano histriónico del micro-pene y el calzón bajado.

No dudo de su calidad como escritores (en el segundo caso, qué coña, sí que me permito dudar de que sepan escribir sin negro, tipo Ana Rosa), pero esta "crónica de un premio anunciado" (de cumplirse el guión), es un insulto a la inteligencia y al esfuerzo de casi quinientos escribanos, que con una ilusión desbordante cumplen el ritual de engendrar y parir una novela que, aquí entre ustedes y yo, no es precisamente embarazo ni parto sencillo.

Evidentemente, cualquiera podrá pensar que solo soy un envidioso que, por manchar unos folios, me permito la osadía de compararme con grandes artistas, consagrados gurús de la letra escrita, y que solo merezco ser señalado y abucheado. Que la envidia es el pecado capital del país, y que la mía es una muestra más de pataleta "typical spanish" y que allá cada cual con su berrinche.

Así que, tirando por el camino del medio, y no queriendo convencer a nadie de mi bondad inocente ni de la maldad avariciosa de los que manejas a su antojo el Premio Planeta, me conformaré con haber enviado, durantes tres años consecutivos, mi obrita de rigor al "más prestigioso y mejor dotado premio literario en castellano", esperar que me devuelvan a mis zombis y mi apocalipsis sin aplicar el 7º punto de las bases (por el que pueden PIRATEAR, con mayúsculas, cualquier obra que les guste, reservándose durante 90 días e incondicionalmente, los derechos de explotación de las novelas que no salgan ganadoras), y ahorrar pacientemente para que, de aquí a unos meses, mi amigo editor (y forocochero) me pase la minuta de la siempre socorrida auto-edición, y vuelva a tratar de convencer a mil personas de que soy la polla con cebolla pluma en mano, y que mi prosa solo es una incomprendida.

Y, claro está, empezar a buscar otro certamen donde el ganador no se conozca medio año antes de la fiesta de coronación...

JOSÉ VILASECA

lunes 31 de agosto de 2009

Suicidios sin lástima

Mal tema, la muerte, del que hablar el día antes de cumplir años. 34, para ser exactos. Sin embargo, como mi deseo es cumplir estos y muchos más, y todavía pienso que la vida es un don demasiado bonito para tirarlo por el balcón, ahogarlo en pastillas o cortarlo con una cuchilla, y aún no hemos tocado el espinoso tema de quien da la vida por perdida antes de tiempo, pues algún día tiene que ser el bueno y, hoy, mejor que ninguno.

De las muchas formas de suicidio, de esas que no salen en los periódicos para no provocar el "efecto llamada" y que otras neuronas flojas cometan el error de pensar que el túnel de luz es mejor que el valle de lágrimas, hoy en día hay dos que me crispan especialmente los nervios. Y como este es un blog especialmente dedicado a que la gente se rasgue las vestiduras y se tire de los pelos, pues vamos a entrar en harina lo antes posible.

Me crispan los nervios los críos de voz cambiante, vello púbico creciente, adoradores de los Jonas Brothers, de Hannah Montana y de otros virginales pop-stars que, arrastrados por la moda emo, gótica, siniestra o por cualquier otra onda gilipollas que toque esa semana, les da por escribir de su eterno sufrimiento en su flog de rigor (los mas), o directamente buscar un nicho en el cementerio general (los menos), a base de pastillas o gillette en vena. Ya sabéis, lo que empieza por lágrimas negras, hielo en el corazón, emociones dolorosas, quiero gritar, etc... se convierte en un montón de colegas vestidos de negro preguntándose por qué carajo se ha tenido que tirar por el balcón.

Ya sé que la adolescencia es una época difícil (¿acaso no lo son todas?), aunque siempre tiene la ventaja de que aún no te toca pagar facturas, ni letras del piso, ni cambiarle los pañales al "pitufo" de la casa. Ya sé que se folla poco y mal (si es que se folla), pero la cosa no siempre es mejor cuando se crece, y lo que me parece tontuna absoluta es querer palmarla por esto. Que es muy triste que el que quiero no me quiere como quiero que me quiera, duduá, pero eso se soluciona con un diario lloroso y una buena sesión de onanismo, no con barbitúricos.

Y me lo tomo a coña, porque siempre he pensado que el que se quita de enmedio con diecisiete años merece poca o ninguna lástima. Y si, además, se ha pasado meses enteros autolesionándose, amenazando con el suicidio en una eterna tortura psicológica y, en pocas palabras, queriendo ser el ombligo del mundo, casi mejor que se haya ido a la fosa, que somos demasiados fulanos en un mundo, y los que tienen que venir...

Porque, como el ejemplo más cercano de estulticia suicida que tengo es la Perphida y sus amiguetes, que parecen en una continua competición a ver quién sufre más y mejor, creo que el aire que respiran sus pulmones estaría mejor en fuelle ajeno, y que, o bien crecen y se dejan de tontuna, o bien se van a mamarla a Parla a dos metros bajo tierra, el vivo al bollo, etc...

El segundo tipo del que les vengo a hablar son las víctimas que han engendrado al monstruo, de las cuales tenemos últimamente demasiados ejemplos: Niñas bien que se han liado con el malote de turno, crías apenas llegadas a la mayoría de edad que están liadas con un quinqui más chungo del barrio, o con un tipo que supera la treintena, que están "luciendo hombre", en pocas palabras, con sus amiguitas.

Este suicidio comienza mucho antes del trágico final, cuando el "malote" le toca la cara, la maltrata y la humilla y, en lugar de comportarse como una mujer hecha y derecha, es tan sumamente gilipollas que, después de denunciar por compromiso, o alejarse por conveniencia, y dar a entender que ha "rehecho su vida", acabar mintiéndole a todo el mundo (empezando por sí misma), para volver a ver al malote (que ella sabe que es malote, que la ha amenazado por móvil, a través de terceros o con su simple presencia), no sé con qué retorcida intención. Y ocurre la tragedia.

Que sí, que el otro hijo de puta es un ASESINO que hay que colgar de los huevos del palo mayor, pero no quita que la niña sea tonta del haba, por mucha lástima que nos dé. Porque, cuando uno hace malabarismos con nitroglicerina, no siempre debemos culpar a la química, sino a la estupidez del artista...

Y, lo siento, pero la vida es demasiado bonita para perderla, y, como por lo general, tiendo a sentir poca lástima por los suicidas y, últimamente, aborrezco a esos chochos con patas que juegan con sus vidas, con la salud de sus padres y con los recursos del Estado (sanidad, Guardia Civil, Policía), solo porque LES MOLA lucir "malote" o piensan cambiar al macarra de su "ex" a príncipe azul, pues lo siento pero solo le doy el pésame a la familia y al novio, pero, como dice el dicho (y espero acertar esta vez), "que quien por su mal muera, que nadie le llore". Por desgracia, esta nueva raza de suicidas consiguen que nos pasemos días, semanas, mareando la perdiz y que SÍ hay muchos desaparecidos (secuestrados, ancianos con Alzheimer, etc...), que no se han buscado la ruina y merecen tanto seguimiento como los de estas muchachas que SÍ se han puesto la pistola en la boca y ha jugado a la ruleta rusa con un ex-novio macarra e hijo de la gran puta.

Un cordial saludo

JOSÉ VILASECA

lunes 17 de agosto de 2009

Un mundo feliz... o quizá no

Me despierta la sacudida de mi mujer, tumbada junto a mi en la cama; he vuelto a dormirme. Es difícil despertarse con la alarma silenciosa, puesto que la normativa de ruidos de la zona acústicamente saturada es especialmente restrictiva en cuanto a timbres de relojes estridentes.

El desayuno es todavía más cruel que el empujón que me ha puesto en pie: Ya no hay café, lo prohibieron por resultar adictivo; la leche desapareció del mercado cuando la Asociación Contra la Crueldad Animal consideró que era un abuso arrebatar por la fuerza la lactancia de los pobres terneros, y la bebida de soja me parece, cuanto menos, asquerosa. Las galletas, cuatro, son como cartón prensado. Hay que tomar fibra, dicen, que ayuda a regular el tránsito; debe ser verdad, porque últimamente siempre me estoy cagando: En el Gobierno, en la justicia y en el vecino del quinto. Me despido de mi mujer y me retira la cara, asustada. No beses, no des la mano, di hola repite como una consigna electoral. Jodida gripe A y jodido colegio médico.

Bajo a coger el coche, y recuerdo que hoy es día impar, así que me toca dejarlo donde está: La normativa exige que los días impares no circulen los vehículos con matrícula impar, por aquello del efecto invernadero; llevan cincuenta años desarrollando combustibles alternativos, pero siempre se quedan en prototipos. Antes decíamos que era culpa de los moros de los cojones, de los jeques, con sus petrodólares y su compra de patentes, pero, ahora, si dices eso te abren un expediente por mal ciudadano, y pagas un dineral por racista en un juicio rápido.

Decido coger el bus, que tarda vida y media en llegar, puesto que el transporte público también se ve afectado por la estúpida norma de los pares y los impares. Está atestado de gente, no hay un solo asiento libre. Un par de respetables ecuatorianos ponen reggaeton a todo trapo en sus móviles de última generación, y tres gitanillos cantan un palo flamenco, con caja de ritmos incluida. Nadie se queda al conductor, porque está prohibido hablar con él, y la multa es considerable. Pienso que es extraño que a indios y camarones no los multe nadie, aunque me callo mi reflexión; de decirla en voz alta, me comería el segundo expediente del día por mal ciudadano.

Toso. Es una tos seca, grave. La gente se aparta de mí, con los ojos desencajados. Quiero explicarles que solo es una garganta seca por la mala noche, pero ya no hay remedio. Tengo grandes posibilidades de ser invitado a abandonar el bus pero, por fortuna, me dejan un hueco tan grande que puedo sentirme cómodo por primera vez desde que me levanté de la cama. En la siguiente parada baja prácticamente todo el pasaje, a la carrera, mirándome por el rabillo del ojo. Cuando me apeo, veo que el conductor pone las luces de emergencia y comienza a esterilizar la zona donde me encontraba.

Hace frío. En la puerta de la oficina han instalado hace poco un fumadero de monedas, donde puedes echarte un pitillo a la vista de todo el mundo, pero sin tentar a la suerte y que te caiga una multa por emisión de humos tóxicos en zonas comunes. En unos años, el tabaco ha triplicado su precio, solo en impuestos, y el coste de diez minutos en los fumaderos equivalen casi a media cajetilla, pero es el único remedio para quien no ha podido dejar su vicio. Ahora, pedir que prohiban su comercio está penado por exaltación anti-patriótica, y no me extraña; la tercera parte de los ingresos del Estado proceden de este vicio.

Saludo a mi jefa de sección: Es una completa inútil, pero hay que cubrir los cupos de igualdad, y mientras que el antiguo gerente, un tipo competente y entregado a su trabajo, ha vuelto a sellar papeles y hacer fotocopias, ella se dedica a delegar y a cobrar a fin de mes. Está divorciada y tiene dos hijos que cría su madre, porque es la mejor manera de seguir justificando la pensión que le pasa su marido; antes, con el sueldo que ella disfruta se le habría acabado el chollo, pero el Ministerio de Igualdad considera que cualquier divorcio supone un delito de maltrato psicológico automático del hombre respecto a la mujer, por lo que hace unos años compatibilizó sueldo, pensión y amante.

Mediodía. Los musulmanes se van bastante felices a su sala de oración, con las esteras debajo del brazo; tienen media hora por cada rezo dentro del horario laboral. A los que todavía tenemos la desgracia de haber sido bautizados, el acta de impropiedad religiosa nos obliga a trabajar los domingos, para compensar las maldades que nuestra prohibida fe cometió antaño.

Hora de comer. Los restaurantes se parecen cada vez más a una sala de quirófano. Está prohibida la carne roja, el pescado capturado con métodos poco convencionales, los alimentos grasos... Anoche saboreé un guiso con rabo de toro, de contrabando; un amigo, en una capea ilegal, me dejó un pedazo de carne que mi mujer no sabía no como se cocinaba. Hoy, en cambio, me enfrento a una bandejas de pasta sosa y verduras asadas, sin mucha sal, sin mucho aceite... sin mucha vida.

La tarde transcurre como la mañana, y se hace pesada, interminable... Los empresarios exprimen lo mejor posible las 65 horas semanales que la Unión Europea acordó en su momento; los sindicatos no dicen nada, ¿qué van a decir?. Las subvenciones del Estado los tienen atados de pies y manos, estómagos agradecidos. Te convencen para que te afilies, asegurándote que defenderán tus derechos; luego preguntas quién es el enlace sindical de la oficina y todos se alzan de hombros. Dicen que el Gobierno es solialista, comunista, liberal. A mí solo me parecen unos hijos de puta vestidos de Armani que de vez en cuando alzan el puño y cantan La Internacional desafinando bastante.

Vuelvo a casa. Estoy cansando y entumecido. No tosí en el autobús de vuelta, y tuve que pasar una hora larga de pie, mientras media docena de churumbeles nos pisaban los zapatos y teníamos que mirar hacia otro lado: Llamarles la atención estaba prohibido por la Ley de Protección de la Infancia, y no hablemos de levantarles la mano. A duras penas mantuve mi cartera dentro del bolsillo; un chaval trataba torpemente de quitármela, sabiendo que la impunidad adolescente le protegía, y tuve que pelear duro por defender mis intereses sin saltarme la Ley de Protección del a Infancia, nuevamente. Lástima de Herodes.

La cena es tan insulsa como la comida. Las noticias estatales, pues no hay cadena que se atreva a programar información distinta a la que le dicta el Ministerio de Información, hablan de grandes logros de Gobierno y grades desastres en el extranjero, justificando la llegada masiva de inmigrantes que puedan disfrutar de nuestro maravilloso país. Mi mujer me cuenta que han despedido al humorista que se atrevió a calcular las horas de trabajo que harían falta para soportar otra ola de rumanos, aplicándole la Ley Europea de Respeto Multicultural; a pesar de que los gitanos centroeuropeos habían estado detrás del saqueo de buena parte de los cultivos en invernaderos, debía imponerse el talante y el respeto de sus tradiciones.

- Nosotros también teníamos tradiciones - mascullé mientras mordía la insípida col hervida -. Nos pintamos una cruz en el escudo y eschamos a patadas a esos hijos...

Mi mujer me tapó la boca a tiempo. El detector de xenofobia instalado en el recibidor estaba pasando de amarillo a naranja; de haber pasado a rojo, habríamos recibido la molesta visita de la inspectora social, recordándonos que la Ley de Memoria Histórica prohibía de forma taxativa el recuerdo a cualquier guerra o conquista producida en nuestro país, y nos habría obligado a hacer una visita al Museo Don Santiago Carillo de gloriosas víctimas del fascismo voraz.

Llegamos a la cama. Estaba agotado, pero todavía era un hombre, un culo seguía siendo un culo, y las ganas apretaban. Mi mujer se volvió, con ojos tristes, y me dijo:

- No tenemos remanente de sueldo social para preservativos, mi vida; la partida de este mes la han dedicado a subvencionar a una Asociación de Gays y Lesbianas de Zimbabwe.
- Pues que le den por el culo a los preservativos, al sueldo social, a las normas de los cojones y a los gays de Zimbabwe - dije, mientras el detector de xenofobia vibraba en el recibidor, y el timbre sonaba, anunciándonos la llegada de la inspectora social -. Hoy es sábado, sabadete. Y como estoy hasta los cojones de fútbol y pan de fibras, vida mía, vamos a deshacer esta cama como que hay un Dios en el cielo. Y luego ya diremos que nos encanta Almodóval y Bardem para que nos quiten la multa...

JOSÉ VILASECA