Acostumbro a decir que, de pequeño, cuando comencé a escribir aporreando con saña esa vieja Remington que me regalaron mis padres, quería ser Stephen King: veía su biografía en la contraportada de aquellos libros que mis padres, de nuevo, adquirían en Círculo de Lectores y pensaba que algún día sería como él, un tipo con estudios universitarios, dando clase aquí y allá y, sin perder comba, perpetrando alguno de los libros más vendidos de la época. Luego descubres que no todo eran claros en las sombras del maestro del terror, pero eso ya te preocupa menos.
domingo, 23 de marzo de 2025
DE MAYOR QUIERO SER BLASCO IBÁÑEZ
viernes, 21 de julio de 2023
Así son los amigos
Tengo la enorme suerte de estar rodeado de buena gente: mis amigos. Algunos de ellos dejan de serlo con el tiempo, y me duele infinito; pero mientras son parte de mi vida no pierdo la oportunidad de ayudarles, aconsejarles y hablar de ellos, y con ellos, siempre que puedo. Pienso en sus vidas y en sus proyectos más de lo que imagináis.
Pienso en Miquel Sanchis @miquel_libros73 y en la aventura que le ha llevado hasta la Feria del Libro de Valladolid, con dos libros maravillosos (en breve verá la luz el tercero).
Pienso en la fértil imaginación de Javi García @xavivigarcia y en esa fortaleza incansable de quien sabe que al final llegará a buen puerto.
Pienso que, si la vida fuera justa, los miles de seguidores de Narciso Martín @narcisomartinh compraría en todos sus libros y lo convertirían en el autor superventas que merece ser.
Pienso en Carlos Reyes @carlos_reyesxv y en la esperanza de que cada nuevo libro suyo sea aún mejor que el anterior. Su genio literario merece ser compartido y disfrutado.
Pienso en David Mateo y en su mágico proyecto @rebomboricultural que nos demuestra que otra forma de hacer cultura es posible.
Pienso en Juan Carlos Galindo @jcgalindo_ y en que, en un mundo mejor, mi amigo sería presidente plenipotenciario de la Alianza Rebelde, y ganaría las elecciones a Presidente de la Galaxia por aclamación.
La retorcida diferencia entre criterio y censura
Si gobierna la izquierda es "criterio". Si gobierna la derecha es "censura"
Ese cajón de los libros inéditos
Queridos lectores y amigos, comparto con vosotros una nueva entrada en este blog, tan abandonado y que tan divertidos momentos nos ha traído a lo largo de los años.
Mi nueva novela, "Sed", va llegando a su meta. Una nueva incursión en la intriga apocalíptica, como lo fue "Tierra muda" (que en breve verá la luz en su segunda edición), un terreno en el que me siento sinceramente muy cómodo. Sin embargo, quizá esperará meses, incluso años, en ese cajón que todos los escritores tenemos para las obras sin suerte o que merecen un mejor momento.
jueves, 26 de mayo de 2022
Leer en Madrid: En la novela histórica se trata de contar una hist...
En la novela histórica se trata de contar una historia apasionante - José Vilaseca Haro, escritor
Cómo surgió el “en pildoritas”.
La idea procede de una sección en la radio, que mantengo después de casi diez años. Se trataba de contar historias breves de la ciudad de Valencia que tuvieran que ver con leyendas, curiosidades, personajes célebres, hitos y anécdotas, en no más de cinco o seis minutos. Poco a poco, los oyentes se animaron a pedir que les diera forma de libro y, finalmente, publicamos el primer "Historia de Valencia en pildoritas" en 2015, con mucho éxito.
Cómo se escoge lo que vas a contar en un “pildoritas”, cuál de todas las que has escrito es la más vendida.
Pues a la hora de seleccionar, trato de que haya un poco de todo, tanto a nivel de poblaciones, si es una región, cubriendo al máximo las distintas comarcas; como de fondo, mezclando leyendas clásicas, milagros, hechos inexplicables, hazañas y récords..., manteniendo el espíritu del anecdotario clásico pero con una sensación fresca y moderna, dirigida a todo tipo de lectores.
Probablemente la más vendida sea Historia de Valencia en pildoritas, cuya 5ª edición está a punto de agotarse y pronto abordaremos la 6ª.
Además, eres autor de novela histórica con títulos publicados como Gladius Hispaniensis que fue finalista en el Certamen de Novela Histórica Ciudad de Valeria (Cuenca). ¿Cómo se llega mejor al público “en pildoritas” o con la novela histórica?
Hablaba hace poco con un lector que hay un libro para cada persona... e, incluso, para cada momento. Las "pildoritas" tienen la ventaja de que son de fácil lectura, ideales para quienes tienen poco tiempo o prefieren un entretenimiento ligero, pero sigue habiendo mucho lector de novela clásica que busca una historia compleja y extensa. Siempre me he sentido más cómodo en este terreno, pero he de admitir que las "pildoritas" tienen un público fiel y que siempre apetece dedicar un tiempo de tu vida a conocer un lugar, sacar las anécdotas más llamativas y presentarlas al público.
Hay algún período histórico quizá menos difundido en novela histórica y que merecería más atención y por el contrario, cuál crees que es el que más fascina a la gente.
Últimamente el género histórico en novela ha atraído a muchos lectores y, por tanto, a muchos escritores que han conseguido abarcar prácticamente todos los periodos de la historia, introduciendo subtramas muy interesantes: intriga, romance e incluso terror. Es difícil no encontrar una época que tenga su buen puñado de novelas interesantes, aunque seguramente la época íbera previa a la conquista romana sea la gran desconocida tanto a nivel de investigación como de novelización, por así decirlo. En cuanto a la más publicada, la obra de Santiago Posteguillo ha animado a la gente a volver a buscar en la Roma clásica, mientras que muchas autoras han rescatado profesiones eminentemente femeninas (costureras, sobre todo), con tramas muy completas, que atraen el foco al periodo de entre siglos.
Cómo logras no ahogar la trama con los datos a la hora de escribir una ficción histórica.
Para que una novela histórica no acabe confundiéndose con un ensayo, lo mejor es trabajar el diálogo y procurar que los personajes (sean reales o ficticios), resulten lo más humanos posible, encajen bien dentro de la trama y sean capaces de ayudar al narrador a explicar lo que ocurre sin que, como bien dices, se ahoguen en datos y en detalles que no siempre son trascendentes para la narración, pero que muchas veces nos empeñamos en contar para que todo resulte más "purista", por así decirlo, y que el lector quede epatado de "lo mucho que sabe del tema" el escritor, cuando en realidad no estás tratando de hacer divulgación sino de contar una historia apasionante.
Qué estás escribiendo ahora
Actualmente estoy terminando una novela muy extensa y compleja con la que llevo la friolera de 25 años, titulada Ángela y que acompaña a tres personajes al filo de la navaja y dentro de una trama de intriga sobrenatural, ambientada principalmente en la ciudad de Valencia. Dada su extensión, la estoy escribiendo como un puzle, es decir, redactando capítulos sueltos que tengo frescos en la mente para, después, proceder a unirlos y darles coherencia; no siempre es sencillo escribir así pero te permite poder plasmar sobre el papel los capítulos que mejor encajan con tu estado de ánimo.
miércoles, 15 de diciembre de 2021
Rompiendo tabúes con el suicidio y la salud mental
La triste pérdida de Verónica Forqué y las informaciones que apuntaban a su supuesto suicidio vuelven a traer a la palestra un par de temas abiertamente controvertidos: la salud mental y el suicidio. Parece que hay miedo a hablar de estos temas, que la corrección política (o el temor a la imitación), nos anima a pasar de puntillas por el asunto y acabar afirmando que son “cosas que pasan”.
Y, es cierto, son cosas que pasan… más a menudo de lo que parece. La presión profesional, los divorcios conflictivos, el consumo de drogas, la ruina económica o problemas graves de salud mental empujan a personas, más de las que nos imaginamos, a acabar con su vida. No sólo es un drama sino que parece que nadie se pregunta por qué realmente alguien quiere “quitarse del medio” y cómo respondamos socialmente nos valorará en conjunto: si seguimos dando la espalda a esta realidad, al final, somos cómplices de la misma.
La “solución” que algunos iluminados han encontrado es,
pásmense, cancelar “Masterchef” porque, claro, fue “la puntilla mató” a
Verónica Forqué. Esto me recuerda al dicho del dedo que apunta a la luna y el
necio sólo mira al dedo. Nadie se pregunta qué le ocurría a Verónica, si estaba
preocupada por su salud, por su trabajo, si se veía sola o mayor, si había
tenido alguna grave decepción en su vida o el lastre que traía tras de sí.
Ante estas dudas nos tenemos que preguntar: ¿está preparada
la Sanidad Pública para atender la demanda de “paz mental” de millones de
personas? Citas que se atrasan durante meses, medicación sistemática y
tratamientos en ocasiones discutibles o contradictorios entre sí. O, peor
todavía: ¿estamos preparados a nivel personal para tener cerca de nosotros a
alguien inestable emocional o psicológicamente? Más allá de bonitos mensajes en
redes sociales, velas y oraciones, ¿detectamos y tendemos una mano a quien nos
da mensajes claros de que está al borde del precipicio?
Soy el primero que admite mi incapacidad o mi distancia, en
ocasiones, respecto de esas personas. Quizá porque no son de mi círculo
personal y considero “invasivo” preguntarles abiertamente “si están bien”, o
por temor a una mala reacción. Igual que estamos preparando a la nueva
generación para evitar el acoso, el machismo, la homofobia… deberíamos trabajar
la empatía por el prójimo y saber que una sonrisa, un saludo, un café o una
visita hace más bien que una caja de Diazepam.
Gracias por leerme.
martes, 30 de noviembre de 2021
Los muertos siempre salen a hombros
LOS MUERTOS SIEMPRE SALEN A HOMBROS
Llevamos varios días soportando una mezcla entre alabanza eterna y plañido desgarrado (la publicidad en redes del tema que focaliza "Lo País" roza la náusea), por la muerte de Almudena Grandes. En general, lo poco gusta y lo mucho cansa y yo tiendo a cansarme enseguida, básicamente porque. como afirma mi buen amigo Víctor Rutea, "la normalidad está sobrevalorada" y servidor tiene poco de normal.
Para mí, Almudena Grandes es el Joan Fuster de la izquierda castellano-parlante de finales del XX y principios del XXI: una escritora del montón (sí, ya se pueden rasgar las vestiduras), hinchada de forma artificial por la recua de palmeros de turno (Grupo PRISA a la cabeza), para convertirse en un referente "de las nuevas generaciones".
A ella debemos ese refrito posmoderno de "Lolita" llamado "Las edades de Lulú" (ver en la adaptació cinematográfica a Óscar Ladoire afeitándole el felpudo a una Francesca Neri con 26 castañas haciéndose pasar por una Lulú de la mitad de edad no tiene precio), o declaraciones tan jugosas como que "fusilaría a dos o tres voces de comunicadores a diario" o detallar "el goce que una monja (violada), sentiría al ser asaltada por un grupo de milicianos jóvenes y sudorosos" durante la Guerra Civil son sólo detalles de una existencia marcada por el servilismo de los medios afines y de sus lectores afines, valga la redundancia.
Discutía con el bueno de Paco Arenas (al que espero que le vaya bien siempre, incluso haciendo puñetas que fue donde lo envié), en un hilo convenientemente borrado por Miquel Sanchís (nunca valoraremos lo suficiente su magnífica labora de moderación en los grupos literarios que encabeza), sobre cuestiones como su "calidad literaria" o su "honda huella humana", teniendo en cuenta que no solo cojeaba del pie izquierdo sino que era alabada e incluso premiada por ello.
En un solo mes hemos disfrutado del akelarre mediático contra Carmen Mola (al descubrir que, en realidad, eran tres hombres escribiendo en comandita), y la "salida a hombros" de Almudena Grandes (básicamente porque se ha muerto... y porque era "de los suyos" y, claro está, los suyos siempre son perfectos aunque escriban con la nalga izquierda).
Y esto, señoras y señores, es el "fusterianismo" literario, justo a un mes de que nuestro President declare 2022 como "el año de Joan Fuster": literatos mediocres a los que se les perdona todo por ser quienes son (Fuster era un declarado falangista, hijo del alcalde franquista de Sueca), o a los que se les alaba todo por ser quienes son (aunque se alegre de que violen monjas o quiera fusilar a los comunicadores que no le gustan). Estamos en la época de que no importa el "quién" sino el "qué". Lástima.
Tanta gloria encuentre como paz deja, señora Grandes.




