Hace poco, le contaba a mi primogénito la historia de este blog, de cómo nació como "forma de desparrame" y crítica, cuando él solo tenía un añito y nuestra tienda El corazón del león todavía se encontraba en funcionamiento. Aún faltaban en la ecuación de mi vida un segundo hijo, Miguel Ángel, muchos libros (diecinueve, nada menos), cambios en el trabajo, una carrera universitaria, una aventura política... Y es que, queramos o no, dieciocho años dan para mucho.
De todas esas aventuras, más allá de la de ser marido y padre (ojo, aún estaba por casarme... y ya lo he hecho dos veces, y con la misma mujer), seguramente la más satisfactoria ha sido la literaria. Algunos de mis títulos han pasado de puntillas en este tablón de anuncios particular, mientras que otros tuvieron reseña, fotos y seguimiento, pero también he sido "padrino", a través de la editorial familiar, de un montón de "hijos de papel" de otros juntaletras que se han tirado al ruedo para jugársela con la letra escrita.
Da que pensar que, en aquel entonces, a caballo entre las dichosas tablas de organización para los torneos locales de Warhammer Fantasy y la mucho más agradecida labor traduciendo al castellano los reglamentos de Warhammer Ancient Battles, trataba de buscar mi tiempo y mi espacio para lo que realmente me gusta, me gustaba y me gustará: escribir.
Para el recuerdo queda una colección de comentarios anónimos de infausto recuerdo (divertidos, vistos en perspectiva), algún que otro proyecto que quedó a medias (quizá ampliar ese artículo de ¿Ande andará? sobre tiendas de juegos, de las que desgraciadamente estoy bastante desconectado), y una evolución personal llamativa: cosas que me gustaban mucho dejaron de gustarme (generalmente por hartazgo... o por terceros), pero lo único que ha prevalecido a lo largo de los años ha sido el teclado y la escritura.
