Ayer por la noche, y de un tirón, devoré a base de insomnio las últimas doscientas y pico de páginas de "Las Reliquias de la Muerte", último volumen de las crónicas del niño que sobrevivió, del mago adolescente con gafas y cicatriz en forma de relámpago... Ni decir tiene que, después de casi una década con el chiquillo a cuestas, hay que elogiar de la autora que aún sabe mantener la tensión y la intriga, quizá más por saber qué cojona iba a pasar después de todo que, realmente, por su capacidad literaria, bastante mermada desde que decidión, en el 4º volumen, que el estandar debía pasar de 300 a 600 páginas.
Tengo que advertir a quien todavía no se haya leído alguno de los volúmenes de la saga y tenga intención de hacerlo, que lo mejor es que lo conozca lo más "virgen" posible, que cualquier información sobre "quién vive y quién muere" no hace sino mediatizar y banalizar la lectura; mi más sincera recomendación de que no continúe leyendo.
Creo recordar que comencé a leer la saga de Potter más o menos cuando comenzó el revuelo y se empezó a hablar de saga cinematográfica; creo recordar que fue mi mujer quien me regaló el primer número, sabedora de que prefiero leer una historia antes que verla en la pantalla. Y la verdad es que el primer volumen ("La Piedra Filosofal"), junto con los dos que le siguieron ("La Cámara Secreta" y "El Prisionero de Azkaban"), siempre me han parecido los más agradables de leer, los más inocentes, los que describen mejor la confusión de Harry, la vida en el castillo de Hogwarts, las amistades y las enemistades... En definitiva, los que dan vida y magia a la serie.
Algunos sectores han criticado de Rowling que cogiera de aquí y de allá, modelara un imaginario propio y original, que no era tal, y lo sirviera como una tortilla desconstruida de Adriá: Lo mismo de siempre, pero más chic y evidentemente más caro.
A mí, la vida en Hogwarts me recordaba a los pocos números que se tradujeron en español de la serie Los Chicos del Castillo de Roca Negra de Oliver Hassencamp, donde un grupo de chavales tienen que ir a un internado junto a un lago que, en su día, fue un castillo medieval... y se ibuyen de esa magia de camaradería y honradez que debería dar estar rodeados de armaduras, escudos de armas y pasadizos secretos... Hay una distancia importante entre las dos sagas, tanto en tiempo como en pretensiones, pero la comuna de magos adolescentes siempre me ha recordado a Stefan, Otokkar, Apisonadora y el resto de los muchachos del internado alemán...
Hasta el tercer volumen, esto era así: Las aventuras se mezclaban con el día a día en las clases, y cada nuevo paso en el mundo de magos y brujas (los fantasmas, los pasadizos, el callejón Diagon, la Sala Común, la Copa de las Casas, etc...), se presentaba y describía como una novedad fascinante y, casi al mismo tiempo que Harry, íbamos conociendo nuevos aspectos de la magia de Rowling...
Y llegó el cuarto volumen... y ese giro adulto de la serie, donde había miraditas, besos bajo el muérdago y calentones adolescentes se rubricó con la muerte de uno de los personajes, una costumbre desagradable que seguiría hasta el final donde muere hasta el apuntador. Así, el final de los cuatro últimos libros nos deja esa sensación en la boca de jodidos y poco contentos: En "El Caliz de Fuego" palma Cedric y a nadie cree a Harry cuando asegura que Voldemort ha muerto. En "La Orden del Fénix" la espicha el tío Sirius Black y todo Cristo sigue creyendo que era un malo malote y prófugo de la justicia. En "El Príncipe Mestizo" (me niego a llamarlo por su título traducido, ¿qué de malo tiene la palabra mestizo?), defenestran a Dumbledore y aunque todos saben que ha sido Snape, nadie se atreve a asegurarlo... Y en el último, pásmense, que hacen una escabechina (extraña y poco coherente) de la Orden del Fénix y la familia Weasley, forzando un happy end de cuatro páginas que nos sabe a poco... por no decir a nada.
No puedo decir que me sienta "engañado", pero la saga en sí me dejó un regustillo similar al que tuve la primera vez que leí "IT", de Stephen King: Un tocho de terror alucinante que despacha en veinte páginas su primo, el negro de Alabama... porque si ese final lo ideó el maestro del horror, es para flagerlarlo con media docena de calcetines sudados llenos de cristales...
Son muchos personajes condensados en un solo legajo; muchos personajes, muchas situaciones y conflictos, que Rowling remata de forma bastante torpe con un intermedio de veinte páginas donde hay tiempo para saber qué Snape estaba pinocho por la madre del chaval desde que tenía diez años, donde Dumbledore era un descastado pedante y traidor a la sangre (a la suya propia), pero de buen rollito y tal... y que Harry Potter había sido solo una marioneta en manos hábiles durante siete años de su vida.
El rollo pseudocristiano del bajó al infierno y derrotó a Lucifer, después de que su cuerpo fuera "mostrado", y "resucitara", me parece no solo traído por los pelos, sino un insulto a la inteligencia de los lectores, sin más. Y el epílogo diecinueve años después, donde su supone que se ha dedicado a hacerle tres chiquillos a la pelirroja de los Weasley, llamando a uno de allos "Albus Severus", ya es para meterse los dedos en la boca y buscar el váter más cercano.
Así, lo que podría ser una saga casi antológica entra en barrena ya desde el cuatro número y no solo no se recupera, sino que se estrella de forma lamentable, perdiéndose en una última conversación idiota sobre varitas entre Harry y Voldemort, el entierro breve y casi indiferente de personajes entrañables como el elfo Dobby, la pareja formada por Lupin y Tonks, o Fred, uno de los hermanos de Ron Weasley... por no hablar de las pocas explicaciones que se dan a la "mágica" aparición de la espada de Griffindor en el Sombrero Seleccionador en las manos de Longbottom...
Ni decir tiene que esperaba mucho más desde que "El Caliz de Fuego" me dejara agotado y, al tiempo, poco convencido del giro "adulto" del personaje. Creo que tres mil páginas en cuatro volúmenes no hacen mejor a un personaje que ya lo era bueno con solo la tercera parte de contenido... Lo dicho, me queda la sensación de que tenía que haber escrito dos volúmenes más cortos en lugar de precipitar los acontecimientos, que se pasa doscientas páginas para librarse de un Horrocrux y los otros cinco o seis los despacha en un suspiro, y que uno acaba teniendo la extraña sensación de que el editor le metía prisa, porque tantos años de Potter no merecían acabar así.
Y hastá aquí puedo leeer...
JOSÉ VILASECA
lunes, 25 de agosto de 2008
miércoles, 20 de agosto de 2008
El cine, quién te ha visto y quién te ve...
Un título así, parece más bien la antesala de una crítica mordaz que meta el dedo en la llaga de la crisis cinematográfica, del daño que la mula y el ares han supuesto para la industria del 7º Arte, o simplemente una forma como otra de poner a caldo a un espectáculo como otro cualquiera.
Pues no. Hoy, su Evaristo Mejode particular, va a explicar, simple y llanamente, por qué hace largos meses que ni él ni su señora pisan una sala de cine convencional, de esas donde suena la musiquita de Movierecord y hay un aro para la Coca-cola grande, pero en el que la maxi-grande se queda un poco justa...
La verdad es que he visto más cine del que puedo recordar y, desde muy joven, mi independencia siempre se ha visto relacionada con la posibilidad de salir e ir al cine. Con ese amigo de toda la vida que ha sido Juan Miguel Albors (que ahora se prepara para ser padre), las visitas al Rex, al Tyris y a otros que desaparecieron hace años forman parte de mi infancia y mi adolescencia. Con la que hoy es mi mujer, Sara, disfrutamos de las dobles sesiones del Metropol hasta que se incendió, y del ABC Martí hasta que cerró. Y fue precisamente aquí donde se produjo el punto de inflexión que me empezó a abrir los ojos y a demostrarme que el cine tal y como lo conocía, había cambiado para siempre.
Todavía soy de aquellos que piensan que ir al cine es todo un ritual: Hacer tus pipis y tus caquitas antes de entrar, para que nada interrumpa la proyección, y mantener un respetuoso silencio, aunque el Dolby Stereo esté a toda paleta. Comer tus palomitas, si es que te gustan, con la boca cerrada para que aquello no se convierta en un concierto de dientes y de mandíbulas, y, a ser posible, no sembrar con tus desperdicios los alrededores de tu butaca. Por no hablar del movil, que para algo le han puesto la opción de "silencio", ¿no?.
Pues se ve que soy el único, porque aquella vez en el Martí estuve a punto de convertirme en Hulk y correr a gorrazos a media docena de niñatos tocahuevos, que hablaban a gritos hasta el punto de no dejar escuchar los diálogos, que se reían cuando no tocaba y que, en fin, me dieron motivos para coger de la pechera al primero que se levantó a mear y plantármelo, pegadito a la nariz, para decirle amablemente que si volvía a escuchar sus voces los colgaría por las pelotas del palo mayor.
Como no me pone especialmente cachondo la idea de gastarme doce euros para liarme a bofetadas con cuatro críos de teta, y me parece un atraco a mano armada pagar esa cantidad de dinero para pasarme más tiempo chistando a los que hacen ruido que entreteniéndome con lo que veo en la pantalla, pasé al práctico y cómodo si tengo que pagar, por lo menos lo disfrutaré. O, lo que es lo mismo, aunque el televisor no pueda compararse a la pantalla, y el 5:1 se quede corto frente a los equipos de sonido de una buena sala, tipo THX Kinepolis, por 12€ tengo prácticamente la película que me dé la gana, con trailers y chuminadas por el estilo, que puedo ver cuando quiera en la comodidad de mi sofá, sin aguantar a chuloputas que no saben apagar el móviles, crías histéricas que se piensan que una tipa con pelo largo es el copón bendito de terrorífico, y otra calaña por el estilo.
Así, lo último que he visto en "pantalla grande" (y mucho me temo que va a ser costumbre de aquí en adelante), es cualquier cosa que pongan en el Autocine Star, donde puedes cerrar las ventanillas de tu coche y aislarte por completo del mundo, ajustar el volumen de tu emisora por si lo quieres más o menos fuerte, y zamparte un bocata sin necesidad de molestar a nadie.
A los que todavía soporten chiquilladas y chorradas por el estilo, mis condolencias...
JOSE VILASECA
Pues no. Hoy, su Evaristo Mejode particular, va a explicar, simple y llanamente, por qué hace largos meses que ni él ni su señora pisan una sala de cine convencional, de esas donde suena la musiquita de Movierecord y hay un aro para la Coca-cola grande, pero en el que la maxi-grande se queda un poco justa...
La verdad es que he visto más cine del que puedo recordar y, desde muy joven, mi independencia siempre se ha visto relacionada con la posibilidad de salir e ir al cine. Con ese amigo de toda la vida que ha sido Juan Miguel Albors (que ahora se prepara para ser padre), las visitas al Rex, al Tyris y a otros que desaparecieron hace años forman parte de mi infancia y mi adolescencia. Con la que hoy es mi mujer, Sara, disfrutamos de las dobles sesiones del Metropol hasta que se incendió, y del ABC Martí hasta que cerró. Y fue precisamente aquí donde se produjo el punto de inflexión que me empezó a abrir los ojos y a demostrarme que el cine tal y como lo conocía, había cambiado para siempre.
Todavía soy de aquellos que piensan que ir al cine es todo un ritual: Hacer tus pipis y tus caquitas antes de entrar, para que nada interrumpa la proyección, y mantener un respetuoso silencio, aunque el Dolby Stereo esté a toda paleta. Comer tus palomitas, si es que te gustan, con la boca cerrada para que aquello no se convierta en un concierto de dientes y de mandíbulas, y, a ser posible, no sembrar con tus desperdicios los alrededores de tu butaca. Por no hablar del movil, que para algo le han puesto la opción de "silencio", ¿no?.
Pues se ve que soy el único, porque aquella vez en el Martí estuve a punto de convertirme en Hulk y correr a gorrazos a media docena de niñatos tocahuevos, que hablaban a gritos hasta el punto de no dejar escuchar los diálogos, que se reían cuando no tocaba y que, en fin, me dieron motivos para coger de la pechera al primero que se levantó a mear y plantármelo, pegadito a la nariz, para decirle amablemente que si volvía a escuchar sus voces los colgaría por las pelotas del palo mayor.
Como no me pone especialmente cachondo la idea de gastarme doce euros para liarme a bofetadas con cuatro críos de teta, y me parece un atraco a mano armada pagar esa cantidad de dinero para pasarme más tiempo chistando a los que hacen ruido que entreteniéndome con lo que veo en la pantalla, pasé al práctico y cómodo si tengo que pagar, por lo menos lo disfrutaré. O, lo que es lo mismo, aunque el televisor no pueda compararse a la pantalla, y el 5:1 se quede corto frente a los equipos de sonido de una buena sala, tipo THX Kinepolis, por 12€ tengo prácticamente la película que me dé la gana, con trailers y chuminadas por el estilo, que puedo ver cuando quiera en la comodidad de mi sofá, sin aguantar a chuloputas que no saben apagar el móviles, crías histéricas que se piensan que una tipa con pelo largo es el copón bendito de terrorífico, y otra calaña por el estilo.
Así, lo último que he visto en "pantalla grande" (y mucho me temo que va a ser costumbre de aquí en adelante), es cualquier cosa que pongan en el Autocine Star, donde puedes cerrar las ventanillas de tu coche y aislarte por completo del mundo, ajustar el volumen de tu emisora por si lo quieres más o menos fuerte, y zamparte un bocata sin necesidad de molestar a nadie.
A los que todavía soporten chiquilladas y chorradas por el estilo, mis condolencias...
JOSE VILASECA
lunes, 18 de agosto de 2008
Cobrar por jugar, o el futuro de las tiendas frikis...
Dicen que rectificar es de sabios y, a veces, por mucho que nos duela, es cierto. Mi padre, en paz descanse, no era un visionario de los negocios, pero de tonto no tenía un pelo y ya me lo advirtió en su día: Dar servicios gratis solo sirve para que, llegado el momento, nadie te lo agradezca... mientras tú tienes que seguir pagando por ese servicio. Cobra por cada partida, me dijo... y yo no le hice caso.
No le hice caso porque en un mundo friki ideal, tu cliente fiel, al mismo que aguantas religiosamente hasta las dos y media de la madrugada un viernes por la noche, no sería una puta veleta capaz de cagarse y mearse en ese sacrificio que haces por él, simplemente para ahorrarse cincuenta céntimos en una puñetera carta de Magic que, seguro, acabará perdiendo en algún rincón. En ese mundo ideal, tu Pepito Viguer particular no se compraría la Coca-cola de dos litros en la gasolinera más cercana, sino que te lo compraría a tí, que para algo le cedes la mesa donde juega a sus jodidas chuminadas compradas en Gremio de Camelotes. En ese mundo ideal, la caterva de abuelos champions del Warhammer, a quienes soportas en duelos navideños donde esperan que "palmes" de una puta vez, se gastarían dinero contigo, que les haces rebajas, en lugar de malgastarlo en los portes de un chuloputas alicantino a quien no tienen cojones de regatearle ni medio euro.
Me ha costado cuatro años y un padre darme cuenta que los frikis no somos "ideales", ni fieles ni Cristo que nos fundó: Somos una calaña consumista a la que hay que echar de comer aparte, comercialmente hablando, y para más señas podéis leer uno de los primeros artículos, de cuando un cliente te llama amigo...
Así que, ya que los servicios que las tiendas frikis prestamos a nuestros "fieles clientes" (tableros, escenografía, miniaturas, bandejas de movimiento, juegos de Club... vamos, hasta las sillas y las mesas, que en otras tiendas NO HAY y a nadie parece importarle...), no han sido ni pagados ni agradecidos... a partir de YA van a ser, por lo menos, PAGADOS.
Y es que, si cuando la cosa iba "medio bien" (es decir, antes de la crisis), el espacio de juego podía "pagarse solo" (o, al menos, su gasto no molestaba demasiado)... ahora, que es época de vacas flacas, nos parece aceptable cobrar, aunque sea de manera anecdótica, algo que antes se daba gratis... y se agradecía poco y mal. Al menos, aunque la gente siga sin agradecerlo, se le sacará la rentabilidad que corresponde.
A pesar de todo, pagar 25€ por TODO UN AÑO (en realidad, 14 meses), de mesas gratis, escenografía, juegos prestados, miniaturas cedidas, lápices y gomas para "rolear", sin contar el obsequio a los socios (camiseta o similar), un trofeo al final del año y descuentos a partir de cierta cantidad de compra, me sigue pareciendo BARATÍSIMO, por mucho que algunos llorones inmisericordes crean que no es así (sí, esos mismos que no tienen reparos en gastarse 30€ en un laser-game, una cena, un cine y la gasolina del coche del adorador de guanaminas de turno
... y todo esto EN UN SOLO DÍA. Pásmense...).
Y, en el peor de los casos, una sesión de juego de 4 horas (donde uno puede hartarse de Carcassonne, pedir que le dejen "quecos" para jugar a Ancients o simplemente dar la brasa con las cartitas de marras), puede pagarse por 1,5€ sin ser socio, si a alguien esos 25€ de antes le parece carísimo de la muerte.
Porque, sinceramente, uno no saber si estas medidas las pone por los hermanísimos gorrones que se dedican a vender sus cartas de Magic por dinerito contante y sonante, por los que se compran una horchata en el bareto de la esquina y piden que les pongan el ventilador encaradito a ellos, o por los que echan cuentas cada vez que hay una cena familiar y los 2€ por bebida y picoteo les parece un abuso de cagarse (cuando, al día siguiente, son capaces de gastarse CUATRO VECES MÁS en una pizza que acabaran tirando a la basura, y aguantarle el careto a según qué gentuza...)
Lo dicho, mejor descolgar el fusil...
JOSÉ VILASECA
No le hice caso porque en un mundo friki ideal, tu cliente fiel, al mismo que aguantas religiosamente hasta las dos y media de la madrugada un viernes por la noche, no sería una puta veleta capaz de cagarse y mearse en ese sacrificio que haces por él, simplemente para ahorrarse cincuenta céntimos en una puñetera carta de Magic que, seguro, acabará perdiendo en algún rincón. En ese mundo ideal, tu Pepito Viguer particular no se compraría la Coca-cola de dos litros en la gasolinera más cercana, sino que te lo compraría a tí, que para algo le cedes la mesa donde juega a sus jodidas chuminadas compradas en Gremio de Camelotes. En ese mundo ideal, la caterva de abuelos champions del Warhammer, a quienes soportas en duelos navideños donde esperan que "palmes" de una puta vez, se gastarían dinero contigo, que les haces rebajas, en lugar de malgastarlo en los portes de un chuloputas alicantino a quien no tienen cojones de regatearle ni medio euro.
Me ha costado cuatro años y un padre darme cuenta que los frikis no somos "ideales", ni fieles ni Cristo que nos fundó: Somos una calaña consumista a la que hay que echar de comer aparte, comercialmente hablando, y para más señas podéis leer uno de los primeros artículos, de cuando un cliente te llama amigo...
Así que, ya que los servicios que las tiendas frikis prestamos a nuestros "fieles clientes" (tableros, escenografía, miniaturas, bandejas de movimiento, juegos de Club... vamos, hasta las sillas y las mesas, que en otras tiendas NO HAY y a nadie parece importarle...), no han sido ni pagados ni agradecidos... a partir de YA van a ser, por lo menos, PAGADOS.
Y es que, si cuando la cosa iba "medio bien" (es decir, antes de la crisis), el espacio de juego podía "pagarse solo" (o, al menos, su gasto no molestaba demasiado)... ahora, que es época de vacas flacas, nos parece aceptable cobrar, aunque sea de manera anecdótica, algo que antes se daba gratis... y se agradecía poco y mal. Al menos, aunque la gente siga sin agradecerlo, se le sacará la rentabilidad que corresponde.
A pesar de todo, pagar 25€ por TODO UN AÑO (en realidad, 14 meses), de mesas gratis, escenografía, juegos prestados, miniaturas cedidas, lápices y gomas para "rolear", sin contar el obsequio a los socios (camiseta o similar), un trofeo al final del año y descuentos a partir de cierta cantidad de compra, me sigue pareciendo BARATÍSIMO, por mucho que algunos llorones inmisericordes crean que no es así (sí, esos mismos que no tienen reparos en gastarse 30€ en un laser-game, una cena, un cine y la gasolina del coche del adorador de guanaminas de turno
... y todo esto EN UN SOLO DÍA. Pásmense...).
Y, en el peor de los casos, una sesión de juego de 4 horas (donde uno puede hartarse de Carcassonne, pedir que le dejen "quecos" para jugar a Ancients o simplemente dar la brasa con las cartitas de marras), puede pagarse por 1,5€ sin ser socio, si a alguien esos 25€ de antes le parece carísimo de la muerte.
Porque, sinceramente, uno no saber si estas medidas las pone por los hermanísimos gorrones que se dedican a vender sus cartas de Magic por dinerito contante y sonante, por los que se compran una horchata en el bareto de la esquina y piden que les pongan el ventilador encaradito a ellos, o por los que echan cuentas cada vez que hay una cena familiar y los 2€ por bebida y picoteo les parece un abuso de cagarse (cuando, al día siguiente, son capaces de gastarse CUATRO VECES MÁS en una pizza que acabaran tirando a la basura, y aguantarle el careto a según qué gentuza...)
Lo dicho, mejor descolgar el fusil...
JOSÉ VILASECA
martes, 12 de agosto de 2008
¿Anillos de pureza?. Lo que me faltaba por ver...
La desventaja de tener un niño en esa edad donde todavía se conforma con tararear las canciones que le gustan a sus padres y las de los dibujos animados, es que te permite desconectar una larga temporada de esa Babilonia musical terrible y devoradora que es la adolescencia; puedo seguir mi vida sin saber quién carajo es Amy Whinehouse y por qué se pone de drogas hasta las trancas, y tambien puedo librarme de conocer qué grupo de nenes imberbes recogen el cetro de "calienta-chichis", ocupado en su día por "Take That", "Backstreet Boys" y otros efebos de corte similar.
Así que entenderéis que me quedara con cara de pasmo cuando, en el último número del suplemento "XL Semanal", me encontrara con cuatro o cinco páginas hablando del nuevo grupo que convierte en agua las pepitillas quinceañeras, y que responden al nombre de los "Jonas Brothers". Por lo que leí, este grupo de tres hermanos surge a la sombra de la todopoderosa Disney, que en su día (pásmense), acogió a Britney Spears, Christina Aguilera, Hannah Montana y toda suerte de chiquillas rubias con aparato, a las que les crecen las tetas antes que los dientes, y que van de ese rollo "college" diseñado para los niños pero que acaban disfrutando los papás...
Y uno, que en cuestión de tetas y culos está más por la labor de jacas potrancas bien paridas, tipo Monica Belucci, Rachel Weisz o, en versión más light, Elsa Pataky, la idea de verme a un grupo de prepúberes (ellos o ellas) moviendo las magras caderas en el escenario, no me ponen nada. Supongo que si alguna fan histérica para por casualidad por aquí y se lee esto, seguro que entrará con el cuchillo entre los dientes, defendiendo que los Jonas y su puñetera madre son "otra cosa", que tienen estilo y que las letras de sus canciones bla, bla, bla... Pues eso, jovencita, disfrútalos mucho mientras te duren... pero no te los creas.
Digo esto porque, de todos los inventos de TBO que uno ha visto en plan "promoción bestial" en un grupo musical adolescente, el tema de los anillos de pureza me resulta la mar de cachondo en una sociedad donde el "aquí te pillo, aquí te mato" está en el subconsciente colectivo desde los 12 años.
La idea no es precisamente original; conocía los famosos "purity rings" de un reportaje de Canal Historia (o Discovery, no lo recuerdo), hace ya cosa de varios años. Se trata de una idea bastante exhibicionista del Cinturón de la Biblia Norteamericano (es decir, aquellos Estados de un cristianismo más integrista y beligerante), donde adolescentes y jóvenes adultos, más salidos que el pico de una mesa, no tienen otra cosa que hacer que ponerse un anillo bien visible en uno de los dedos de la mano para decirle a todo el mundo "eh, infiel, tengo telarañas en el prepucio y me gusta, pienso seguir así hasta que pase por el altar y me harte de fornicar a pelo y tener muchos hijos".
Supongo que los habituales ya sabrán lo que opino de los cristianos exhibicionistas y del Dios proveerá. En general, las camisetas reivindicativas, los cartelones y las banderolas porque sí nunca han sido plato de mi gusto. Así que entenderéis que el hecho de que tres muchachos vayan por la vida pregonando que siguen solteros y enteros me produce risa y lástima. Risa porque, como todo lo que rodea la orientación sexual de cada uno, debería formar parte de la intimidad personal y no convertirse en una seña de identidad, especialmente para aquellos que se ven rodeados de decenas de miles de seguidoras; lástima, por otra parte, porque pienso en los muchos que, por creencia, por convicción y porque les salía de ahí, mantuvieron o mantienen su virginidad hasta que les apetece y no montan un circo ni cobran exclusivas gracias a ello.
Creo que en esta sociedad, doctrinas y creencias aparte, se tendría que ver la virginidad más como "accesibilidad" que como algo místico y prohibido: La persona que todavía no ha mantenido relaciones sexuales completas no tiene que ser un reprimido, ni un ignorante, sino todo lo contrario; a veces, resulta preferible considerarse "inaccesible" (en plan de "niña, si te pica el chichi dile a tu madre que te lo rasque, pero yo paso de tus ansias..."), antes de verse arrastrado a la vorágine de ser el capricho de una niñata guanamina, celosa y posesiva, capaz de hacerte saltar por un aro u obligarte a cruzar la ciudad a las dos de la madrugada porque es tonta del culo y se le ha calado la moto donde Cristo dio las tres voces. Llámenme "viejuno", pero prefiero tres pajas a tres abortos, lo miren por donde lo miren.
Pero también os aseguro que obstinarse el mantenerse "puro", cuando uno ya tiene pareja estable y ganas como el que más, es una estupidez como un piano. La pureza, amigos, vecinos y Ephiras reprimidas, es algo más mental que físico, por mucho que los blogs y las carpetas de las "niñas bien" rebosen de frases idiotas acerca de lo maravilloso que es la abstiencia. La integridad no es evitar meterla en caliente, sino ser fiel a una ética, a una moral, y a unos principios que nada tienen que ver con chochos y pollas.
Así que servidor, que no lleva anillo de pureza en el dedo porque soy un pobre pecador impuro e impío, ni llevo anillos de placer en el glande porque agujereame el cuerpo no me va, se queda con los anillos olímpicos, que solo son una vez cada cuatro años y se disfrutan solo quince días. Por cierto, me voy a escuchar el partido de España de baloncesto. Eso sí es pureza... :)
JOSE VILASECA
Así que entenderéis que me quedara con cara de pasmo cuando, en el último número del suplemento "XL Semanal", me encontrara con cuatro o cinco páginas hablando del nuevo grupo que convierte en agua las pepitillas quinceañeras, y que responden al nombre de los "Jonas Brothers". Por lo que leí, este grupo de tres hermanos surge a la sombra de la todopoderosa Disney, que en su día (pásmense), acogió a Britney Spears, Christina Aguilera, Hannah Montana y toda suerte de chiquillas rubias con aparato, a las que les crecen las tetas antes que los dientes, y que van de ese rollo "college" diseñado para los niños pero que acaban disfrutando los papás...
Y uno, que en cuestión de tetas y culos está más por la labor de jacas potrancas bien paridas, tipo Monica Belucci, Rachel Weisz o, en versión más light, Elsa Pataky, la idea de verme a un grupo de prepúberes (ellos o ellas) moviendo las magras caderas en el escenario, no me ponen nada. Supongo que si alguna fan histérica para por casualidad por aquí y se lee esto, seguro que entrará con el cuchillo entre los dientes, defendiendo que los Jonas y su puñetera madre son "otra cosa", que tienen estilo y que las letras de sus canciones bla, bla, bla... Pues eso, jovencita, disfrútalos mucho mientras te duren... pero no te los creas.
Digo esto porque, de todos los inventos de TBO que uno ha visto en plan "promoción bestial" en un grupo musical adolescente, el tema de los anillos de pureza me resulta la mar de cachondo en una sociedad donde el "aquí te pillo, aquí te mato" está en el subconsciente colectivo desde los 12 años.
La idea no es precisamente original; conocía los famosos "purity rings" de un reportaje de Canal Historia (o Discovery, no lo recuerdo), hace ya cosa de varios años. Se trata de una idea bastante exhibicionista del Cinturón de la Biblia Norteamericano (es decir, aquellos Estados de un cristianismo más integrista y beligerante), donde adolescentes y jóvenes adultos, más salidos que el pico de una mesa, no tienen otra cosa que hacer que ponerse un anillo bien visible en uno de los dedos de la mano para decirle a todo el mundo "eh, infiel, tengo telarañas en el prepucio y me gusta, pienso seguir así hasta que pase por el altar y me harte de fornicar a pelo y tener muchos hijos".
Supongo que los habituales ya sabrán lo que opino de los cristianos exhibicionistas y del Dios proveerá. En general, las camisetas reivindicativas, los cartelones y las banderolas porque sí nunca han sido plato de mi gusto. Así que entenderéis que el hecho de que tres muchachos vayan por la vida pregonando que siguen solteros y enteros me produce risa y lástima. Risa porque, como todo lo que rodea la orientación sexual de cada uno, debería formar parte de la intimidad personal y no convertirse en una seña de identidad, especialmente para aquellos que se ven rodeados de decenas de miles de seguidoras; lástima, por otra parte, porque pienso en los muchos que, por creencia, por convicción y porque les salía de ahí, mantuvieron o mantienen su virginidad hasta que les apetece y no montan un circo ni cobran exclusivas gracias a ello.
Creo que en esta sociedad, doctrinas y creencias aparte, se tendría que ver la virginidad más como "accesibilidad" que como algo místico y prohibido: La persona que todavía no ha mantenido relaciones sexuales completas no tiene que ser un reprimido, ni un ignorante, sino todo lo contrario; a veces, resulta preferible considerarse "inaccesible" (en plan de "niña, si te pica el chichi dile a tu madre que te lo rasque, pero yo paso de tus ansias..."), antes de verse arrastrado a la vorágine de ser el capricho de una niñata guanamina, celosa y posesiva, capaz de hacerte saltar por un aro u obligarte a cruzar la ciudad a las dos de la madrugada porque es tonta del culo y se le ha calado la moto donde Cristo dio las tres voces. Llámenme "viejuno", pero prefiero tres pajas a tres abortos, lo miren por donde lo miren.
Pero también os aseguro que obstinarse el mantenerse "puro", cuando uno ya tiene pareja estable y ganas como el que más, es una estupidez como un piano. La pureza, amigos, vecinos y Ephiras reprimidas, es algo más mental que físico, por mucho que los blogs y las carpetas de las "niñas bien" rebosen de frases idiotas acerca de lo maravilloso que es la abstiencia. La integridad no es evitar meterla en caliente, sino ser fiel a una ética, a una moral, y a unos principios que nada tienen que ver con chochos y pollas.
Así que servidor, que no lleva anillo de pureza en el dedo porque soy un pobre pecador impuro e impío, ni llevo anillos de placer en el glande porque agujereame el cuerpo no me va, se queda con los anillos olímpicos, que solo son una vez cada cuatro años y se disfrutan solo quince días. Por cierto, me voy a escuchar el partido de España de baloncesto. Eso sí es pureza... :)
JOSE VILASECA
lunes, 28 de julio de 2008
Las pajillas y los espíritus embrutecidos...
Gracias a la joven Cintia Morate, clienta y amiga de la tienda, y probablemente una de las pocas adolescentes con las que se puede hablar durante horas sin sentir náuseas (no como la tal "Ephira", de la que hablábamos días atrás...), me enteré, en una de las cenas de viernes en "El Corazón del león", que todavía pululan por ahí maestrillos y otros tiranos de la tarima que son capaces de plantear una clase de educación sexual para un curso de secundaria con la arcaica premisa de la masturbación embrutece el alma y no caérsele los cataplines redondos al suelo después de soltar por la boca tamaña tropelía...
Hombre, amigos y conocidos con los que he podido hablar de sexo he tenido muchos: De babtistas a agnósticos, pasando por verdes de corazón rojo que chupaban la teta de un gobierno de derechas y ponían en el salvapantallas de su ordenador a su hija desnuda (¿?).
Lo dicho, de todo un poco; y si algo tengo bastante claro es que, salvo kikoargüellistas y otros retrógrados, nadie piensa ya que darle a la zambomba o proporcionarse placer digital vaya a provocar que te crezca pelo en las manos, se te caigan los dientes o te vuelvas ciego... Porque ciego, lo que se dice ciego, no te vuelves... te pones ciego, más bien...
Y uno, que es católico, apostólico y romano, sigue pensando que si Dios no quisiera que nos gustara el sexo, no daría gusto darle al perrea, perrea. Sería una necesidad puntual, como la excreción, que te alivia pero no te da vidilla, y poco más.
Insisto, aparte de la (errónea) doctrina de púlpito, cilicio y flagelo de los adoradores de Kiko Argüello (fariseo convicto y confeso, de papá rico y ramalazos comunistas...), que son capaces de aprovechar su status social para predicar, en pleno siglo XXI, falsedades propias de la Inquisición, solo recuerdo haber visto demostración práctica de estas chorradas en una persona, a la que dediqué un artículo hace unos días. Y, personalmente, no creo que tratar de poner en práctica estas doctrinas en una época donde se suele estar más salido que el pico de una mesa sea precisamente sano.
Por fortuna, la mayoría sabemos que las pajuelas no provocan daños colaterales ni en el cuerpo ni en el alma. Por desgracia, todavía hay quienes no solo lo creen (y están en su derecho de creerlo, allá ellos), sino que aprovechan su posición social para hacerlo creer a los demás, para desinformar y para inventarse una realidad de gominola que solamente existe alrededor de su camino neocatecumenal...
Y, así, con el para ser un buen kiko tienes que tener por lo menos cinco se olvidan de que no es momento de aplicar el Dios proveerá y sí tener muy claro que un hijo es una responsabilidad. Y si a un adolescente con ganas de meter, o de que le metan, tienes que ponerle, en los dos platos de la balanza, un condón en uno y un embarazo no deseado en el otro, pues no vale quitar el condón y volver al castigo de Dios si la niña se queda en estado.
No trago, señores. No me vale que me vengan con el rollo de que no me puedo hacer gayolas porque embrutecerá mi espíritu, que tengo que esperar a casarme para meterla en caliente y que, cuando lo haga, ni se me ocurra ponerme un condón, porque la vida no está para estas estupideces.
Así que, si alguien gusta de leerme y no tiene claro si prefiere darle a la zambomba o al flagelo, le ofrezco mi consejo, por si quiere aceptarlo: Hazte todas las manolitas que tu cuerpo te pida. Revuélcate con tu pareja, ocasional o permanente, cuando podáis y queráis, y protégete lo mejor que puedas hasta que estés seguro de que quieres tener un hijo; que los críos no son un producto, no tienen manual de instrucciones, ni garantía ni puedes devolverlo si no te gusta...
Un saludo
JOSÉ VILASECA
Hombre, amigos y conocidos con los que he podido hablar de sexo he tenido muchos: De babtistas a agnósticos, pasando por verdes de corazón rojo que chupaban la teta de un gobierno de derechas y ponían en el salvapantallas de su ordenador a su hija desnuda (¿?).
Lo dicho, de todo un poco; y si algo tengo bastante claro es que, salvo kikoargüellistas y otros retrógrados, nadie piensa ya que darle a la zambomba o proporcionarse placer digital vaya a provocar que te crezca pelo en las manos, se te caigan los dientes o te vuelvas ciego... Porque ciego, lo que se dice ciego, no te vuelves... te pones ciego, más bien...
Y uno, que es católico, apostólico y romano, sigue pensando que si Dios no quisiera que nos gustara el sexo, no daría gusto darle al perrea, perrea. Sería una necesidad puntual, como la excreción, que te alivia pero no te da vidilla, y poco más.
Insisto, aparte de la (errónea) doctrina de púlpito, cilicio y flagelo de los adoradores de Kiko Argüello (fariseo convicto y confeso, de papá rico y ramalazos comunistas...), que son capaces de aprovechar su status social para predicar, en pleno siglo XXI, falsedades propias de la Inquisición, solo recuerdo haber visto demostración práctica de estas chorradas en una persona, a la que dediqué un artículo hace unos días. Y, personalmente, no creo que tratar de poner en práctica estas doctrinas en una época donde se suele estar más salido que el pico de una mesa sea precisamente sano.
Por fortuna, la mayoría sabemos que las pajuelas no provocan daños colaterales ni en el cuerpo ni en el alma. Por desgracia, todavía hay quienes no solo lo creen (y están en su derecho de creerlo, allá ellos), sino que aprovechan su posición social para hacerlo creer a los demás, para desinformar y para inventarse una realidad de gominola que solamente existe alrededor de su camino neocatecumenal...
Y, así, con el para ser un buen kiko tienes que tener por lo menos cinco se olvidan de que no es momento de aplicar el Dios proveerá y sí tener muy claro que un hijo es una responsabilidad. Y si a un adolescente con ganas de meter, o de que le metan, tienes que ponerle, en los dos platos de la balanza, un condón en uno y un embarazo no deseado en el otro, pues no vale quitar el condón y volver al castigo de Dios si la niña se queda en estado.
No trago, señores. No me vale que me vengan con el rollo de que no me puedo hacer gayolas porque embrutecerá mi espíritu, que tengo que esperar a casarme para meterla en caliente y que, cuando lo haga, ni se me ocurra ponerme un condón, porque la vida no está para estas estupideces.
Así que, si alguien gusta de leerme y no tiene claro si prefiere darle a la zambomba o al flagelo, le ofrezco mi consejo, por si quiere aceptarlo: Hazte todas las manolitas que tu cuerpo te pida. Revuélcate con tu pareja, ocasional o permanente, cuando podáis y queráis, y protégete lo mejor que puedas hasta que estés seguro de que quieres tener un hijo; que los críos no son un producto, no tienen manual de instrucciones, ni garantía ni puedes devolverlo si no te gusta...
Un saludo
JOSÉ VILASECA
lunes, 14 de julio de 2008
Porque solo hay un ROCK, y el palo es su profeta...
No sé cuantos fieles a este blog leerán sus parrafadas estilo "Evaristo Mejode", pero supongo que una buena cantidad de ellos pasan por aquí, de vez en cuando, para echar un vistazo y comprobar cual ha sido el "amigüisimo", el "eterno ofendido", el "tocahuevos anónimo" o la "jodida niñata" a los que he puesto a caer de un burro en mi último artículo.
No negaré que buena parte de la intención de este blog ha sido esta desde su inicio hace un par de meses, dado que otro SÍ parecen tener patente de corso para decir por esa bocachancla todo lo que les plazca en su web o foro de internet y siempre acabo recibiendo yo los palos; sin embargo, en esta ocasión toca palmas en lomo ajeno, abrazos sinceros y amistad auténtica. Hoy les voy a hablar, "ñoras" y "ñores", del "energúmen" (según el Director Sales Manager de Games Workshop), caballero Don Miguel Juan Rama Jurado, Rigg Veda para los amigos...
Rigg Veda es uno de esos amigos auténticos que uno tiene a lo largo de su vida que consiguen que todavía siga confiando en la bondad innata de la raza humana. De esa clase de gente que, cuando uno está auténticamente jodido y preferiría cambiar de especie o de mundo, acaba pensando eh, muchacho, todavía queda gente como Rigg, y entonces el cielo es un poco más azul y la hierba un poco más verde...
Al buen Rigg lo conocí a principios de 2003, cuando el Club Alpeia pretendía organizar una gran Federación de Clubes de Rol (más o menos como Ximo Sanjuán ahora... y siempre con el mismo éxito). Supongo que el Foro de Bretonia, la Lista de Correo Warhammer Valencia y el Torneo de Burjassot hicieron el resto...
Siempre nos ha unido un cierto rechazo a las doctrinas de Games Workshop, un sentido del honor bastante artúrico, y que vestimos la misma camisa política. Todo eso, y que si hay algo que nos revuelve especialmente el estómago es la hipocresía. Hasta hace poco más de un año, podía meter en ese mismo y privilegiado saco a personas como Jaime Rosario, Quique Ramos o Pepe Viguer, por poner tres ejemplos (salvo en el color político, claro)... pero cuando el interés, la codicia, o la simple y pura envidia consiguieron que el trío calavera se alinearan con los adalides de la hipocresía, quedaron pocos hombres buenos, como los de la película... salvo el tío Rigg y otros más que puedo contar con los dedos de la mano, sobrándome dedos...
Y lo gracioso es que, si fuera por broncas, la que tuve con el bueno de Rigg en 2005 supera con creces todas las chorradas por las que Pepe, Quique, Jaime y otras chicas del montón me han tachado de su lista. Nos pilló a los dos con la guardia baja, a mí en una crisis comercial importante y a Rigg en un momento complicado, con el trabajo pendiente de un hilo y otros detalles que no quiero recordar, porque son entre él, mi madre y yo. La cosa empezó, se empastró y terminó con un abrazo y un borrón y cuenta nueva, a pesar de que algunos espectados hicieron buen negocio pelándome ya entonces (algunos de ellos dejarían tirado al propio Rigg, años después, por un tesorero ladrón e hijo de puta que les prometía el oro y el moro... El oro ajeno, claro...).
¿Y sabéis por qué empezó toda esa bronca, que a punto estuvo de acabar con nuestra amistad?. Pues, sencillamente, porque yo creía que se debía tratar mejor a Jaime Rosario, al que quisimos hacer UN TORNEO DE HOMENAJE cuando sus "amigos" de "War 'n Rol" le dieron la gran patada. ¡Jódete, Pepe, que por culpa del mismo chuloputas que te niega el pésame de tu padre, la palabra y hasta el agua, te encabronas con uno de los pocos que ha demostrado vestirse por los pies y tener SOLO una palabra!. De chiste cuando uno echa la vista atrás y ve cómo ha cambiado el tiempo.
La diferencia, evidentemente, es que Rigg sí tenía MOTIVOS (que no excusas) para estar tenso, inquieto y molesto, conmigo y con quien fuera. La diferencia es que, explicándole mis propias razones, lo que me ocurría, lo que pasaba en mi negocio y por lo que estaba tan preocupado, LO ENTENDIÓ como cliente y como amigo. Y la diferencia, en definitiva, es que no hubo ni vencedores ni vencidos, solo dos amigos que se dieron un abrazo y empezaron una nueva época en su amistad, con otra perspectiva y, sin duda, con más sabiduría.
Del buen Rigg he vivido los buenos momentos, como su enlace (por desgracia y por economía, no pude acudir), su entrada en la policía Portuaria, su Harley... y también los malos, como las puñaladas (y los zarpazos a la tesorería) en Forjando Leyendas, o esa época (nunca finita) en la que nuestros "comunes amigos" siguen mirándolo de reojo, pensando que es parte del "Eje del Mal", soplón de Vilaseca, malo maloso que conjura en las sombras, y todas esas cosas que solo pueden sospechar los que, como el ladrón, creen que todos son de su condición...
Y, a pesar de que siempre voy dando palos, esta vez quiero pedir un brindis por alguien a quien conocer ha valido la pena. Y con cuya amistad espero contar durante mucho tiempo.
Va por tí, mi querido energúmeno
JOSÉ VILASECA
No negaré que buena parte de la intención de este blog ha sido esta desde su inicio hace un par de meses, dado que otro SÍ parecen tener patente de corso para decir por esa bocachancla todo lo que les plazca en su web o foro de internet y siempre acabo recibiendo yo los palos; sin embargo, en esta ocasión toca palmas en lomo ajeno, abrazos sinceros y amistad auténtica. Hoy les voy a hablar, "ñoras" y "ñores", del "energúmen" (según el Director Sales Manager de Games Workshop), caballero Don Miguel Juan Rama Jurado, Rigg Veda para los amigos...
Rigg Veda es uno de esos amigos auténticos que uno tiene a lo largo de su vida que consiguen que todavía siga confiando en la bondad innata de la raza humana. De esa clase de gente que, cuando uno está auténticamente jodido y preferiría cambiar de especie o de mundo, acaba pensando eh, muchacho, todavía queda gente como Rigg, y entonces el cielo es un poco más azul y la hierba un poco más verde...
Al buen Rigg lo conocí a principios de 2003, cuando el Club Alpeia pretendía organizar una gran Federación de Clubes de Rol (más o menos como Ximo Sanjuán ahora... y siempre con el mismo éxito). Supongo que el Foro de Bretonia, la Lista de Correo Warhammer Valencia y el Torneo de Burjassot hicieron el resto...
Siempre nos ha unido un cierto rechazo a las doctrinas de Games Workshop, un sentido del honor bastante artúrico, y que vestimos la misma camisa política. Todo eso, y que si hay algo que nos revuelve especialmente el estómago es la hipocresía. Hasta hace poco más de un año, podía meter en ese mismo y privilegiado saco a personas como Jaime Rosario, Quique Ramos o Pepe Viguer, por poner tres ejemplos (salvo en el color político, claro)... pero cuando el interés, la codicia, o la simple y pura envidia consiguieron que el trío calavera se alinearan con los adalides de la hipocresía, quedaron pocos hombres buenos, como los de la película... salvo el tío Rigg y otros más que puedo contar con los dedos de la mano, sobrándome dedos...
Y lo gracioso es que, si fuera por broncas, la que tuve con el bueno de Rigg en 2005 supera con creces todas las chorradas por las que Pepe, Quique, Jaime y otras chicas del montón me han tachado de su lista. Nos pilló a los dos con la guardia baja, a mí en una crisis comercial importante y a Rigg en un momento complicado, con el trabajo pendiente de un hilo y otros detalles que no quiero recordar, porque son entre él, mi madre y yo. La cosa empezó, se empastró y terminó con un abrazo y un borrón y cuenta nueva, a pesar de que algunos espectados hicieron buen negocio pelándome ya entonces (algunos de ellos dejarían tirado al propio Rigg, años después, por un tesorero ladrón e hijo de puta que les prometía el oro y el moro... El oro ajeno, claro...).
¿Y sabéis por qué empezó toda esa bronca, que a punto estuvo de acabar con nuestra amistad?. Pues, sencillamente, porque yo creía que se debía tratar mejor a Jaime Rosario, al que quisimos hacer UN TORNEO DE HOMENAJE cuando sus "amigos" de "War 'n Rol" le dieron la gran patada. ¡Jódete, Pepe, que por culpa del mismo chuloputas que te niega el pésame de tu padre, la palabra y hasta el agua, te encabronas con uno de los pocos que ha demostrado vestirse por los pies y tener SOLO una palabra!. De chiste cuando uno echa la vista atrás y ve cómo ha cambiado el tiempo.
La diferencia, evidentemente, es que Rigg sí tenía MOTIVOS (que no excusas) para estar tenso, inquieto y molesto, conmigo y con quien fuera. La diferencia es que, explicándole mis propias razones, lo que me ocurría, lo que pasaba en mi negocio y por lo que estaba tan preocupado, LO ENTENDIÓ como cliente y como amigo. Y la diferencia, en definitiva, es que no hubo ni vencedores ni vencidos, solo dos amigos que se dieron un abrazo y empezaron una nueva época en su amistad, con otra perspectiva y, sin duda, con más sabiduría.
Del buen Rigg he vivido los buenos momentos, como su enlace (por desgracia y por economía, no pude acudir), su entrada en la policía Portuaria, su Harley... y también los malos, como las puñaladas (y los zarpazos a la tesorería) en Forjando Leyendas, o esa época (nunca finita) en la que nuestros "comunes amigos" siguen mirándolo de reojo, pensando que es parte del "Eje del Mal", soplón de Vilaseca, malo maloso que conjura en las sombras, y todas esas cosas que solo pueden sospechar los que, como el ladrón, creen que todos son de su condición...
Y, a pesar de que siempre voy dando palos, esta vez quiero pedir un brindis por alguien a quien conocer ha valido la pena. Y con cuya amistad espero contar durante mucho tiempo.
Va por tí, mi querido energúmeno
JOSÉ VILASECA
martes, 8 de julio de 2008
Ayer me llamaron "Señor"...
Si existe prueba irrefutable de que uno se hace mayor, aunque le joda, no son las canas, ni las arrugas... sino que alguien se dirija a ti como "señor".
Ya antes había escuchado este apelativo, a veces detrás del mostrador de la tienda, o al otro lado del escritorio del despacho, pero siempre salía de boca de algún chaval al que doblas en edad, lo que supone un cierto alivio y, a veces, te anima a esbozar una sonrisa. "Señor", dices, pero si estoy hecho un chiquillo, a ver, ¿cuantos años me echas?. Etcétera...
Pero si ese mismo "señor" se escucha de labios de otro señor, este de mediana edad, en la frontera de la jubilación, produce una sensación de abatimiento inexplicable.
Ya sé que en mes y medio cumpliré los treinta y tres, que es esa mística edad con la que contaba Jesucristo cuando lo crucificaron, y en la que si aún queda algún vestigio de la adolescencia en ti, mejor coja usted una pala y entiérrela, porque ya no hay vuelta atrás... Supongo que aquel que me llamó señor no sabía que tengo un chiquillo, o que llevo casi once años con mi mujer (que se dice pronto...), ni que el próximo septiembre soplaré treinta y tres velitas. Simplemente, se tuvo que dirigir a mí, me vió... y no le salió un "¡oye, muchacho!" o un "perdona, chico", ni siquiera un rudo "¡eh, tú!"... sino un lapidario "oiga, señor". Una forma muy educada y correcta de darme una patada en las bolas, aunque, pobre hombre, tampoco tiene ninguna culpa...
Supongo que resulta chocante, después de tantos años esperando que alguien utilice el "usted" para dirigirse a mí, después de terminar la universidad, el postgrado y entrar en la función pública, criar a un chiquillo y convertirme (a mi pesar) en cabeza de familia de DOS familias, que me siente mal que se dirijan a mí utilizando ese término. Un término que me gusta, todo sea dicho de paso, que describe a la perfección y con solo cinco letras a los que se visten por los pies, a los que mantienen el tipo, a los que tienen clase y modales...
Aún así, uno que tiene alma de niño, no puede más que sentir un escalofrío cuando se le nombra de tal modo. Como si alguien, en un lugar lejano, le acabara de dar una vuelta al reloj de arena de tu vida.
Sea, pues, señor.
JOSÉ VILASECA
Ya antes había escuchado este apelativo, a veces detrás del mostrador de la tienda, o al otro lado del escritorio del despacho, pero siempre salía de boca de algún chaval al que doblas en edad, lo que supone un cierto alivio y, a veces, te anima a esbozar una sonrisa. "Señor", dices, pero si estoy hecho un chiquillo, a ver, ¿cuantos años me echas?. Etcétera...
Pero si ese mismo "señor" se escucha de labios de otro señor, este de mediana edad, en la frontera de la jubilación, produce una sensación de abatimiento inexplicable.
Ya sé que en mes y medio cumpliré los treinta y tres, que es esa mística edad con la que contaba Jesucristo cuando lo crucificaron, y en la que si aún queda algún vestigio de la adolescencia en ti, mejor coja usted una pala y entiérrela, porque ya no hay vuelta atrás... Supongo que aquel que me llamó señor no sabía que tengo un chiquillo, o que llevo casi once años con mi mujer (que se dice pronto...), ni que el próximo septiembre soplaré treinta y tres velitas. Simplemente, se tuvo que dirigir a mí, me vió... y no le salió un "¡oye, muchacho!" o un "perdona, chico", ni siquiera un rudo "¡eh, tú!"... sino un lapidario "oiga, señor". Una forma muy educada y correcta de darme una patada en las bolas, aunque, pobre hombre, tampoco tiene ninguna culpa...
Supongo que resulta chocante, después de tantos años esperando que alguien utilice el "usted" para dirigirse a mí, después de terminar la universidad, el postgrado y entrar en la función pública, criar a un chiquillo y convertirme (a mi pesar) en cabeza de familia de DOS familias, que me siente mal que se dirijan a mí utilizando ese término. Un término que me gusta, todo sea dicho de paso, que describe a la perfección y con solo cinco letras a los que se visten por los pies, a los que mantienen el tipo, a los que tienen clase y modales...
Aún así, uno que tiene alma de niño, no puede más que sentir un escalofrío cuando se le nombra de tal modo. Como si alguien, en un lugar lejano, le acabara de dar una vuelta al reloj de arena de tu vida.
Sea, pues, señor.
JOSÉ VILASECA
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