miércoles, 8 de enero de 2020

"Granaderas" en la Semana Santa Marinera

En la próxima Asamblea de la Junta Mayor de la Semana Santa Marinera de Valencia, se decidirá, a propuesta de Dolores Grao (Cofradía de Granaderos de la Stma. Virgen de los Dolores Coronada del Grao), la posible incorporación de mujeres con la vestimenta de soldado napoleónico tradicional de nuestros Poblados Marítimos, que actualmente se mantienen en tres de las cuatro parroquias (la cuarta, Cristo Redentor - San Rafael, también la tuvo en su momento).

Vaya por delante que, más allá de la decisión final que tome la Asamblea, y el cariño y admiración que tengo por mis buenos amigos granaderos "graueros", como 

Juan Antonio Picazo Fernandez
 o Jose Maria Orero Gimeno, entre otros muchos, creo que la Semana Santa Marinera debería avanzar hacia el respeto y la recuperación de la simbología histórica tanto en los personajes bíblicos como en las llamadas "corporaciones armadas".



En su momento, me pareció un acierto, por ejemplo, que la Corporación de Longinos sustituyera paulatinamente la anacrónica alabarda que portaban por la más realista lanza de longinos, o que las distintas guardias romanas apostaran por espadas más cercanas al gladius que por otros modelos; por ello, creo que es un error.

Es cierto que algunos personajes considerados tradicionales en nuestra Fiesta no se ajustan al concepto histórico o artístico (el más claro ejemplo es la Samaritana, mujer humilde de Samaria que Cristo encontró junto a un pozo, y que en nuestras procesiones recuerda a una noble romana o hebrea con un ánfora, y cabellos de complejísimo peinado), pero entiendo que una cosa es convivir con una tradición errónea pero arraigada en el imaginario colectivo, y otra una incorporación nueva que no termino de entender.

En el artículo con el que enlazo (y en muchos otros que podéis encontrar), se explica el papel de la mujer en los ejércitos napoleónicos y que, de forma acertada, la labor de "cantinera" resume su esforzada participación al lado de sus parejas en el frente de batalla, tanto como aguadoras como cirujanas de choque, y otras muchas mas funciones de un servicio tan ingrato como es la propia guerra.



https://www.elprimeredecan.es/la-mujer-en-los-ejercitos-napoleonicos/

Nota: La propuesta se aprobó sin votación por parte de la Asamblea.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Analizando (socialmente) una nómina

Ayer recibí mi nómina. Tengo la suerte de contar con una nómina generosa, y más en los tiempos que corren. Aunque mi mujer no trabaja fuera de casa y hay que “repartirla entre cuatro” no me puedo quejar, en absoluto. Sin embargo, hoy quiero hablaros de “la nómina que no cobro”

Entre pitos y flautas, me retienen la nada despreciable cantidad de 1000€. Todos los meses. Como yo sí creo en la democracia, entiendo que es mi justa aportación al sistema de bienestar social en el que vivo, pero muchas veces me pregunto dónde va exactamente ese dinero.

Me pregunto si las prostitutas que, presuntamente, pagaron altos cargos del PSOE de Andalucía salió de mi dinero. Me pregunto si los daños provocados por los sediciosos en Barcelona se pagarán con mi dinero. Me pregunto si el subsidio de quien trabaja también en B sale de mi dinero.


Me pregunto si las ayudas a los MENAs, esos que veo los lunes al sol, siempre con el porrete y el móvil de última generación, sale de mi dinero. Me pregunto cuánto de los 4 millones de la EMT que Grezzi ha “despistado” en Valencia, por una supuesta estafa, salió de mi dinero. Me pregunto qué parte de esta segunda campaña electoral en un año sale de mi dinero. Me pregunto qué parte de las subvenciones a libros en catalán escritos por valencianos, que no venden un pimiento (salvo en colegios, como lectura obligatoria), sale de mi dinero.

Me pregunto cuánto de mi dinero hay en esa Iglesia católica que fomenta el separatismo en Barcelona, el nacionalismo en Euskadi o que esconde al cura de al lado de mi casa en el culo del mundo, para que no trascienda que grabó vídeos practicándole felaciones a su amante emigrante.
(Esto último no es una bravata: ya visteis lo que publiqué ayer). Pero también me pregunto cuánto de mi dinero hay en el bolsillo de los imanes de las mezquitas que recomiendan a sus fieles pegar a sus esposas, o que sigan considerando sucias busconas a las mujeres occidentales.

Podría encabronarme y hacer como esa concejala emigrante de ERC que, mientras afea a Abascal que nunca haya cotizado fuera de la política (lo que no es malo en sí mismo, pero nos enseña la clase de dirigentes que podemos tener), ella misma admite sin rubor que se pasó dos años trabajando sin cotizar (hablando de “pasar hambre” en España, tócate los cojones Maríamanuela).

O podría hacer como Echenique, y dejar de pagar la seguridad social a mi asistente personal (si lo tuviera). O como los Pujol, y repartir mi “herencia paterna nunca declarada del todo” en Andorra, Suiza y lugares igualmente exóticos. O como todos los que no han cotizado jamás fuera de la política

Llegado el caso, podría colgarme del ojal un lazo de colores y decir que “España me roba”, y montar barricadas y parapetos con cosas ardiendo, todo muy fallero, pidiendo que mi casa sea declarada república independiente de Ikea, y mandar a mi hijo de embajador de los Vilaseca a la Guayana (pagado, claro)

Pero yo no soy así. Yo creo en mi tierra, que es Valencia y es España. Y cotizo por mi trabajo y por mis libros. Me preocupa que los políticos hagan buen uso del dinero público, pero jamás me veréis excusarme en “lo mal que está todo” para dejar de pagar impuestos o ir en contra de la Ley. Porque toda excusa para saltarse la Ley que no pase por la democracia dentro de esa propia Ley, es delito. Toda masa que imponga su voluntad saltándose la Ley, es turba. Y ni antorchas ni saludos romanos ni puños en alto ni hoces ni martillos ni cruces gamadas valen más que tu voto.

jueves, 24 de octubre de 2019

Vividores del sistema, de la letra... y "ganapremios" en general

Tras el (discutible), Premio Nacional de Narrativa a Cristina Morales, y la discusión en redes sobre si el premio tiene que ver con su calidad literaria o su activismo político, quiero hacer una reflexión acerca de la vocación del juntaletras, desde mi propia perspectiva.

Tengo 44 años y escribo (relato cosas inventadas para que otros las lean), desde que tenía 7. He tenido la suerte de escribir 
casi todo lo que he querido, he ganado varios premios literarios, me han publicado y he cobrado derechos de autor, así que sé de lo que hablo.

En lo que se refiere a escribir en general, no todo lo que se escribe se publica, ni todo lo que se publica merece ser leído. En estos tiempos donde una pequeña tirada autoeditada cuesta una miseria, por suerte, cualquier rayapáginas puede ver publicada su obra, por desgracia.

En lo que se refiere a premios literarios (aunque el tema da para libro), los mejor dotados suelen estar “asignados”, por así decirlo, y los que tienen detrás entes públicos dependen mucho de la sensibilidad social o reivindicativa del autor, más que de su calidad literaria.

No quiero detenerme aquí para señalar determinados escritores cuyas ventas o trascendencia no sería igual si no fuera por su activismo, su defensa de determinados derechos (reales o ficticios), o por su participación en la vida pública; les recuerdo que "Manual de resistencia" no fue escrito por Pedro Sánchez, pero aparece su cara y nombre en la portada, y en 4 meses declaró haber ganado 17.000 euros en derechos de autor. Netos. O cuando González-Sinde (guionista de la infame “Mentiras y gordas” y exministra), fue finalista en el Planeta con su primer libro, ¡sorpresa!

Sé de premios que han llegado a “ampliar plazo de inscripción” porque el "ganador apalabrado" no había acabado el manuscrito que tenía encargado. 500 escritores cagándose en todo Dios y la corte celestial, y que perdieron la poca inocencia que les quedaba aquella semana. Por no hablar de los premios que “nadie gana”, pero donde te acaban vendiendo una multipropiedad (léase coedición – estafa), o cuando te nombran “finalista” y tienes parada uno o dos años tu obra por los derechos de tanteo y edición preferente de la editorial de turno.

Al final, como juntaletras, te limitas a subirte de hombros y saber que los premios a los que optas, con dotación económica o sin ella, salvo que consigas la fama (merecida), o medres hasta la náusea, son los mismos que tu capacidad de ventas: limitados. Pero tú escribes, porque tienes el veneno en la sangre.
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Así que, enhorabuena a Cristina Morales. La animaría a dejar de decir gilipolleces y pulir su estilo, pero como “su estilo” es lo que pide su público (que aplaude sus gilipolleces), el sistema se retroalimenta y hará bien en no hacerme caso, valga el juego de palabras.

domingo, 12 de noviembre de 2017

La chaqueta con coderas y la Senyera del altillo.

Mi padre, que esta próxima semana hará diez años que faltó, acostumbraba a rumiar, cada vez que llegaban elecciones, y Felipe González hacía campaña con una ajada chaqueta marrón de pana.

- Mira, hijo, ya ha sacado el fulano este la chaquetita a pasear.

Yo, que era joven e inexperto (con los años, solo he conseguido cambiar lo primero), no entendía qué manía le tenía mi progenitor a la chaqueta de pana. Pensaba que, como en mi casa no éramos muy de pana, se trataba de una queja sobre su estilo. Pero, claro, creces, aprendes y comienzas a relacionar que quien acabó siendo más recordado por la X de los GAL o los latifundios en Guinea Ecuatorial, que por cumplir aquello de España no la va a conocer ni la madre que la parió, desempolvaba la chaqueta justo con las Elecciones Nacionales a la vuelta de la esquina, cuando era necesario recordar a ese país del IVA recién impuesto, del De entrada, OTAN no, o del cierre de los Altos Hornos del Mediterráneo, que el “güeno” del Camarada González había sido abogado laboralista y, por tanto, amigo del pueblo.

Aquí una chaqueta de pana, aquí un amigo...

Por desgracia, la Historia tiene a repetirse, con distintos personajes, y como el cambio climático ha desterrado definitivamente las chaquetas de pana de nuestro guardarropa, necesitamos echar mano de otro complemento que nos reconcilie con la terreta. Y aquí es donde entra nuestra Señera coronada y centenaria, a la que Pedro El Ceremonioso concedió rango de Real y que no se inclina ante nadie... aunque, para algunos, lo importantes es que haga juego con los zapatos.
Así, de vez en cuando aparecen salvapatrias dispuestos a la caza del voto (para sí o para terceros), que se sienten poseídos por el espíritu de Gandalf, el Gris; ya saben, el mago de El Señor de los Anillos, con su frase “vuelvo a vosotros en los albores de la tempestad”, dispuestos a librarnos de ese malvado país de ficción, que en el libro se llama Mordor, y en la vida real se puede llamar, qué se yo... ¿Países Catalanes?


Mapa de Narnia. O de Mordor. En todo caso, de un país imaginario...

De esta forma, con esas fanfarrias y esa pompa mesiánica (que, llámenlo envidia, pero me suele tocar bastante los cataplines), sacan la señera del altillo, le sacuden el polvo, se envuelven en ella y salen a la calle como en el Día del Orgullo, aunque no sepan de dónde les viene el aire del orgullo ese... Los mismos que se inventaron lo de Comunidad Valenciana, por no darle el gusto a las hordas fusterianas de clavarnos el infame “País Valencià” (y, no se nos olvide, porque el Rey Emérito, que acababa de renegar públicamente de los principios del Régimen, no consentía que en la España que le apalabró su padre y le dejó el Caudillo en herencia, hubiera otro reino compartiendo terreno con el suyo), los mismos que contaron los generosos votos del capo di capi Pujol, mientras se pergeñaba la Academia Valenciana de la Lengua (hundiendo en la miseria, y nunca mejor dicho, a la Real Academia Valenciana), los mismos que han consentido la astracanada de la indapandansia de los vecinos del norte, mientras los nostálgicos de Raimón campaban a sus anchas con los aplecs, los correllengua y la falacia de la Escola Valenciana, que tenía poco de escuela y mucho menos de valenciana.
Ahora, con una manifestación fresquita en la memoria, y otra prevista para el próximo sábado, 18 de noviembre, me pregunto, como hacía El último de la fila, aquello de “dónde estabas entonces, cuando tanto te necesité”. Cuando la izquierda valenciana, culturalmente acomplejada, sigue aferrada a la tontuna de “País Valencià”, cuando el centro y la derecha locales siguen nutriéndose de los brotes verdes que supuso Unión Valenciana (aunque silban y se hacen los despistados cuando Aznar asegura que sigue hablando catalán en la intimidad), y el valencianismo (que nunca había tenido mala prensa), se vende como la nueva Falange desde los medios de la capital del Reino. Eso, amigo, dónde estabas...


No sé si la solución de nuestra tierra será el valencianismo (porque, mal que nos sepa, tanto en Alicante como en Castellón se quejan del mismo centralismo en el cap i casal, que los de aquí al protestar respecto de Madrid o Barcelona), pero lo que estoy absolutamente seguro que no es solución son los abrazafarolas que buscan desesperadamente una poltrona, y se animan a hacer una cuidadosa labor de captación de votos para determinados partidos, en ese río revuelto que, desde la Transición (por no ir más atrás y recordar los convulsos tiempos del blasquismo), ha sido el votante valencianista.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Vida virtual

Hace apenas una semana, mi santa esposa tuvo la desgracia de “perder” su móvil; lo entrecomillo porque, a fecha de hoy, no sabemos si lo extravió o si “se lo extravió” algún amigo de lo ajeno. Cosas de este mundo con prisas, donde perderías la cabeza de no tenerla sujeta a los hombros. En definitiva, hubo un día en que no lo encontraba y, mientras lo buscábamos afanosamente por casa, acabó “resucitando” de aquella manera, en manos de otra persona con ganas de dar por el saco.

La parte técnica se resolvió bastante rápido: llamada a la compañía, bloqueo de móvil, de tarjeta y de todo lo bloqueable. Lo bueno es que, sin comerlo ni beberlo, iba a cambiar de terminal (que ya le hacía falta). No hay nada en el occidente capitalista que el dinero no pueda arreglar. Serà per diners, decimos por aquí…

Un incidente que no tendría más relevancia si no fuera por una serie de hechos, inexplicables para mí, que ocurrieron entre el “no veo el móvil” o “¡joder, alguien tiene mi móvil!” y que me dan mucho que pensar acerca de esta sociedad aséptica, distante e impersonal que estamos creando.

Como os decía, el “amigo de lo ajeno” debía ser aficionado a dar problemas, puesto que se dedicó a enviar mensajes soeces e incluso alguna fotografía comprometida (del propio delincuente, afortunadamente), a grupos o personas que había en la agenda de Sara. Gracias, precisamente, a un mensaje bobo que me envió, detecté el asunto y pude atajarlo a tiempo.

Imaginaos: amigos, padres y madres del cole viendo en sus celulares mensajes idiotas que daban como referencia “Sara”. ¿Qué pensaron? A esta mujer le ha dado un vahído, supongo. Se le ha ido la pinza. O, quizá, simplemente que le habían cogido el móvil los críos y estaban haciendo trastadas tecnológicas, que para eso la nueva generación de mini-youtubers se vale sola. Sea como fuere, supongo que os hacéis una idea.

El problema viene, a mi entender, en la reacción. Nadie llamó a Sara, ni a mí, para preguntar qué nos pasaba en la cabeza. Tuvieron que transcurrir dos días hasta que alguien se dignó, en la puerta del colegio, a decirle joder, Sara, cómo te has pasado, aunque mi bendita mujer (o yo) llevamos a nuestros hijos a la escuela a diario. Había sido bloqueada de grupos, expulsada, defenestrada virtualmente... pero nadie había tenido la deferencia de encararse con ella y preguntarle a la persona que hay detrás del icono si había tenido un mal día, un incidente… o un robo, como al final fue.

La anécdota me recordó poderosamente a aquellos primeros tiempos de Internet, donde en foros, listas de correos y similares nos poníamos a caldo sin necesidad de preguntarnos qué clase de persona había al otro lado de la pantalla; al fin y al cabo, la mayoría eran completos desconocidos y no te importaba que siguieran siéndolo. Sin embargo, en este caso la persona “infractora” era pública y conocida, accesible, fácil de abordar… pero nadie lo hizo. Se prefirió la infamia a la razón, dar pábulo a quimeras frente a contrastar una información extraña.

Así que, cuando descubro personas capaces de tragarse noticias sacadas de El Mundo Today y darlas por buenas, me pregunto qué pensarían los filósofos clásicos cuando los hijos de la información y la tecnología prefieren el rumor y la mentira a perder cinco minutos de sus vidas para comprobar qué hay de cierto en cualquier situación que se da en su vida.

 José Vilaseca

viernes, 19 de febrero de 2016

El peligro de las críticas literarias de ida y vuelta

Después de muchos años metido en "esto de escribir", disfrutas de muchos detalles que, al principio, te eran desconocidos: ferias, presentaciones, mesas redondas y, claro está, la posibilidad de conocer a otros escritores que, como tú, tratan de sacar cabeza lo mejor que pueden en un mercado, por otro lado, muy competitivo y saturado de oferta.

Como comento, destacar en la jungla de las letras no es sencillo: a la dificultad propia de hacer visible tu obra (especialmente en el caso de autoediciones o editoriales pequeñas), se une la propia condición humana, preñada de envidias y rencores. Detalles tan sencillos como responder al correo de un autor animándolo a revisar el estilo de su obra (como recientemente le ocurrió a mi editora y amiga Sicilia Nuño), pueden acabar en una respuesta biliosa y llena de rencor por parte de un escritor que piensa que es la polla con cebolla y para el que cualquier crítica será, simplemente, una demostración de nuestra profunda ignorancia.

Los escritores también somos soñadores, artistas y artesanos y, como tal, tenemos la (mala) costumbre de sentirnos especialmente pagados al ver nuestro nombre, encantados de habernos conocido. Por si fuera poco, muchos escritores tenemos amigos escritores y caemos en el error que advertía el Señor Lobo en Pulp Fiction (y perdón por los términos): No empecemos a chuparnos las pollas todavía. En resumen, que tomamos un blog, escogemos la novela de un colega juntaletras y hacemos una crítica que, en realidad, es una alabanza infinita del otro, con la esperanza de que nos devuelva el clavel (como ya comenté en la entrada anterior sobre Carne muerta de David Mateo). Cuantos más amigos, más blogs, más apariciones en Google y, por tanto, más oportunidades de tomarle el pelo a alguien que, por desconocimiento, se fíe de la cantidad de críticas en lugar de la calidad y objetividad de las mismas.

Esto, en casos muy concretos (pienso en Amazon, por ejemplo), llega a ser de chiste: novelas sin corregir, mal maquetadas, con errores gravísimos y un contenido más que discutible, acumulan estrellas de cinco en cinco sin razón ni sentido... salvo cuando analizas de dónde procede el voto y ves, entre divertido e indignado, que se trata de un piropo devuelto por otro autor que, a su vez, ha recibido una buena valoración a su bazofia por parte del primero y, así, hasta la náusea.

No sé si es que esa época de las críticas a cuchillo pasó a mejor vida, y no sé, repito, si alegrarme. Lo que de ninguna manera esperaba es que libros que no merecen ser calificados como tales, son fácilmente localizables en las redes sociales y los buscadores de internet sin una sola mala crítica (y las buenas pertenecen a una "red de colegueo" entre autores que deja bastante que desear).

Y, al final, eso acaba siendo contraproducente en lugar de estimulante porque, la primera vez que alguien nos meta un gol por la escuadra con un libro malo como pegarle a un padre, pero con muchísimas buenas críticas "semianónimas", huiremos de cualquier autor desconocido, por bueno que pudiera ser, y nos refugiaremos en la "maldita basura comercial" que, en el peor de los casos, siempre nos permite iniciar una conversación de ligue en una cafetería o cualquier otro rincón pequeñoburgués :)

¿Hay forma de evitar esto? Sí, haciendo críticas sensatas. ¿Sirve para algo? Pues, como hablaba con David Mateo en su momento, sólo para encabronar a la gente (empezando por uno mismo), señalarte como un malvado ogro al que se debe evitar (para vivir, así, en ese falso mundo buenista donde todo es maravilloso) y quizá recibir una mala contestación de esa gran cantidad de autores que no saben encajar una mala crítica (o, peor, una crítica que no sea una lamida de bota en toda regla...)

Al final, solo queda escribir y publicar, esperando que alguien te lea: si le gusta tu novela, fantástico. Si no, mejor suerte a la próxima. Y, mientras tanto, poder conocer a autores magníficos y sonreírles, a autores normalitos y sonreírles, y a autores mediocres e insoportables y sonreírles porque, no nos engañemos, a nadie le interesa la verdad: solo una amplia sonrisa y un discreto (y cobarde) silencio cuando te pregunten qué te parece su novela.


lunes, 18 de enero de 2016

Recorriendo la TIERRA MUDA

Primera reseña de 2016; quizá, cuando comencé este blog, mi entrada en el nuevo año hubiera tenido forma de recopilación de la siempre movida Noche de Reyes en nuestra desaparecida tienda El Corazón del León, de amarga queja por pedidos que no llegaron o algo por el estilo. Ahora, me limito a cantar las bondades de mis aventuras literarias, lo que me convierte en un ególatra simpático en lugar de un ogro comeniños que solo sabe echar pestes de unos clientes caprichosos y poco agradecidos; dentro de lo malo, como comprenderéis, me quedo con lo primero.

Y lo que toca en 2016 es promocionar lo que se ha escrito y publicado en 2015 que, en mi caso, tiene forma de dos libros. Dos mejor que uno, ¿no?; así, "Historia de Valencia en pildoritas" (mi hijo de abril) y "Tierra muda" (mi hijo de diciembre), están preparados para seguir siendo producto de consumo y, espero, disfrute del lector.

De este último, vamos a tener un invierno bastante "cumplidito": en una nueva visita al plató de Revista de sociedad (ahora, en la sintonía de Levante TV), junto con mi buen Donís Salvador (cantante, presentador y Su Alteza por méritos propios), tendremos oportunidad de hablar del presente y el futuro de este humilde juntaletras y orientar a mis lectores a que asalten las librerías. A fecha de hoy, se han unido a la causa librerías tan conocidas en Valencia como Soriano y toda la familia de París Valencia (lo que supone, como dicen los americanos, jugar en las ligas mayores), o tan cercanas como La papelería de Galindo o Papelería Compás (lo que supone, como decimos aquí, ser profeta en tu tierra), y me doy con un canto en los dientes la mar de feliz. Si a alguien le apetece, la entrevista se emitirá el sábado 16 y el domingo 17 dentro del programa Revista de Sociedad y en diferido en su canal de Youtube: Revista de Sociedad

 
Así se veía, en la tele, mi (pen)último libro...

Como hemos hecho un montón de amigüitos en Castellón y Vila-real (y más teniendo en cuenta que la editoria, EDISI, es de esta última población), pues presentaremos el libro en tierras de la Plana. Y lo haremos en muy buena compañía: Rosario Raro, escritora para Planeta y autora del gran éxito Volver a Canfranc nos apadrinará en su curso de escritura creativa dentro de la Universitat Jaime I. También la Asociación de Apoyo al Superdotado y Talentoso - ACAST, nos abrirá las puertas de la Jaume I para una nueva presentación y, finalmente, nos tomaremos una "a vuestra salud" en el pub L'Antic, en Vila-real, lugar talismán de la editorial EDISI, y como el bueno de Francisco Umbral, hablaremos de mi libro.

 Gente guapa... y yo (de izquierda a derecha: 
Sicilia Nuño, Emilio Navarro, Rosario Raro y el que suscribe)

Sin embargo, como tuve la oportunidad de confirmar hace apenas dos días, el pistoletazo de salida tendrá lugar en un lugar muy cercano a mí; tan cercano, que está a un tiro de piedra de la antigua herbolaria de mi abuelo, de la juguetería donde me ayudaron a ser niño, de mi primera falla... Con amigos, con familia y con vecinos, tendremos un café-tertulia (sí, y venderemos libros), en la cafetería Tots, calle Justo Vilar, 25.

Aquí nos vemos el próximo jueves...

Más allá del saldo económico (que supone un lento pero continuo goteo, lo que siempre es de agradecer), el saldo de sensaciones está siendo muy positivo: cuando la respuesta ante la pregunta ¿te está gustando Tierra muda? viene a ser una mezcla entre me lo acabé en tres días y se me hizo de madrugada, porque no podía dejar de leer, uno no puede sino sentir orgullo. De momento, que es lo más importante, nadie me ha dicho que lo usa para calzar una mesa ni que es una lástima que no lo lleve encima para poder tirármelo a la cabeza; en los tiempos que corren, es de agradecer.

Pues, lo dicho: seguimos para bingo. No sé si tendré la suerte (o la desgracia) de que alguien se atreva o anime a diseccionarlo en su blog personal, pero de momento la cosa funciona. Que dure es lo importante...

José Vilaseca