lunes, 20 de octubre de 2008

Paladines, palmeros y otros apoyos populares...

En este perro mundo donde nos ha tocado vivir, la verdad y la mentira convertida en verdad, solamente tienen peso para el gran público si forman parte de un espectáculo lleno de extras, como una película de Cecil B. de Mille; la campaña electoral americana se mide por el caché de los apoyos en forma de actores o deportistas famosos, y los congresos nacionales de los partidos que nos gobiernan son éxitos o fracasos, más allá de la autenticidad de las propuestas, simplemente por el hecho de que la platea esté llena o vacía de energúmenos que aplauden y vociferan sin enterarse de la misa la mitad.

Si eso ocurre en temas tan trascendentes, qué no ocurriá con un mundillo sucio y generalmente enrarecido como es el mundillo friki, donde la recogidas de firmas y las manifestaciones del fervor popular vienen en forma de mensajes en foros o chorradas similares. Supongo que los borregos que defienden a capa y espada a personas que le son del todo desconocidas frente a otras que conocen todavía menos, están cortados sobre un patrón parecido a los ya mencionados anónimos exaltados, y, en ocasiones, forman parte del mismo vertedero social. Sin embargo, creo que no está de más recordar algunas máximas acerca de la diferencia entre la verdad auténtica y la verdad por aclamación.

En primer lugar, una mentira repetida mil veces por mil personas distintas sigue siendo mentira, a pesar de que, acertadamente, Joseph Goebels (jefe de propaganda del partido nazi), afirmara que se transformaba en verdad. Que cien, mil o diez millones de personas elijan una opción, o sigan una bandera o una idea, no significa que ésta sea auténtica y verdadera; en la Historia tenemos decenas de ejemplos de mayorías absolutas de partidos totalitarios de mentalidad destructiva (desde el ya mencionado partido nazi, pasando por la dictadura del terrorismo que todavía gobierna en numerosos municipios de Euskadi...), cuyos seguidores estaban encantados de conocerse y convencidos de que el número hace la fuerza, etc, etc... Al final, fueron esos mismos palmeros los que permitieron, ocultaron y alentaron la quema de libros, los asesinatos selectivos o en masa y el chantaje en todas sus vertientes.

Comparar, claro está, el discurso airado del Führer con los desvaríos warhammeros de Herr Doktor Kiki, con las paranoias frikis de Tony y Mascerdo o con las amenazas de patio de colegio de la rama dura de Boxx Tim-o, me parece no solo exagerado, sino dar importancia real a chumunadas de gente con ganas de salir en la foto, que se hable de ellos y tener amigos por decreto ley. Pero a veces, aquellos que les rodean, alientan sus mentiras, aplauden sus desmanes y jalean sus soflamas, son tan peligrosos como los que antaño se escudaron en las cadenas de mando para tratar de escapar de sus pecados.

Y, por encima de los que viven, cobran y disfrutan de becas y proyectos de carrera a costa del amo supremo, al módico precio de votar a cada una de las cacicadas del tirano bananero de turno, me resultan más temibles los que, desde la distancia y el desconocimiento absoluto, se posicionan a favor de unos y en contra de otros, por simple simpatía, por comodidad o porque me llevan a casa en coche, y eso mola del carajo.

Con argumentos de tamaña solidez, uno tiene poco que hacer, ¿no os parece?. Sonreír con paternalismo, esperando y deseando que el tiempo curtirá el carácter del palmero de rebajas y lo colocará donde corresponde; teniendo en cuenta que muchos de estos fans improvisados aparecen en internet de la noche a la mañana, a kilómetros de distancia del epicentro del problema, el lugar que les corresponde suele ser el silencio, una vez levantada la mano para votar y condenar. Me faltaría tiempo y espacio para contar anécdotas de foreros histéricos que se han alzado en armas contra mí (o contra muchos otros), sin conocerme siquiera, sin saber de qué iba la película y con la eterna ventaja de que la pantalla del ordenador es mejor protección que el corsé de Frodo.

La segunda vía, que es hacer otro tanto pero poniendo los datos completos (Me llamo Benito Camela y vivo en la calle de la piruleta número 69 de San Dunguero de las Cabras, ala, ahora ven si tienes cojones), es una estupidez todavía mayor, por dos detalles casi sin importancia: En primer lugar, que no sé qué clase de atractivo lúdico debe tener San Dunguero de las Cabras para tener que preocuparse de lo que pasa en Valencia, por ejemplo. Y, en segundo lugar, porque poner un nombre cualquiera en internet es tan valiente y fiable como no poner ninguno en absoluto. Digo esto porque en un mundillo donde un tonto del culo se abre (y mantiene durante años) un correo electrónico llamado kkdraki, para "insultar" a otro cuyo correo es condedraki (sí, el mío, evidentemente...), es prueba ineludible de que quien tiene problemas de personalidad no va a sentir reparos en hacerse pasar por otro...


Ahora, que he recibido el último ejemplo del paladinismo warhammero, en forma de un comentario a este blog (que no tengo intención de publicar), donde un fulano que se hace llamar Aitor y afirma estar en 3º de Psicología (demostración, una vez más, de que gastando adecuadamente rodilleras en los despachos de las facultades uno puede acabar diplomado, licenciado o, incluso, doctorado...), defiende a capa y espada a gente que solo merece indiferencia y un adecuado tratamiento de esterilidad (por aquello de que la Naturaleza no perpetúe el error que ya cometió con ellos...). Y los defiende porque son carajo de simpáticos, le hacen de taxista de vez en cuando y le han ofrecido valiosísimos consejos de pintura, y, supongo, entre morreo y morreo le han debido hablar como el culo de mí, enseñándole el blog de ese cabrón con pintas que es Vilaseca para que vea dónde llega su maldad suprema.

Así, después de pasárse párrafos poniéndome a caer de un burro y demostrándome que no tiene puñetera idea de las gilichorradas que trata de defender (utilizando, para ello, argumentos tan endebles como que todos esos con los que me meto son bobos e iletrados porque tuvieron que ponerse a currar muy jovencitos), me invita a "quedar para hablar", como si no hubiera podido ahorrarse el tiempo invertido en mí y decírme todo eso a la cara, en vivo y en directo...

Y no, lo siento, a mí no me hacen falta palmeros, paladines ni gente que me guarde el palio; yo tengo amigos, conocidos y gente que no trago, y con los primeros y los segundos comparto opiniones y diferencias a partes iguales, y agradezco que me critiquen porque, insisto, mis argumentos no están ahí para imponerse sobre los de ningún otro... pero a fe que pienso defenderlos. Y para eso, no me hace falta ningún grupo de descerebrados para que den peso a mis afirmaciones, que ya peso yo bastante como para que nadie tenga que acompañarme en la balanza.

Un cordial saludo

JOSE VILASECA

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