miércoles, 11 de febrero de 2009

Lo que vale un cadaver...

Veo poco la televisión. No por un elemento progre-cultureta, sino por un aspecto práctico: Es del todo estúpido ver un minuto de anuncios por cada tres minutos de programa, cuando ese programa lo puedo conseguir de forma legal, o ilegal, sin necesidad de que me recuerden que Ariel lava más blanco o que mi coche es una caca de vaca y que no me gusta conducir porque no luzco BMW bajo mis cataplines. La penúltima vez que fui capaz de permanecer más de dos horas frente a un canal de televisión, caí en la tentación de pulsar el "1" en varios descansos publicitarios y me encontré a Aída cantando A las barricadas, a los parapetos durante la gala de los Goya (aún siento escalofríos), así que...

Sin embargo, aún soporto los canales tradicionales gracias a las series (C.S.I, House, Camera Cafe, El Mentalista...) y por Sé lo que hicisteis... que, aunque últimamente más gamberro e incluso en ocasiones barriobajero, sigue ofreciendo una panorámica bastante realista (o sea, desalentadora), de lo que es el periodismo rosi-amarillo en nuestro país. Y gracias, precisamente, a los resúmenes que este programa hace de la carnaza de la competencia, me he enterado de la penúltima que ha tenido que ver y vivir el espectador patrio.

Como no me apetece extenderme demasiado en flagelar al infiel, precisamente porque a base de flagelos y cilicios hacen caja estos mataderos televisivos, comentaré que hace una par de semanas, el cantaor, bailaor y atropellaor Farruquito, hizo su aparición en plató después de cumplir una parte de la condena que el juez le impuso por arrollar mortalmente a un peatón, darse a la fuga y acusar luego a un hermano, un cuñado o un primo (porque la etnia a la que pertenece tiene, sobre todo, primos... y a nosotros también nos toman como primos de vez en cuando).

Tamaña demostración de honor y valor, que de haber sido al contrario (payo atropella a gitano), se hubiera resuelto a base de tiros y navajazos (baste recordar el triste caso del camionero en Nazaret... ), aquí se recompensó con un jugoso cheque y una horita y media de caras largas en prime time (lo que ya no debe sorprender a nadie, viendo lo de Julián Muñoz o lo de la novia de Antonio Puertas, el agresor del profesor Neira, y su puñetero padre -el de la novia, evidentemente-).

Después de preguntarle una serie de chuminadas, en lugar de escupirle a la cara y marcharse del plató como deberían haber hecho de tener un mínimo de decencia, los periodistas jugaron a ser más éticos que nadie, abriendo un debate acerca de lo adecuado de la presencia del zapateador en dicho programa, que es la manera que tienen muchos plumillas del corazón de justificar su labor después de entrevistar a gentuza con determinada catadura moral...

Hasta aquí, nada escandaloso visto los mimbres que tenemos para hacer según qué cestos... Pero lo que ya me ha crispado definitivamente y me ha animado a apretar el botón de se pare el mundo que me bajo en la próxima ha sido comprobar cómo a un concursante de un reality recién estrenado de esos que da la vuelta al mundo en 80 días tipo Willy Fogg, se le animaba a abandonar (que es una manera sucia de decir te vas o te tiro), porque, más de una década atrás, mató a sus padres.

Partamos de la base de que un parricidio me parece una aberración con escaso perdón, pero... ¿qué clase de moral decimonónica nos anima a pagar a un calé para que cuenta en directo sus miserias después de atropellar a un hombre, y nos horroriza que otro, que a buen seguro hubiera preferido olvidar su pecado de juventud, se presente en un concurso y sea expulsado por un pasado que no hay querido airear?. ¿Qué diferencia, aparte de la fama, la imagen y la puta corrección política, hace más perdonable un crimen que otro?.

Empieza a dar miedito que los quince minutos de fama de cada cual den para tanto... y que haya tan pocos escrúpulos a la hora de dar bola a delincuentes frente a la caja tonta...

JOSE VILASECA HARO

lunes, 2 de febrero de 2009

A mí es que los Goya me tocan lo que rima...

Ayer, decidido a no soportar la ceremonia de entrega de los Premios Goya, organicé mi velada con un entrante de Sr. y Sra. Smith, un picoteo de zapping evitando La 1 en la medida de lo posible, y un postre de Aliens, el Regreso, que disfruté hasta que el sueño me venció, a eso de las 2 de la madrugada.

Por desgracia, uno es humano y, en algún que otro descanso publicitario de la correcta película de la Jolie y Brad Pitt, se me escapó el mando y aterricé entre glamour y horteradas, buscando con cierta esperanza ver la entrega de un premio. Mala elección. Las pocas veces que la tentación me venció acabé viendo a Carmen Machí, bastante horrible embutida en un modelo que no le favorecía en absoluto, tratando de improvisar chascarrillos modelo progre sobre el Opus, las escuchas del PP madrileño y otras memeces que me recordaron que, por desgracia:

1.- Ayer fue la fiesta de los perroflautas subvencionados que se manifiestan siempre que pueden al lado de Peta Zeta.
2.- Todavía se reúnen anualmente para quejarse de la crisis del cine español, rollo que les dura desde que Sara Montiel se fue a hacer las Américas con el virgo intacto (más o menos cuando los dinosaurios se cazaban con lanza...)
3.- El maikeljakson
y 4.- Y todo esto luciendo bolsos de Prada y vestidos de Valentino, frente a un país del cual 3.200.000 de fulanos están en el paro, que se dice pronto.

Si no es motivo suficiente para flagelarlos a todos, puestos en fila, con las obras completas de José María Pemán, como mínimo, es que esta es una vida muy injusta.

Echándole cojones a la cosa, y después de pensar dónde estará el espíritu comunista de la prota de Aída, que mientras se cisca en el capitalismo vía coña dominical, debe sonarse los mocos con los billetes que le ha reportado su serie poligonera en Tele 5, me quedo unos minutitos para ver cómo se premia a una muchacha por participar en una película rodada por un americano fóbico a los galardones, y para ver cómo un puertorriqueño se lleva el gato al agua por hacer de argentino en una película rodada... por un americano.

Abro un paréntesis para preguntarme si los retrasados mentales que organizaron el baño de multitutes para Pe y Benicio, fueron los mismos que el pasado año, o el anterior, se pasaron por el arco del triunfo a otro Del Toro, Guillermo en esta ocasión, olvidándose de la españolidad de El Laberinto del Fauno y perdiendo la oportunidad de rascar un saco de premios es Jolivú, que es donde verdad valen las estatuillas y no ese busto de Goya de baratillo con la cabeza rajada por una cámara de las viejunas...

Supongo que con ese mismo rasero debieron de preferir a la histérica de López de Ayala en lugar de a la sobria Nicole Kidman (quizá por ser demasiado americana... a pesar de ser australiana), o de haberse olvidado por completo en esta edición de los protagonistas internacionales de Los Crímenes de Oxford.

Se olvidaron igualmente los rojillos de turno de los pañuelos palestinos y de las peganitas de No a la guerra... a pesar de que hay misiones militares españolas en medio mundo pero, claro está, ahora no hay ningún presidente del PP, sino un amigüito gracias al cual la mitad de los presentes en la ceremonia se dejaron filmar en un video de infausto recuerdo haciando la "^" con los dedos sobre la ceja, supongo que indiferentes de si el candidato Rodríguez Zapatero, mentía o "se equivocaba" acerca de la crisis, del pleno empleo, y de tantas otras cosas más que, a los Bardemes, Bosés, Victor Belenes y Anas Manueles se las debe traer al pairo porque, como buenos comu-socialistas que son, ellos con quejarse de la piratería tienen suficiente.

Salvando a los muchachos de Muchachada Nui, que demostraron que la mitad de la platea no tenía ni puta idea de humor, pues preferían reírse del traje de piscina y la barba de cuatro días del cada vez menos gracioso Corbacho, antes que de las coñas marineras de los chanantes, poco más se puede sacar del festín, salvo a alguna jaca espectacular (léase Jose Toledo), y una sensación de tedio que no se esfuma ni con un retardo de 30 minutos para cortar paja.

Lo dicho, que como soy un facha malote, esta demostración de buenrollismo me sentó como una patada en los cojones, sobre todo porque me enferma que gente que cobra en un mes lo que yo cobraría en una vida venga a dárselas de antisistema y que no sientan vergüenza alguna en el proceso

JOSE VILASECA

lunes, 12 de enero de 2009

Miniaturas que se reproducen por esporas (Los misterios del almacén...)

Hola a todos, y Feliz Año:

Siento esta prolongada ausencia. Para los que me apreciáis, simplemente confirmar el hecho de que una familia, una casa, un trabajo y muchos hobbys son combinación suficiente como para tener poquito tiempo libre y la cabeza algo embotada; para los que me odiáis, pues no os voy a quitar la ilusión vital de imaginarme maquinando maldades, robos de correos, suplantaciones de personalidad y un largo etcétera de perversas don pimponadas (seguro que a estas alturas, el Cortizo de los cojones esta sacudiéndose la colita. Démosle un segundito que termine y se una a la fiesta...)

Como iba diciendo, a pesar de que son épocas de saturación post-navideña, resulta un buen momento de hacer balance de lo divino y repaso de lo humano... y stock en el almacén. Y, no me preguntéis cómo, en nuestra tienda, de año a año, las miniaturas deben aparearse y criar, porque crecen en cantidad y diversidad hasta el punto de perdérseles la pista...

Hablaba Terry Pratchett, jocoso autor de la saga Mundodisco, que las bibliotecas crean agujeros negros y portales dimensionales que consiguen acumular más libros de los que físicamente cabrían en el espacio de las mismas. Supongo que El Corazón del León tiene también alma de biblioteca mágica, y las minis aparecen como por arte de hechizo, y crecen como hongos en tierra húmeda, hasta el punto de completar ejércitos de los que jamás había comprado antes una sola miniatura, por poner algún ejemplo.

Ya sé que buena parte de esas miniaturas acaban en las cajas y cajones por un motivo menos lírico, y que son producto de la simple y seca mala baba de algunos de nuestros antiguos clientes. Así, gentuza que no tiene reparo en escarbar mi correo electrónico a ver si lo encuentra en Badoo o en Potamicuerpo (Miki Díaz y Javi El Escayolista Embarazador son dos ejemplos que descubrí, casi por casualidad, cuando alguien trató de enlazarme a una de esas webs donde no solo no he estado nunca, sino que no se me ha perdido nada), son algunos de los que se marcharon demasiado deprisa como para recoger alguna de sus miniaturas que, ahora, dormitan por los rincones del local.

Más sangrante puede ser el caso de Merovingio, niño rico venido a menos del inefable Grupo Boxx que, después de encargar miniaturas pintadas hace como cuatro largos años, no solo no ha vuelto a pisar la tienda (ni se le espera, sinceramente...), sino que no tiene reparo en que el masturbador citado en el primer párrafo intente (sin éxito), reivindicar su estupidez reclamando a grito pelao y en foro desértico que, aparte de almacén gratuito, nos convirtamos en un SEUR de los sin-techo y nos dediquemos a devolver las miniaturas perdidas puerta a puerta.

Extendida es la moda del Oye, ve tu a la tienda del cabrón ese y pídele mis miniaturas, que a mí me entra la risa..., reservada generalmente a los gallos menos valientes del corral. Mi consejo SIEMPRE es que nadie sea mensajero de cobardes, y, además, la norma de la tienda reza desde hace tiempo que si uno es capaz de insultar y de ofenderse en persona, qué menos que haga lo propio cuando toca dar la cara y que te la coloreen, a fuerza de perder o recuperar tu material. Mal me sabe que algún amigo de la tienda se vea entre la espada y la pared por culpa de la doble moral de otros...

Evidentemente, no todo es maldad y rencor en la reproducción miniaturil... Simples olvidos, o gente que no sabe qué hacer con una miniatura después de un tiempo y prefiere que se la quede la tienda. En estos casos, apelamos a la memoria del abajo firmante, que trata de recordar no sólo de quién es cada miniatura, sino cuando la "abandonó" en el refugio de la tienda, y que espera un tiempo prudencial (a todas luces, excesivo), para "apropiarse" de la misma, con más resignación que alegría. Así, tenemos baterías completas de lanzavirotes, unidades de tres tipos distintos de elfos, incontables pieles verdes, y todo tipo de pieza tanto de fantasía, como de ciencia ficción, históricas e inclasificables.

Como se dice el pecado y no el pecador, y no me apetece recibir una súbita e improvisada retahíla de visitas de (ahora) indeseables ex-clientes, palmeros y tocahuevos semi-profesionales, para que comprobemos que el delito de abandono de miniaturas (y no solo miniaturas) está bastante extendido, comentaré que en las mazmorras del Vil Vilaseca sobreviven brujas elfas del secretario de una Asociación venida a menos, esqueletos y no tan esqueletos de un activo Gran Fortalezo (que siguen sin pintar, mientras sigan sin pagarme...), olvidos alicantinos que tampoco dan pésames (ni puñetera falta que hace), alguna que otra miniatura de Alejandro Magno de las que el presidente de cierta Asociación se olvidó ROBAR el día que intentó saquear nuestras estanterías (supongo que todas las regalaría al concejal de turno, ese que le ayuda con los mangoneos de las subvenciones, y luego lo putea cambiándole de local, la última semana, el Torneo warhammil...).

También tenemos venablos hindúes del hijo del padre que tanto gritó por teléfono y tan pocos cojones ha tenido de hacerlo delante de mi feo careto, y zombies mal pegados del patrocinador de Ramones (nada que ver con el grupo de rock). Por no hablar del propio Ramón que, ahora que su embarazador particular se lo paga todo, todo y todo, debe haberse olvidado de que una vez jugó a Warmachine... Y, por último, tengo un par de piezas de un señor que no ha hecho honor a esas cinco letras, y que ha inspirado este artículo; y que, como le dije a mi querido egipcio después de que trataran de colocarlo de mensajero vía telefónica, mejor que se pase él en persona...

Como os dije, la vida del tendero friki no solo es diversión, juegos, campañas y Torneos, ganancias y pérdidas, y clientes que entran y salen de la tienda según el viento que sopla... Por desgracia, la vida del tendero friki son estas y muchas otras miserias que ya habéis leído, o que aún os quedan por leer. Menos mal que la vida nos coloca a todos donde nos corresponde...

JOSE VILASECA

martes, 18 de noviembre de 2008

"Emos", "canis", "malotes" y otra fauna urbana...

La ventaja que te da ser y haber sido un lobo solitario toda tu puñetera vida, es que te la trae al fresco la identidad social y la sensación de pertenencia; en una familia donde padre y madre han sido hijos únicos, y las celebraciones se completaban alrededor de una mesa pequeña con media docena de cubiertos, la idea de formar parte de un todo más grande no era precisamente necesaria. Así, cuando todo el mundo, respondiendo a la llamada de sus hormonas, quería formar parte de las primeras tribus urbanas (que no eran tribus, porque no levantábamos un palmo del suelo, ni tampoco urbanas, pues no podíamos salir de las cuatro calles cabañaleras que frecuentábamos de chiquillos), yo me quedaba mirando con cara de pasmo, sin saber qué era yo exactamente... En aquel tiempo, cuando un rockabilly todavía era distinguible de un rocker, o cuando los heavys sentenciaban que Europe (muy de moda entonces), eran una panda mariquitas, las tribus urbanas se limitaban a llevar un look, una pose, y creer que tu música molaba más que la del vecino. No digo que no hubiera elementos radicales, pero eran los menos, y podías ir por la vida con tu pose, o con ninguna, y salvo que frecuentaras el territorio del enemigo más extremista, no te pasaba nada, salvo que alguien te mirara mal (y entonces, mirar mal no mataba a nadie...) Ahora, los looks y las poses se han multiplicado. En algunos casos, como los góticos moderados, o las lolitas, no hacen daño a nadie (salvo a la vista de los puristas...), mientras que otros tienden al sufrimiento propio (emos, góticos radicales...), o ajeno (canis, skins, sharps...), bien sea por chulería o por simple aburrimiento. Si antes servidor no era lo suficientemente guay para estar en una tribu, ahora, con los vientos de soplan, no me apetece nada vestirme de lagarterana y evitar que un enemigo que me odia me parta la cara porque su mente cerril le impide ver más allá de su pelo cenicero o su gorra calada hasta las cejas. Abro un paréntesis para recodar que, aunque friki, no me pone nada potroso vestirme de Naruto ni abrir debates encendidos acerca de si es más poderoso Hiro Nakamura con dolor de muelas o Magneto recién salido de una ferretería, así que tampoco creo formar parte de esa curiosa tribu urbana tendente al travestismo o a la discusión estéril. Al menos, no de su rama dura... Últimamente, con algo de tiempo para navegar por internet de forma ociosa, y cercano a la realidad de muchos chavales conflictivos a causa del trabajo, tengo que admitir que buena parte de la carga agresiva de estas tribus urbanas (o, al menos, de las que se dedican a predicar con el bate de béisbol), está motivada por una ignorancia supina y una falta de afecto tan marcada que les obliga a hacer las mil estupideces para sentirse parte de algo, aunque ese "algo" sea tan dañino como una úlcera sangrante. Respecto a la ignorancia, no hay más que leer algún foro donde se reúnan cachorros de la misma especie, o intercambien ladridos entre tribus. Llamarse La_gItAnIka o sHe_KaLoRrOn y no caérsele a uno los cojones al suelo es como para hacérselo mirar, por no hablar de esos fotologs infames con caras de malos muy malos y frases de un castellano tan depurado como aki la penya toa lokaaaaaaa kon shurmano i shuprimo. Si tratar de torturar el castellano ya tiene su delito, el torturarse a uno mismo, dejarse los brazos hechos un cisco y pintar ojitos llorando sangre y tías sacadas de La Novia Cadáver con ribetes color rosa, para terminar haciéndose afotos en plano picado para destacar más ese pelaco lengüetazo de vaca termina por revolverme el estómago, y sobre todo pensando que unos y otros tendrán que hacer grande España cuando servidor vea cerca su jubilación. Como se supone que soy un nazi facha del mal, no hablaré aquí de las tribus urbanas con calado político, skins y sharps, por dos razones: Primero, porque me conformo con que me odien los gilipollas integrales de siempre, antes que lo haga gente nueva y mucho más... decidida; y segundo, porque radicales políticos ha habido en este país desde que nos tocamos la cara hermano contra hermano y dejamos un millón de muertos de herencia, así que no hay nada nuevo bajo el sol ni las pieles que brillan, y en este caso queda poquito, poquito que inventar... Realmente no es una cuestión de tolerancia o no hacia las tribus urbanas, sino de tolerancia cero hacia la estupidez; así, un tipo que cobra por jugar en un campo de baloncesto porque es su territorio, que acepta pruebas de valor para hacerse digno de la sect... digooo, de la tribu, que saluda como si fuera un tontodelhaba salido de una peli americana de coña, y que baila al ritmo de la gasolina con pinta de chuloputas, rodeado de nenas en bikini con pinta de putas del chulo, solo me merece lástima. Porque mear los árboles para marcar territorios, dejarse dar por culo para demostrar sumisión, cambiar el registro de los trinos en época de celo y exhibir cornamenta alrededor de las hembras, solo lo hacen los animales... Y, como decía al principio, un lobo solitario rodeado de mandriles, de tiburones, de rémoras, de cobayas, de águilas bicéfalas y de perros gorileros, me parece el más razonable de los animales... JOSÉ VILASECA

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Deme una limosnita, que soy un pobre banquero...

Estamos en crisis, duduá duduá, y eso no lo remedia ni el Tato, ni Peta Zeta ni Cristo que los fundó. Los tiempos de la ligera recesión, de la desaceleración económica y del lenguaje políticamente correcto han sido muertos y enterrados por los doscientos mil parados del mes de Octubre, por el Euribor encabritado y, sobre todo, porque cuando hasta hace poco pedías un crédito de 200.000 y te ofrecían alegremente el doble y sin aval, ahora pides lo mismo que cobras al mes... y les falta escupirte.

Como según algunos soy un facha pepero, cerdo capitalista comedor de mazapanes de marca y adorador de Katol, esto no me debería importar, porque, por desgracia, las crisis suelen afectar antes y más acusadamente a los que pasan justitos con 1000 euros al mes que a los que nadan en la abundancia... pero sí, me afecta, me jode y me cabrea, a partes iguales.

Y me afecta, me jode y me cabrea porque precisamente esa banda de pedigüeños vestidos de Armani y con Juntas Generales donde el champán corre sin mesura (léase banqueros), los mismos que durante los tres primeros trimestres del año han declarado a bombo y platillo ganancias multimillonarias, ahora resulta que se han quedado sin un clavo (o eso dicen ellos), y no te prestan un céntimo (salvo a través de sus sociedades B, es decir, las empresas de usura encubierta tipo CreditoExpressdeCojones, que te siguen dando dinero al 25% de interés, que es más o menos asaltarte por el camino con un arcabuz, pero sin arcabuz y sin disfraz...)

Y esto lo podemos llamar como nos salga del pijo, pero como soy un tío inculto y poco leído lo llamaré por su nombre: Perra avaricia. Ni más ni menos. El que quiera entender, de forma llana, el por qué de la crisis, le recomiendo el blog La crisis ninja, muy de moda actualmente (y merecidamente), por explicar de manera rasa conceptos que a veces se nos escapan... pero que se resumen sencillamente en que, durante casi una década de bonanza, los bancos te daban dinero a espuertas de forma casi incondicional en forma de hipotecas, viendo que la tendencia alzista del mercado inmobiliario hacía que, incluso en el peor de los casos, ganaban dinero por el sencillo método del te doy 10 para que compres una casa que vale 5, la amuebles y te agencies un cochecito familiar de paso; me pagarás mientras tengas y, si no tienes, te embargaré la casa, que entonces valdrá 20, 25 o más, y habré recuperado parte del dinero prestado y mi inversión en forma de inmueble.

Y esta teoría cojonuda se les fue al garete cuando todo hijo de vecino nos dimos cuenta que, por muy bonito que parezca, algo no solo vale lo que vale, sino que también depende de las ganas de comprarlo que tenga la gente. Así, nos encontramos con billones de pisos que valen 10 y la inmobiliaria de turno (generalmente animada y jaleada por los propios bancos), te lo quiere vender por 20, y resulta que a ti no te apetece gastarte ni 10 ni 20, porque no los tienes y porque no es tan sencillo plantearse un proyecto vital de 30 años con contratos basura renovables de 6 en 6 meses, o cuando la supervivencia media de un matrimonio está en 2 años más o menos...

Entonces, como el mercado inmobiliario se estanca en vez de crecer indefinidamente (uno de los fallos fundamentales de la teoría capitalista de crecimiento ilimitado...), nadie vende, y ese mercado pujante que era el inmobiliario se va a mamarla a Parla; llegan los impagos, las subastas y los lloros, pero entonces los propios bancos se dan cuenta que aquello que reciben a cambio de lo que reclaman vale mucho menos de lo que realmente se pensaban... pero como es el aval válido, te jodes y bailas, no haberlo tasado como lo tasaste, burro, que eres un burro...

Ante killones de pisos parados y sin poder vender, los bancos se ponen nerviosos, desconfían del vecino, del cliente fiel y cierran el grifo. Y, así, todos los que funcionan con líneas de créditos, pagarés, letras, etc... se quedan cruzados de brazos. Los que quieren hacer una reformita en casa no encuentran financiación, así que las casas de reformas se quedan cruzadas de brazos, y los que venden a crédito reciben el mazazo de que las condiciones que antes valían ahora no valen, y te toca esperar a la hora de cambiarte el ordenador, la nevera o la cocina, porque la tienda de electrodomésticos no te lo puede vender... porque nadie avala esa linea crediticia, y se quedan con los brazos cruzados y el ordenador nuevo, la nevera reluciente o la cocina de nueve fogones criando polvo en el almacén.

Y como en ningún país se genera riqueza y empleo estando de brazos cruzados, con el stock polvoriento aparcado en el almacén y con los bolsillos vacíos, empiezan los recortes, los despidos, las apreturas de cinturón y aquí mariquita el último; como a río revuelto, ganancia de pescadores, las empresas menos escrupulosas aprovechan el follón para largar a la gente de mil en mil con los expedientes de regulación de empleo en la mano, y los despedidos, en lugar de irse a casa como borregos (que es lo que el empresario esperaría), llorando como la zarzamora por los rincones, se dedican a cabrearse y a quemar neumáticos. A las barricadas, a los parapetos y no nos moverán...

Ante este panorama, jodido y nada contento, el Gobierno (este, aquel o cualquiera), se ve en la obligación de inyectar pasta gansa directamente en la vena del mismo banco que, repito, hace cuatro días celebraba su superávit con faisán y champán en la sala de congresos de un hotel de lujo. Y, así, el chantaje moral del banco (es que tengo miedito y no quiero prestar dinero a nadie...), se transforma en asunto de estado.

Y aquí es donde servidor se planta y pone el freno de mano. ¿Es necesario que el Gobierno, el Estado, la Nación... o sea, usted, y yo, y ese otro que va por allá, curritos y proletarios, valientes y leales funcionarios, tenderos de miniaturas, mamporreros y sexadores de pollos todos, que pagamos magros impuestos cada Mayo y Junio... nos dediquemos a financiar la última escapadita de Botín a Baqueira Beret, o el polvo mañanero del consejero delegado de turno con la modelo neumática del Hola?. Pues bueno, pues vale, pues muy bien, pero... escúchenme antes, a ver si la alternativa les gusta...

Servidor, como casi todo el mundo (excepción hecha del estudiante de psicología que vive a costa de sus padres, el doctor comunista del chalé en La Yesa y cuatro gatos mal contados más...), he tenido que pedir algún que otro crédito en mi vida (afortundamente, siempre uno personal; los hipotecarios me dan más miedo que una china de pelo largo saliendo del televisor...). También, como casi todo Dios, tengo mis escasos ahorros en el banco (en uno cualquier, el de toda la vida... el mismo que me ha negado tres mil euritos para mis cositas, cuando, por suerte, estoy ganando al mes una cifra parecida -y sin querer despertar envidias, solo a título informativo-). Esos detalles tan sencillos significan lo siguiente:

1º.- Que tengo que pagar una sempiterna comisión, cada 6 meses, solo por tener mi cuenta en el banco de toda la vida, que ronda los 40-50€. Cosa que, según el amiguete que tengo en el banco, me ahorraría si tuviera unos 1000 euros siempre disponibles en cuenta pero, como hay cosas que aparte de no poder ser, son imposibles, pues prefiero gastarme ese dinero en comprarme mazapanes para mantener la leyenda de Kike Cortizo y no pensar en comisiones chorras semestrales...

2º.- Si alguna vez, por desgracia, por un pago inesperado o por falta de previsión, la cuenta se queda en negativo (siquiera un euro), te toca pagar otra comisión, la de descubierto. Igual que si, por cualquier razón, el banco devuelve un recibo a su emisor (la broma está entre 3 y 6€).

3º.- Cuando aún se podía pedir dinerito, y sin necesidad de jugar con el euribor, un préstamo personal no bajaba del 6-7% de interés, mientras que las famosas tarjetas liberales (Golden, Free, etc...), rondaban el 10-12%. Que es UN LEÑAZO pero es lo que hay, lo tomas o lo dejas.

4ª- Para el que haya tenido que besar los ponzoñosos labios del euribor, y teniendo en cuenta que esto son "Las Grandes Ligas" (hipotecarios de 100.000 euros en adelante), uno siente un escalofrío al pensar que el comodísimo interés variable que empezó pagando al 2% en 2003, se ha convertido en un mareante 5,38% a fecha de hoy (o, en términos mundanos, para una casita reformada pedimos 200.000€ a 30 años en 2003, y pagábamos 775€ al mes... mientras que ahora, esa casita que igual no vale ni la mitad que lo que nos costó, la estamos pagando a unos 1150€, o sea, un 45-50% más en cinco añitos... -cuando los sueldos, en esos cinco años, contando que el IPC ha sido de un 3,2% medio anual, y que rara vez los convenios respetan dicho IPC, habrá subido en el mejor de los casos un 15-20%-. Las matemáticas no engañan, qué cabronas...

5º.- Pero esto no es todo, porque las comisiones siguen ahí, aunque seamos buenos y paguemos mucho. Las comisiones por cancelación parcial o total (del 1% al 3% por lo general), nos desaniman a dar dinero a cuenta, pero es que si nos despistamos llega la comisión por retraso en el pago, que ya pasa a la pura usura, sablándonos el 20% de media convenientemente fraccionado para que se note poco.

¿Y este quejido a qué viene?. Pues muy sencillo: Si el Gobierno va a inyectar dinero a los bancos, quiero que les cobren una comisión por apertura nada más les transfieran los fondos... y que le dejen una buena propina al notario que de fé, que ese siempre arrambla cuando hay créditos de por medio. Que, en forma material o contable, mi Gobierno cobre mensualmente el 5,38% anual de interés sobre el dinero prestado y, si hay algún retraso, apliquen LA MISMA comisión por descubierto que aplican los bancos. Evidentemente, si son listos y se adelantan al pago, que la tuna de Solbes (también llamados Solbes y sus tunantes), pasen el pocillo para recaudar del 1 al 3% de cancelación total o parcial...

...y, si no les gusta, que encuentren a alguien que tenga poder y cojones a partes iguales y les expropie el chiringuito, que ya está bien de tanta tocada de huevos. Que Boyer dejó en calzoncillos a Ruiz Mateos por mucho menos.

JOSÉ VILASECA

P.D: Ahora que lo pienso, aparte de poder y cojones le hará falta algo más. Porque RUMASA se expropió, se la quedaron entre cuatro... y resulta que entre todos hemos tenido que pagar la indemnización a la familia Ruiz Mateos. Así que poder, cojones... y razones...



lunes, 10 de noviembre de 2008

Cuando los enemigos aún eran enemigos...

Si alguien le echa un vistazo a la enciclopedia (o la wikipedia), comprobará que némesis, término que suele reservarse para el adversario más enconado, correspondía a la denominación de la diosa griega de la justicia retributiba y la venganza, siendo Envidia su equivalente en la cultura romana . En términos más terrenos, y a pesar de que no aparece en el diccionario de la Real Academia, némesis representa la fuerza contraria y compensadora a otra, o el enemigo feroz y de posición diametralmente opuesta a la propia.

En la Antigüedad, los héroes tenían némesis a su altura, que probaban su condición heróica siempre que tenían oportunidad: Belerofonte y Quimera, Perseo y Medusa, Teseo y el Minotauro. Incluso héroes enfrentados, como Aquiles y Héctor, se convertían en némesis uno del otro, mostrándonos que no siempre ser némesis significaba ser un villano clásico.

Más adelante, en la Literatura, en el teatro y en el cine, los tour de force entre dos protagonistas antagónicos han llenado estanterías y plateas, mientras que los duelos míticos entre rivales políticos, sobre todo en democracias bipolares como la nuestra, han perpetuado la idea del cara a cara entre opuestos irreconciliables.

Y, después de siglos de enfrentamientos, lo que caracteriza de manera prácticamente uniforme en todos estos duelos, es que acababan resolviéndose con la espada, la pluma o la palabra. Batiéndose en duelo singular o enzarzándose en una batalla de ingenio, de viva voz o negro sobre blanco; incluso enemistades tan encarnecidas como la de Góngora y Quevedo, que llegaron al insulto personal, se cubrieron de verso trabajado y culto, un auténtico pulso de cultura.

Ahora, cuando los escudos que reflejaban la mirada de la Gorgona se han transformado en pantallas de ordenador tras la cual el cobarde se parapeta; cuando la palabra culta se ha convertido en berrido, en ladrillo y en mugido torpe, y cuando la fina poesía y la trabajada prosa se han pervertido en un me la pela, kapullo o en hazme una tríada, man, nos ponemos a pensar si no tendrán razón quienes afirma que cualquier tiempo pasado fue mejor...

Porque, a pesar de que la universalización de la cultura y el conocimiento es una de las maravillas del mundo moderno, bien es cierto que no está hecha la miel para el hocico del cerdo, y poco necesita el inepto, el palurdo y el tonto del haba en pervertir a su antojo las nuevas tecnologías, convirtiendo el teléfono, la televisión e internet en una jungla, en la que contar con una o varias némesis no significa enfrentarse a un duelo honorable ni a un intercambio dialéctico cabal, sino enfangarse en el lodo de la más infame condición humana.

Podría poner muchos ejemplos de toscos debates televisivos, incluso entre respetables miembros de partidos políticos de arrastran millones de votantes, por no hablar de los duelos a bramidos entre hip-hoperos de poca monta (pues incluso ese tipo de música tiene su código, y sus seguidores saben lo que es permisible y lo que no...), pero como este es un blog bastante íntimo y personal, hablaremos de la propia experiencia, que es la que de verdad escuece, para demostrar hasta qué punto hemos involucionado, en lugar de evolucionar, desde que los enemigos aún eran enemigos...

Para los que todavía creemos en los Foros y los blogs como vía de comunicación en internet, como gran tablón de anuncios los primeros y como diario de vivencias y opinión los segundos, las irrupciones violentas de gentuza poco leída y peor educada, pretendiendo destrozar tus más o menos sesudos argumentos con un eres un puto facha pepero, o un eres un gordo de mierda, don Pimpón o, aún mejor, nadie te defiende, está más solo que la una, nos ayudan a entender los difíciles tiempos que corremos; así, cuando antaños las némesis tenían suficiente con su fortaleza, su ingenio y su destreza para enfrentarse a uno, pasan a armarse de intransigencia, de desprecio irracional o de falso populismo para el mismo fin.

En primer lugar, no hay peor demostración de sinrazón que el integrismo. Las persecuciones políticas y religiosas han diezmado el mundo basándose en que aquel que no piensa como uno está equivocado, y el que está equivocado debe abandonar sus razonamiento o ser destruido, sin medias tintas. Lo que antes era herejía, ahora se resume con eres un facha, generalmente en boca de quien confunde la velocidad con el tocino, el progresismo con el fundamentalismo y la verdad con su propio ombligo. Supongo que esos críos educados con el temible ¡Que viene Franco! consideran que el fascismo es la panacea universal en lo que a maldad se refiere, incapaces de admitir las realidades del nacional-socialismo, del stalinismo, del integrismo islámico o del simple despotismo bananero. Así, cualquier libre expresión que no abogue por el aborto libre e incondicional, por la despenalización de la marihuana, por el feminismo más castrante, por la alianza de civilizaciones y por el comunismo guay... pero-el-chalet-de-la-Yesa-es-mío-y-no-me-lo-toques, entonces debe ser un facha pepero porque lo digo yo, y punto... Porque por que lo digo yo, y punto es el paradigma del progre más liberal del condado, vamos...

En segundo lugar, el insulto. Del pueril sandía, que me dedicaban Mascerdo, Latorre y sus mariachis hace ya eones (basándose en un apodo de patio de guardería), llegamos al modernísimo Don Pimpón que ciertos abortos con patas tienen siempre en la boca para referirse a mí. Guau, debe ser tremendamente feliz la persona que piensa que la gordura es comparable a la enajenación mental y te limita a la hora de razonar, así que evitaré recordarle a nadie que siempre es preferible tener grasa en la barriga que mierda en el cerebro, y que puedo hacer una vida perfectamente normal (salvo correr una Volta a Peu, supongo).

Lo peor de esta categoría de argumentos, es que en este punto la némesis se convierte para uno en simplemente un hijoputa con capacidad de respirar, que no tiene nada nuevo que aportar al mundo (ni aportarte a ti), y cuya presencia preferirías evitar. Sobre todo porque, generalmente, pasan del insulto personal y bajuno, al insulto a tu familia (a tu mujer, a tu madre o a tu padre fallecido...), o a la amenaza física o de tus bienes (que si te voy a partir la cara cuando te vea, que si te voy a quemar la tienda, etc...). Estos odios tan encendidos son fuegos difíciles de sofocar porque, cuando se alcanzan estos extremos, la psicología más pedestre nos enseña que las personas así solo desean la destrucción completa del enemigo, y lo cierto es que morirme es lo último que pienso hacer en esta vida...

Por último, el recurso de la demagogia y el populismo también demuestra su inutilidad, teniendo en cuenta que debe haber unos 6.500 millones de personas sobre la faz de la Tierra y más de 10.000 millones de insectos POR KILÓMETRO CUADRADO... y que a nadie le importa una puñeta la opinión de los insectos, ¿verdad?. En otras palabras, que si el gran simio vocea desde su púlpito y decenas de chimpancés aplauden, solo significa que el simio puede hablar y los otros micos aplaudir, no que tengan razón.

A tal respecto, en mi caso particular, la gente cercana y amigos han sabido ser lo suficientemente discretos como para no entrar a saco en defensas a ultranza de mis argumentos (porque, como los culos, cada uno tenemos el nuestro, y tampoco necesito que nadie alabe o defienda mi culo en público frente al culo ajeno...), o contar con espíritu crítico y discutir conmigo de cualquier tema, sin necesidad de gritos, insultos, simios que vocean ni micos palmeros. A tal respecto, es un auténtico placer reunirse después de las asambleas de la Asociación afín a la tienda, y dialogar de forma distendida con rojillos y peperos, cara a cara, cada uno con sus virtudes y sus valores... y da cierta lástima atender Foros y blog comprobando que esa frescura se pierde desde el cobarde parapeto virtual.

A lo largo de toda una vida, y de muchos años en primera línea de fuego en el hobby, más que némesis he acumulado rémoras, y es un poco triste. Si mi valor como persona tiene que medirse por el valor de mis detractores, la verdad es que es para deprimirse: Los que te llaman sandía o Don Pimpón, los que sienten obsesión enfermiza por saber si te alimentas de mazapanes o de carne cruda, los que se burlan de tu mujer, llaman pobre mujer a tu madre y se descojonan por que dediques unas palabras de recuerdo a tu padre (quizá empujados por que ellos todavía no saben cual es el suyo), pasando por quienes, directamente, te desean la muerte más horrible, te amenazan con patearte las costillas o viven en una ensoñación perpetua en la que, al más puro estilo emperador Nerón, incendian tu tienda.

Si todo esto ya es, de partida, risible, alcanza cotas de carcajada histérica cuando compruebas que todos ellos hacen piña convenciéndose de tu maldad y su bondad compartida, en foros clandestinos donde tienes prohibido el acceso, borrando regularmente los mensajes más exaltados para que no quede huella de su felonía salvo en su memoria (siempre selectiva), y reclutando nuevos acólitos como si de la secta maradoniana se tratara.

Supongo que el último de estos neófitos, de nombre Aitor Rico, debe sentirse especialmente satisfecho de unir su nombre al de gente que considera un vertedero su reino y un cubo de basura su trono, y que pronto me dedicará otro ladrillo en forma de comentario impublicable, lanzando bravatas de niño consentido y malcriado defendiendo a otros tantos niños aún más consentidos y peor criados que él. Enfrentado a mí, tratando de representar valores contrarios a los míos (y según él, mejores), ha intentado recoger el testigo de némesis de otros que no supieron, o pudieron, estar a la altura.

Pero... ¿a la altura de qué?, me pregunto. No represento a nadie, salvo a mí, ¿por qué tanto odio?. Si mi condena es la soledad, y la turba numerosa está en posesión de la verdad y la razón, ¿qué les obliga a seguir visitando este blog, a rastrar mis mensajes en los Foros?.

Da que pensar, eso es evidente. Si realmente nadie me quiere y soy un paria, habría que ver este blog como el diario de un náufrago loco. Si por aquí pasan, de vez en cuando, amigos compartiendo opiniones, o desintiendo de ellas, quizá es que no estoy tan solo como algunos quisieran. Si, no haciendo publicidad alguna de este punto de encuentro virtual, los que son llamados aquí idiotas hacen correr el boca-oreja acerca de su existencia, lo leen con avidez y se atreven a contestar, ofendidísimos... quizá es que, quién sabe, el loco no soy yo...

JOSÉ VILASECA

jueves, 30 de octubre de 2008

La Reina Sofía y el orgullo gay

Claman al cielo las peras y las manzanas, que decía Ana Botella, por unas declaraciones de la Reina (la nuestra, mal que le pese a alguno...), acerca de los homosexuales, sus uniones y la exaltación reinónica de su orgullo una vez al año (o, en casos concretos, como era el de Boris Izaguirre en Crónicas Marcianas, cada vez que caía la audiencia). Como siempre en estos casos, se une la manía de sacar de contexto las palabras de un tercero y rasgarse las vestiduras, que es poco liberal y democrático pero queda resultón.

Antes de que nadie me etiquete de monárquico y homófobo (el tontolpijo de Kike Cortizo ya me llamó facha y pepero en su día, opinión que me merece tanto respeto como el propio Cortizo, o sea, más bien poco...). he de recordar que, esos que exigen con malos modos que la Familia Real sean uno más en esta España nuestra, suelen ser los mismos que señalaron al franquismo como culpables de que la Casa Real tuviera que exiliarse a Italia y no regresar casi en cuarenta años, y que aplaudieron como borregos cuando Don Juan Carlos renegó de los Principios del Movimiento y abrió la puerta para que el Carnicero de Paracuellos, entre otros muchos, regresaran de su madriguera sin peluca. Sirva como ejemplo de memoria selectiva de cierto progresismo, que olvida que el Rey que se exilió fue Alfonso XIII, antes de ser acusado de alta traición por las Cortes en 1931, en pleno gobierno republicano.

Y, en lo tocante a la homofobia, personalmente me la pela con quien se acueste cada cual, mientras sea una relación consentida. Como hombre, no sé lo que es sentir atracción por nalgas masculinas, tabletas de chocolate ni barba de tres días ajena, porque desde que mis hormonas llamaron a la puerta de mi vida, siempre me han gustado más Elsa Pataky que David Beckham, vamos. Desde mi punto de vista, entiendo la homosexualidad como puedo entender mi heterosexualidad: Como algo que me toca, como el color de mis ojos, como el color de mi piel o mis pelos en las piernas, es decir, algo que viene de serie como el airbag en los coches.

Personalmente, y como parece afirmar Doña Sofía en su libro de memorias, hacer una exaltación de la homosexualidad una vez al año me parece tan superfluo como lo sería hacer un pasacalles con gente pelirroja, por poner solo un ejemplo. Creo que el hecho de exaltar una parte de uno mismo, en lugar de ayudar a normalizar su situación, provoca más hastío y rechazo que otra cosa. Tan absurdo me parece que una gente se disfrace con plumas y se calce plataformas de medio metro, como una panda de frikis se vistan de Naruto y pongan caras delante de una cámara de televisión. Es divertido pero absurdo. Es simpático, pero absurdo. Independientemente de que la cosa vaya de tetas y culos, o de caballeros Jedi.

Evito, evidentemente, hacer comparaciones torticeras con enfermedades, puesto que la homosexualidad no es una enfermedad ni una desviación sexual (del mismo modo que los zurdos fueron discriminados durante largo tiempo, y su tendencia a utilizar mano, pie u ojo izquierdo no es curable ni tratable... porque, insisto no es una enfermedad).

Sin embargo, y esto por simple respeto a la lengua, me cuesta llamar matrimonio a algo que no lo es. En principio, porque matrimonio proviene de matri-monium, es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de la legalidad, según el Derecho Romano. Ojo, DERECHO ROMANO, nada que ver con la Iglesia Católica, mal que les pese a los exaltados de turno. Así, llevando el argumento al extremo, no podemos llamar matrimonio a la unión (descabellada) entre un señor y una oveja, porque la oveja no adquiere ningún derecho por que se la beneficie un zoófilo.

Porque, no nos engañemos, estas reticencias no solo tienen que ver con lo religioso, con lo moral... sino también con el derecho, puro y duro. Mi mujer y yo, con un hijo de tres años, no somos un matrimonio porque no hemos firmado ningún papel. Somos una pareja de hecho, que es más o menos lo mismo, pero que aparece como una opción legal perfectamente comprendida, contemplada por reglamentos y leyes, y que nadie se escandaliza (al menos ahora) cuando escucha dicha expresión... ¿Por qué las uniones entre personas del mismo sexo, aunque tengan los mismos derechos que el matrimonio heterosexual, tienen que llamarse matrimonio... si no es exactamente lo mismo?.

En lenguaje llano y basto: Meter el pene en un orificio de la pareja de forma consentida se llama de maneras distintas (siempre de forma culta): En la boca, es felación; en el ano, es sodomía; en la vagina, de haberla, es coito. Incluso hilando fino, el acto anal se puede llamar coito anal, pero siempre con el adjetivo anal para evitar confusiones. Evidentemente, los tres dan gustirrinín... pero no es lo mismo. Son actos sexuales, pero también es un acto sexual darle a la zambomba, y a ver quien es el simple que prefiere machacársela como un mandril a que se la chupen como un botijo... ¿Ven?, ya me han hecho hablar mal...

Volviendo al tema de las uniones unisexuales, creo que el problema no es llamarlo matrimonio o no, sino que no hay cojones de inventar un nombre que no suele horroroso... y que el hecho de afirmar que no ha de llamarse matrimonio viene de la Reina Doña Sofía. Si lo dice un mindundi como yo, en este Foro que lo leen amiguetes, gente que pasaba por aquí e hijoputas rencorosos, no trasciende ni nadie monta el pollo público; ahora, si lo dice la Reina de España, que lleva treinta años demostrando día a día que es un dechado de bondad y virtudes, pero que tiene su opinión como todo hijo de vecino, se arma un Dos de Mayo.

Y, al final, nos encontramos con la doble moral de muchos demócratas de golpe en pecho y boca grande. La Reina lleva años siendo vegetariana, y a todo el mundo le parece bien. Del mismo modo, parece demostrado que la fiesta taurina no es del agrado de Su Majestad, y nadie se escandaliza lo más mínimo. La Reina lleva media vida (o más) ayudando a todo tipo de Centros y Asociaciones de corte social y benéfico, y nos parece una reina guay... Pero resulta que afirma que la Cabalgata del Orgullo Gay está de más y aparece un iluminado diciendo que eso es homofobia institucional.

Así que, si alguien me pregunta si prefiero Reyes o Jefes de Estado, afirmaré que los primeros, por dos motivos: Primero, porque los únicos que me toca sufrir nos salen baratos para todo el trabajo que llevan haciendo en treinta años de democracia (y quien diga lo contrario, que me saque las cuentas...). Y segundo, porque si un Jefe de Estado electo puede acabar siendo el imbécil que ha tenido los cojones de afirmar la sandez de la homofobia institucional , pues casi que Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy...

JOSÉ VILASECA HARO