jueves, 4 de septiembre de 2008

Torneos y Torneos y Torneos...

Hola de nuevo:

Dicen que el aburrimiento es padre putativo de la invención, y así debe ser porque, precisamente hoy, cuando más sueño crío después de una noche intensa, más me apetece compartir nuevos artículos con vosotros.

A pesar de que llegará el día de que analice como se merece los Torneos de Warhammer (especialmente el de Burjassot, más conocido como El Corralito de Kiki Ramos y sus palmeros), hoy voy a hacer un repaso de lo que son los Torneos frikis en general, sin importar a qué se juegue.

Comenté en su momento que el friki es una especie curiosa, egoísta y desagradecida por naturaleza, con buena memoria para los contenidos (reglas, citas de Tolkien, etc...), pero pésima memoria para lo esencial. Veletas, suelo calificarlos. Pues bien, en el caso de los Torneos, la naturaleza del friki se demuestra con mayor virulencia, y ese corazoncito que nos impulsa a la mueca cuando perdemos al parchís se acelera y se desboca...

Leía hace nada un informe de Torneo de DBA, un juego de miniaturas de 15mm barato y accesible que, sorprendentemente, muestra entre sus jugadores los mismos signos de mal perder y peor ganar, de exprimir las reglas al límite y de culodurismo que el Warhammer, de donde viene esta última expresión. Me sorprende que en otros juegos distintos al de Workshop se tenga que plantear puntuaciones especiales o reglas para desenmascarar al brofe, al que apura las reglas o al que mide con distinto rasero, pero es así, por desgracia...

El juego embrutece, incluso es más sencillo de los juegos, porque la competición implica un ganador y un montón de tontos que van detrás, resumido de forma simplista. Que lo importante es participar está muy claro, pero que lo que de verdad le importa a muchos es ganar a todas costa se demuestra, simplemente, viendo el lustre que algunos de por ahí le dan a medallas ganadas gracias al dopping, copas racaneadas en los despachos o trofeos conseguidos por feroz insistencia después de ser merecidamente tildado de antideportivo, de chulo y de manipulador (hasta los Doctores universitarios caen en esta trampa del brillante y dorado metal...)

Como hasta los hipócritas de corazón comunista pero de mentalidad capitalista (ser más, tener más, ser mejores que el resto, etc...), se dejan arrastrar por la fama de la victoria, incluso en situaciones tan humildes como las que supone montar, pintar y jugar con medio centenar de miniaturas de plomo y plástico, buscan el hueco, la ambigüedad o la presión psicológica más descarnada para impactar en la línea de flotación de la paciencia del rival.

En estos mundillos, tramposos y caraduras ha habido muchos: Toni Latorre acudía incluso a las partidas amistosas con varias listas de ejército, y sacaba una u otra dependiendo del rival que le tocaba; Quique Ramos movía atrás y adelante en un vals interminable cada unidad de miniaturas, tomando referencias cuando y como le daba la gana. Y los dos ganaron Torneos (aunque lo del segundo fue más una crónica de una victoria por decreto ley...)

Del mismo modo, en este mundillo hay gente insoportable al otro lado del tablero: El grupo Boxx por lo general suele ser un dechado de excesos alcohólicos en la última partida de cada evento (Toni Roma y Pablo Triguero lo demostraron en Burjassot 2004, mientras que el trozo de carne con patas conocido como Kike Cortizo se tuvo que retirar, muy perjudicado, en la edición de 2008...), por no hablar de sus chulerías y sus desplantes (el cabreo, con vídeo incluido, de Raúl Pucheta en Lliria 2007, o el enano de Blood Bowl reventando contra el suelo por Pedro Asensio durante la Liga de Blood Bowl celebrada en la tienda que da nombre a este grupo...). Valorar estas situaciones en una clasificación siempre es complicado, salvo que de una vez nos planteemos aquello que ningún organizador tiene cojones de poner encima de la mesa: Al primer pollo, aviso; al segundo, a la puta calle. Supongo que el hecho de que al día siguiente te pondrán verde en los foros de rigor echa atrás a más de uno pero, sinceramente, te ahorras un montón de papeleo...

Para rematar la faena, entre tramposos y champions, tenemos a los eternos segundones que no son capaces de asimilar una derrota o la victoria del otro: El mismo Toni Latorre que mencionaba antes, puntuó exageradamente bien a uno de sus rivales en Burjassot 2003 (o 2004, ya no recuerdo), solo para que su amado-odiado Toni Martínez no se alzara con la victoria (cosa que no consiguió); Gero del Amo, vestido de lagarterana en Burjassot 2005, dejó sin premio a Ximo Sanjuán porque "le cortaba el rollo" cuando iba a recitar sus poesías, ¡en plena partida!, y con dos cojones le puso un 0 en deportividad (vivir para ver). Y muchos jugadores que conozco, bellas personas y mejores Generales, se quejan amargamente de que son "follados" en la puntuación de deportividad a causa de mindundis que se piensan que ser deportivo es resultar un graciosillo idiota o dejar que te la metan doblada sin rechistar, cuando simplemente se trata de jugar lo mejor posible, de recordar que es una diversión como otra cualquiera, y hay que saber negociar y ceder en las situaciones complicadas sin parecer un hijoputa sin escrúpulos.

Parece claro que en todas casas cuecen habas y que, con estos temas, lo mejor es cortar por lo sano y decir las cosas claritas y a la cara, sin escudarse en puntuaciones "anónimas" y en votos de castigo. Dicho queda

JOSE VILASECA

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